miércoles, 14 de marzo de 2012

Calles-Ahillas-Rambla Arquela

La ruta de hoy solo me llevaría a conocer 10Km. de nuevos caminos, el resto, de una u otra forma ya los conocía. Comenzaba la jornada haciendo algo que no me gusta en absoluto pero que dadas las circunstancias era una obligación. Llego a la CV-35 para ir hasta Chelva. No es un tramo excesivamente transitado, es una hora relativamente tranquila, tengo un buen arcén y lo principal, si no hago esto me meto una kilometrada con un desnivel que déjate tú del resto de la ruta y tira para casa. Así que con estas excusas en mi cabeza pedaleo rápido para llegar hasta la fuente del pueblo junto al desvío de Ahillas y cargar agua. Estoy cogiendo la costumbre de cargar agua en fuentes de la zona que tienen mejor sabor que la de casa, eso también me hace ir algunos Km. con menos carga en la espalda. Hasta aquí he llegado a buen ritmo, quería estar el menor tiempo posible en la carretera. A partir de aquí me tomo la subida con calma, no puede ser de otra manera con la que me espera en los próximos 8Km. Hasta poco después de salir del pueblo, poco después del descansador dedicado a la virgen del Remedio, que recuerda mucho a las ermitas de Alcublas, es subida muy suave, casi como si el terreno quisiera hacerte un calentamiento progresivo. Desde ahí hasta arriba ya no hay tregua. Así que pasado un pequeño puente sobre una rambla, pongo todo lo que tengo para subir, bloqueo las suspensiones y miro hacia arriba, hacia el cielo en el que parece esperar el pico del Remedio.
La cabeza ocupada en miles de pensamientos que me distraen de aquella cantinela “empuja, estira” que me hace mover mejor las piernas. Pero los pensamientos son caprichosos… estos días tienen trabajo extra. Abro la chaqueta para refrigerar el cuerpo de la tremenda sudada que estoy pegando. La subida ya la conozco pero bajando, así que técnicamente, como subida, es nueva, pero sé a qué me enfrento. Es constante y larga, con una buena dureza pero que no te saca de punto ni te exige un calentón en ningún momento, a menos que tú te lo quieras pegar. Y la facilidad de subida que proporciona el asfalto también ayuda a restar esfuerzo, en cambio la hace monótona y un tanto aburrida, nada que ver con la técnica y continuos picos de esfuerzo de nuestros queridos caminos “off road”. Sigo subiendo sin encontrar nada de tráfico y tener que preocuparme por los adelantamientos, la cumbre ya empieza a verse más cercana, tanto que a veces de tan encima que la tengo no la veo. Pero al final paso el desvío de la ermita y ya sé que queda poquito. Luego el desvío que va hacia la cumbre lo dejo a mi izquierda, tengo que llegar a la montaña que ahora queda al frente para haber culminado la subida. Ya allí tengo ante mí la recta de Ahillas. A la izquierda el camino que sube al antiguo aeródromo. Cojo velocidad en esta bajada. Casi a mitad de recta, a la derecha, el camino de Alcotas por que vine hace pocas semanas de la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2011/12/calles-alcotas-ermita-remedio-chelva.html  Ya entonces veía la aldea de Ahillas, hoy llegaré hasta allí. La bajada me hace coger una buena velocidad hasta la misma entrada al pueblo. Al entrar al pueblo me encuentro ante una fuente junto a la rambla de Ahillas. A la derecha el paso para cruzar al otro lado, a la derecha una pasarela que llega hasta el lavadero adosado a la parte trasera de la iglesia y junto a la fuente.
Estos dos vistazos son todo lo que hay que ver en el pueblo. Tampoco es que sea mucho más grande. Pero de aquel entorno bohemio del que había oído hablar nada de nada. No hay artistas por las calles o trabajando en talleres abiertos a los visitantes, ni obras en las fachadas de las casas que digan algo. Nada. Todo es de lo más normal, esperaba otra cosa pero es lo que hay. Las espectativas se las crea uno y luego tiene que enfrentar la realidad tal como es. Sin embargo estos dos rincones son bonitos y pintorescos ya que ofrecen sombra, agua y un par de fotos que llevarse como recuerdo. Salgo del pueblo dirección a la Yesa y en la última casa a la izquierda tomo el camino de Arquela. Luego encuentro un par de islotes de pinar junto al camino. Uno de ellos me servirá de descanso mientras almuerzo. A mi izquierda sigue su curso la rambla que luego se encañonará poco antes de llegar a unirse a la monumental rambla de Arquela donde volverá a encañonarse. Tras la rampa el bosque se eleva con la ladera de las montañas que voy a rodear. Justo detrás de ellas están las casas de Mozúl por donde tengo que volver al alto del Remedio e iniciar el descenso hacia casa. Pues no me queda nada pienso mientras apuro el bocata y la cerveza. Compruebo que no dejo nada a mi paso salvo el calor sobre la piedra que me sentaba, y eso durará poco. Inicio un descenso más pronunciado de lo que esperaba. Rápido y seguro cojo una punta de velocidad que cortaré en más de una ocasión para admirar el paisaje, no en vano esta es la parte completamente nueva de la ruta de hoy.
Hacia el norte Alpuente sobresale sobre su muela elevándose visualmente sobre la rambla de Arquela aunque esta no llega a pasar por el pueblo. También podré contemplar allá abajo en el fondo del valle de la rambla las abandonadas casas del Curandero y tras ellas el Mas de Arquelilla. Tras esas piedras solitarias que un día fueron hogar de pastores o agricultores hoy solo hay silencio. Un precioso silencio que retumba en lo alto de todas estas montañas, en sus valles, en sus bosques, en todo este tesoro digno de conservar intacto. Pero algo me dice que no sabremos conservarlo, o que no querremos, que es aún peor. Es el momento reflexiones del día. Cuando llegan estos momentos me dan rabia porque me pongo a pensar que algún día dejaremos perder todo esto y esos pensamientos me fastidian la total y completa contemplación de estos hermosos lugares.

