viernes, 4 de noviembre de 2016

Alzira-Fte.Barber-Simat-AigüesVives

Iba hoy a continuar mi personal interpretación de la ruta de los monasterios. Salía desde Alzira, pero como el monasterio de La Murta no es accesible en bicicleta pues lo dejé fuera de esta ruta. En todo caso la intención era haber llegado hasta la puerta de este monasterio en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2016/09/cullera-jucar-alzira-estany.html pero con el pinchazo de aquel día se fue el tiempo y la opción de llegar hasta allí. No estaba previsto para hoy ya que los valles de la Murta y la Casella no son inaccesible entre sí en bicicleta si no es volviendo hasta Alzira y sumando kilometraje. Uff que rollo de explicación. Vamos a pedalear flotando sobre el teclado y deslizándonos por mi memoria.
La semana de vacaciones iba según lo previsto para hacer las rutas programadas. Llegaba en coche hasta la estación de tren de Alzira lugar de inicio y fin de la ruta.

La primera impresión de La Cotonera me deja diciendo ¡¡¡guau!!! De donde ha salido esto? Qué pasada de edificio. Y resulta que en principio fue un almacén de naranjas y posteriormente se transformó en fábrica de hilos y tintes. Hoy está orientado al negocio de la hostelería pero el edificio no ha perdido ni pizca de encanto. Llego a la orilla del río y por el carril bici hago un pequeño “escaletix” para poder llegar al puente y cruzar por él junto a la carretera hacia la población. Allí encuentro una enorme locomotora mirando a la estación del tren al otro lado del río, tan lejana para ella. Un poco más allá el paseo junto al que está la muralla, al menos parte de ella. Giro a la izquierda para ir por detrás de la muralla. Antes pasaré por delante de un curioso monumento; los restos de la Iglesia Santísimo Cristo De La Virgen María. El mensaje grabado allí no tienen desperdicio “por la vesania de unos y la incuria de todos” vamos, como ahora, un siglo después seguimos repitiendo los errores. Aquello de tropezar con la misma piedra… 

Sigo adelante para ver la muralla asomando entre casas, adosada a ellas y formando parte de su entramado.

Desemboco en la plaza del ayuntamiento y después en la de la Constitución donde algunas antiguas y preciosas casonas se alzan emblemáticas de la plaza. Salgo del casco antiguo y el tráfico me obliga a cruzar rápido sin fijarme en el waypoint que me indica que, a mi derecha, están los casalicios con las estatuas que decoraban el puente ya desaparecido sobre el Júcar. Sigo adelante para cruzar toda la población saliendo junto a la ermita de san Salvador que domina el pueblo. Allá que me dirijo. La subida es suave y por asfalto. La visita a esta ermita hoy es rápida pues tan solo quería enlazar con la anterior ruta.

Cruzo la plaza y encuentro la bajada por el calvario. Primero unos escalones que me hacen bajar de la bici. Luego ya no hay problema pues la bajada no es escalonada. Callejeo un poco para volver a la carretera de salida hacia la Casella. Inmediatamente los naranjos se adueñan del paisaje y el sutil olor de azahar y naranjas llena el ambiente.

También se dejan ver algunas casonas de soberbia factura. Me adentro en el valle y la carretera va subiendo de forma suave y progresiva, sin requerir esfuerzos. Poco a poco los pinos y la cercanía de la montaña le comen terreno a los naranjos hasta que finalmente, junto a unos pilares, entro en el paraje Las Fuentes metido completamente en el bosque. Un profundo baño de bosque: https://autoconocimientointegral.com/2016/03/08/un-bano-de-bosque-la-tecnica-japonesa-que-aniquila-el-estres/  Aparte del Shinrin-Yoku también estoy practicando una buena sesión de Mindfulness en los movimientos conscientes pues el camino no deja de picar hacia arriba y mantengo la atención en las piernas, en el empuje, en soltar la presión de la pedalada, en notar los músculos tensándose y soltando, en sentir el aire entrar y salir, en sentir el bosque a mi alrededor, la humedad casi palpable, física.
Poco después giro a la izquierda dirigiéndome a la casa forestal. Llego al bar del campo de tiro y giro a la derecha. El camino, que ya ha dejado el asfalto, encuentra algunas rampas fuertes poco antes de la fuente de Tormos y la caseta forestal. Unos metros antes una zona protegida con ciervos dentro de un recinto vallado. Un par de curvas después salgo de la protección de la pinada y las vistas se abren a mi derecha sobre el valle de la Casella y la serra de les Agulles. Un poco más adelante una senda se abre a mi izquierda y se adentra en la montaña subiendo al mirador, a L’Ouet y al pico de la Raya, cumbre de la sierra de Corbera.

Abajo la Font del Garrofer, fácilmente reconocible su amarillo oasis entre el verde pinar, a la que se llegaba desde el desvío que he dejado cuando he subido hacia la caseta forestal. El camino dibuja las curvas de nivel de estas sierras y se adentra en el valle buscando su final.