Bueno, sigo bajando para llegar al fondo del valle, me adentro un poco por el camino que llega hasta la rambla para observar más de cerca la entrada al cañón. Luego retomo el camino de la izquierda que es el correcto y transito paralelo a la rambla que entra entre el abrupto paso entre las montañas. Encuentro un para de paneles informativos. Uno de ellos cuenta que en 1902 se presentó un proyecto para construir una presa aquí, pero poco después se aprobó el proyecto de la presa de Benageber y está se descartó.
Después llego al nevero. Uno de los pocos que se conservan en estas montañas y poco después encuentro el desvío a la izquierda que me llevará, ya por subida conocida (y temida de la ruta: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2009/01/crnica-por-el-tuejar-al-remedio.html ), hacia las casas del Mozúl. Hago el giro para iniciar esta tortuosa subida. Antes paro a contemplar las rojas montañas que dejo atrás y que tanto me impresionaron en aquella ocasión, hoy siguen haciéndolo.
El camino está en peores condiciones que aquel día. Bueno… aquel día no había esta grava gorda y suelta que puebla el camino. En cambio el firme helado cuando no embarrado nos hacía patinar y perder agarre. Me vuelco otra vez sobre el manillar en algunas rampas, ¡ah, gratos recuerdos! Pedaleo con todo, esperando no tropezar con alguna piedra más grande de la cuenta y que me descabalgue.
Al otro lado de esta primera loma tengo vistas sobre el río Tuejar que es la denominación que tiene a partir de la unión de la rambla Arquela con el barranco de la fuente de los frailes, un poco más adelante por el camino que venía transitando. El resto de la subida es similar a esto que acabo de subir, así que con calma y buscando la mejor trazada posible aceptaré el pulso que me tiende la rampa. La montaña nunca pierde, en cambio si gano yo solo tendré el orgullo de haber llegado arriba sin poner pie a tierra. Y me cobraré ese precio henchido de alegría cuando llegue arriba y haya superado a la montaña.
Llego a las casas del Mozúl. Hace un rato estaba al otro lado de la montaña con un bocata en la mano y pensando cuando llegaría a este punto. Ya estoy aquí. Sé que en poco más de media hora estaré en Calles tomando una cerveza en la terraza de casa. Sigo fascinado con la arquitectura de este lugar. Sigo adelante sabiendo que solo un pequeño repecho me separa del vertiginoso asfalto que me hará ganar velocidad a marchas forzadas y me hará decender 600 metros. Me enfrento por tercera vez a esta bajada. El golpe de adrenalina es un disparo de lleno en la cara con el primer golpe de viento. Las curvas de herradura me hacen exprimir los frenos. Compruebo que he soltado las suspensiones que me hacen tener más control sobre el rebote de la bici en los baches. Casi oigo los neumáticos aferrándose a las grietas del asfalto, las zapatas abrazadas a los discos y elevando ese quejido característico que tanto me gusta y me tranquiliza, al menos sé que alguien está trabajando. Acelerones y frenadas se suceden a lo largo de esta tremenda bajada que me deja doloridas las manos de tantas y tan violentas frenadas y los gemelos de aguantar el peso en “sentadillas” sobre los pedales. Llego a Chelva, hoy sin perro, y me reincorporo a la CV- 35. En bajada y sin tráfico me invita a dar pedales para salir de ella cuanto antes. Ya estoy oyendo el mejor sonido del mundo, el “plop” de una cerveza al abrirse.


 Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=2648617