La subida suave y continua no presenta ninguna dificultad y a cada paso las vistas se magnifican. Las cumbres de la serra de la Murta, a la izquierda del camino, se insinúan y llaman mi atención con la presencia de L’Ouet, un antiguo observatorio forestal ya en desuso y con una curiosa forma arriba de la montaña. Completo la subida para poder ver la cabecera del valle y el Montdúver asomando como una sombra por encima de las montañas, y encontrar una de las estampas más bonitas que veía en mucho tiempo.

El paraje de la Font del Barber impacta por su colorida arboleda, síntoma inequívoco de la presencia de agua. La construcción de una balsa contra incendios, por más que recomendable, no deja de ser un elemento extraño en este entorno natural al que afea. Desciendo hasta la arboleda para encontrar una zona de mesas y bancos de piedra baja una estupenda pinada que da sombra y protege un poco del viento. Junto a los chopos la fuente, pero la zona buena para descansar es bajo los pinos.

Almuerzo aquí extasiado en el paisaje y recordando la impagable estampa del valle de la Casella derramándose hacia Alzira que en muchos momentos de la subida quedaba como custodio del entorno. Me pregunto si sabrán la joya que tienen a sus pies. Que buen lugar para reencontrarse con uno mismo aunque sea solo por unos minutos.  Me doy mi segundo baño de Shinrin-Yoku completo además de una breve meditación en tan evocador paraje.

Un remanso de paz para el alma. Un bello recuerdo que me acompañará por siempre. Acabo el almuerzo y sigo adelante. Llego a un cruce y giro a la derecha. A la izquierda continúa el camino, por el Pla del Barber, hasta la parte más alta de este valle.

El giro vuelve a poner a mis pies la fuente desde otra perspectiva así como una parte del valle, ya no tan visible en toda su extensión. También encuentro el último repecho antes de asomar a la Valldigna. Me reencuentro con el asfalto y con una bajada brutal.

Antes una parada para admirar las vistas. Otra vez la luz, la bruma y la orientación hacia donde miro me frenan en mi afán de comerme el paisaje. 

El coloso del Montdúver al frente, y abajo Benifairó y Simat de la Valldigna. El Monasterio imperceptible a simple vista. Hacia la derecha un campo de golf verdea aún más un valle de Aguas Vivas repleto de campos de naranjos. Lo de las montañas ya es otra cosa. Negras, chamuscadas, heridas. No en balde me preguntaba hacía solo un rato si sabrían las gentes de la zona el tesoro impagable que tienen a las puertas de sus casas. En medio de esa desolación parece que no, también aparece, engullido entre urbanizaciones, el Monasterio de Aigües Vives, también imperceptible prácticamente. Inicio una bajada brutal y peligrosa pues el desnivel enloquece la velocidad de la bici y hay que tirar de freno constantemente con una fuerza tremenda que deja notar los latigazos de la inercia. Temo un recalentón de los frenos pues estoy apretando de lo lindo. Curvas de zigzag que sin embargo no parecen afectar a la velocidad de la bici pasados unos metros. Llego abajo a una recta que desemboca en una rotonda. Incorporado a la misma he de imprimir velocidad para mantener la ventaja que les he sacado a los coches antes que estos entraran a la misma. Por más que insista en indicar mi maniobra de giro no sé si alguno que siga recto se me va a llevar por delante o qué. Luego continúo por la larguísima recta que desemboca en Simat. La otra alternativa a la carretera era Benifairó y solo recortaba la mitad del trayecto. Pedaleo como loco en la carretera para huir de ella cuanto antes. Al fin llego al pueblo donde ya puedo, sobre la acera, reponerme del esfuerzo y contemplar, en lontananza el monasterio. Estampa de contrastes; un jeroglífico entre lo eterno, lo divino y lo mundano. Contaminación sobreinformativa.

Me adentro en el pueblo a la derecha junto al cauce del río Vaca. Llego al entorno de la Font Gran y recorro el parque en dirección contraria en busca del alargado lavadero.


En la rotonda a la izquierda dejando el monasterio a la derecha. Me alejo de él para encontrar un molino a la izquierda. El camino sigue y empiezo a virar a la derecha enfrentando el macizo del Montdúver tapado este pico por crestas de menor tamaño de tan encimadas que están. En la distancia, en medio de las montañas, el castillo de Marinyen.

Voy completando el acercamiento a la Fontarda, que es, en periodos de fuertes lluvias, otro de los surgimientos naturales del río Vaca igual que la Font Gran. Aquí he cerrado el círculo con la ruta de Roda i Pedal: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2008/08/por-la-valldigna-al-montduver.html

Ahora toca acercarme a la ermita de Santa Ana que fue construida sobre la antigua mezquita del poblado árabe de La Xara.

Estoy rodeando el monasterio y toca ahora la aproximación final.
 

Llego al pueblo y dejo la bici en la puerta para hacer un par de fotos del interior, no tengo tiempo de mucho más. Desde la plaza enfrente del monasterio contemplo en monumental conjunto del Real monasterio de Santa María de la Valldigna. Imponente. El acceso es gratuito por lo que merece la pena una escapadita a este singular pedazo de historia y arte. Me adentro en la calle, llego nuevamente a la Font Gran y remonto el pueblo en busca de la camino del cementerio. Por allí remonto el barranc del Cremenser que me llevará, entre giros y recodos hasta los pies del campo del golf.

Antes paso la entrada de una curiosa alquería donde los campos de naranjos pelean su territorio ante el imparable avance del cultivo del caqui. Otra guerra de poder: moros contra cristianos, bosque contra fuego, naturaleza contra urbanizaciones, naranjos contra caquis, hombres contra hombres…

…de todo menos del tiempo
que se escurre entre los dedos
hablemos para no oírnos
bebamos para no vernos
que hablando pasan los días
que nos quedan para irnos
yo al bucle de tu olvido…

…maldita dulzura la tuya…
…maldita dulzura la mía…
…maldita dulzura la nuestra.

Vetusta Morla – Maldita dulzura

Paso junto al campo de golf que queda en la falda de la montaña. Da la impresión de que no te tienes que mover del sitio para darle a la pelotita pues la pendiente de la montaña te la trae de nuevo en un bucle sin fin… tú golpeas haciendo el remonte y ella disfruta de la bajada a tumba abierta, igualito que en btt, que gozada!!!

Entro en las primeras calles de la urbanización, urbanizadas que no construidas, preparadas para un aumento de presión demográfica sobre las montañas y el entorno, sin dejar un milímetro de espacio sin construir, no sea que el sol valla a resecar la tierra. Llego al Real Monasterio de Santa María de Aguas Vivas hoy en desuso y que tras el abandono de los monjes pasó por diferentes propiedades y usos, incluso como hotel restaurante. Me adentro en la avenida que da a la escalinata. El edificio impresiona.

La pared norte, bajo la escalinata de piedra envejecida y flanqueada de árboles te hace empequeñecer, las ventanas como ojos escrutadores.

Bajo el porche de madera desvencijado la soledad es abrumadora. Los canticos monacales parecen resonar en el vetusto y enmohecido ambiente, pero solo lo hacen en mi imaginación. Recorro el cerrado recinto hacia la parte sur donde está el campanario y la entrada a la iglesia.

El reloj de sol no marca las horas, no tiene para quien, pero si le presto atención él la tiene para mí. Emprendo la marcha con una doble sensación de nostalgia y descubrimiento… de agridulce tragicomedia difícil de expresar. Esto también pasará. Las siguientes pedaladas me llevan a subir hacia la montaña calcinada en una rampa diabólica. Desde lejos las sensaciones que destilaba el monasterio desaparecen. Ya pasó. La inmediatez prima… el aquí y el ahora… pero sobre todo el futuro. Arriba recupero las pulsaciones y me dejo caer en una bajada divertida curveando junto a un pequeño barranco, salida natural de la montaña hacia La Barraca. Llego al municipio, que no es tal pues pertenece a Alzira. 

Callejeo buscando el lavadero, siendo este el último edificio en el extremo noroeste del pueblo. Luego, ya de bajada, paso frente a la parroquia encajada entre viviendas y de la que destaca el campanario. Cruzo la carretera y el camino serpentea entre chalets dispersos por el valle a los pies de la ladera sur de la serra de les Agulles. Inicio una suave subida buscando un camino en la falda de la montaña bajo la protección de la pinada. El último tramo de subida está imposible y me obliga a tirar pie a tierra, tal es la erosión de la rampa que por momentos desaparece. Ya en el camino giro a la izquierda y bajo los pinos me dirijo hacia el oeste.

El camino es plano con algún repecho y convirtiéndose en senda por momentos, todo bajo el amparo del bosque. Tras un rato de placido pedaleo la tormenta irrumpe en el paisaje y torna en camino en tramos imposibles de ciclar. Son cortos pero cubren todo el espectro de alternativas: bajadas, subidas, escalones, raíces, piedras, etc. 

Es la combinación perfecta que define las rutas de esta semana en las que he tenido de todo (ver las dos rutas anteriores). Por fin, tras esta travesía salvaje pero divertida llego al asfalto en una bajada corta e intensa que me lleva hasta la carretera nuevamente. Cruzo con precaución y ya entre los campos se deja ver la alta silueta de la ermita de san Salvador. El camino me lleva, salvando la carretera de Carcaixent, hasta la locomotora situada junto al parque de la muralla. Antes paso junto a un inmenso bosque de pilares de hormigón que aguantan la intemperie como pueden y que se había proyectado como centro comercial. ¿También habrá rescate para esta megalítica construcción?, quiero decir para los bolsillos de los “inversores”. Pedaleo adentrándome en una pequeña y coqueta pinada que desemboca, pasando un túnel bajo la carretera, junto a la vieja Mikado. 


De allí al parque y la muralla.

Continúo para ver, también, la pequeña muralla junto a la plaça del Regne, volver a adentrarme en el centro y regresar, ahora sí, por dentro del parque junto a la muralla. Vuelvo al puente para cruzar el Júcar y llegar al coche, donde me espera un buen bocata y un refresco antes de conducir hasta casa y acabar con una buena cerveza la imponente ruta de hoy.   

Track de la ruta:http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=15655229