miércoles, 4 de julio de 2012

Aras-Aldeas de Alpuente


Llegaba a casa de la ruta cansadísimo, y con más ganas de un café con azúcar y hielo que de una cerveza, cosa raríiiisima.
Pero la buena noticia de la jornada es que Sebastian vuelve del médico con excelentes noticias, parece que las pedaladas extras han dado buenos frutos, así que mientras desenredo las telarañas mentales para ir explicando lo vivido en la ruta de hoy, celebro las buenas nuevas con una cerveza, no sea que se pierda la costumbre. Ahora ya, vamos al tema.
Titulo la ruta Aras-Aldeas de Alpuente, aunque en realidad no he comenzado en Aras (sino en la Mailesa) sí que he pasado por allí, pero como es casi un círculo, se puede comenzar desde cualquier sitio, así que dejaré el título y contaré la ruta fidedignamente desde su verdadero inicio. Desde Calles en coche hasta pasar Titaguas, luego me desvío a la izquierda, aún en el término municipal de Titaguas, hacia Maliesa, una casa a medio construir que creo que iba a ser un hotel rural o algo así a caballo entre los trigales y la montaña. 

La obra sigue paralizada junto al depósito de incendios de Matrera. Aparco el coche y hago los estiramientos de rigor. Con la poca caña que me estoy dando últimamente necesito hacer los estiramientos a conciencia para no correr riesgos. Me pongo en marcha buscando la CV-35 que encontraré a unos doscientos metros. Giro a la izquierda y prácticamente enseguida a la derecha en un camino asfaltado. Este camino ya lo cogí en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2011/04/titaguas-aras-zagra.html  Pero aquel día bajé por un terraplén que ahora veo con un "gsorllgoreohgkgbruoaeh" en la boca. Aquel día cogí el camino de la derecha después de cruzar la carretera. Abajo el cauce del barranco del Regajo. En el cruce veo a la derecha las abandonadas casas del Regajo, aquí cerraré el círculo de aquí a unas horas, ahora izquierda y sigo camino conocido. Paso otro barranco y toca remontar hacia la carretera, pero justo ahí nace un camino a la derecha en fuerte pendiente, como no podía ser de otra manera. Pie a tierra y para arriba. El “Treki” me lleva por el camino señalizado como circuito BTT de la comunidad valenciana. Inicio un “callejeo” entre campos de cultivos para abordar la zona norte de Aras, todo para no repetir aquel camino que comentaba antes y que tenía un par de subidas buenas, he ido de mal en peor creo. Ya metido no me queda otra que continuar. Recuerdo mientras pedaleo la crónica anterior: la cara del oso. Recuerdo aquellas “karhu” azules que lucimos toda la familia en aquella época en que nos levantábamos todos juntos para ir a correr y comenzar el día haciendo ejercicio. Recuerdo aquellos años con la música de mis hermanos: Donna Summers, Asia, Supertramp y Pink Floid; mi contraataque era The Cure o Talking Heads. Al final un empate con Joaquín Sabina. Muchos recuerdos para aliviar el esfuerzo del pedaleo entre lomas y caminos de tierra y piedras. Paso una zona de chopera que me indica algún caudal de agua y/o alguna fuente. Un cartel indica la fuente de la Canaleja, pero tampoco dice la distancia hasta allí, aparte de que no hay camino, así que la descarto y sigo pedaleando. Aras queda a mi izquierda y lo voy dejando poco a poco atrás. A la derecha la muela de santa Catalina llena todo mi campo visual. Lo más llamativo son los coloridos aludes y barranqueras de sedimentos de tierra roja y blanca de las canteras, producidos por el arrastre del agua. 

Su intenso color rojizo y algunos toques blanquecinos recuerdan los hornos de cal que hay por la zona, pero que no he podido ver todavía. Varias granjas pueblan la zona con su característico olor, pero lo peor es el vertedero que hay por aquí, bueno, lo peor son los guarracos que vienen a tirar escombros y basuras… pagar basura para tener que ir por ahí a tirarla y arriesgarse a una multa, hay que ser subnormal profundo, sobre todo en las poblaciones que tienen ecoparque. Llego junto al depósito de agua y los abrevaderos y de allí a la derecha para llegar a la carretera de Losilla. La recta infernal me tiene comida la moral, pero hoy la trato de tú a tú. Así llego a las curvas de “la muerte” ver ruta: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2010/03/cronica-de-las-tres-cumbres.html  Luego afronto la subida propiamente dicha. Me parece hoy más suave que la última vez que subimos. Junto a la última curva veo un camino que teóricamente llega a la zona de las granjas de abajo, pero desconozco el estado del camino y si este es en todo el recorrido o si por el contrario hay tramos de senda no ciclable. Para asegurar he venido por la carretera y ya encaro el último tramo. Me recibe el exuberante jardín y el alto y verde césped recién regado que refresca el ambiente. La tupida sombra también ayuda lo suyo, y por supuesto, la fresquísima agua de la fuente. La ermita y todo el conjunto lo tengo sobradamente visto y fotografiado, pero la sencilla hermosura de este lugar siempre encuentra alguna excusa para colarse en la memoria digital que hay que traer siempre a este pequeño paraíso. 

Fotos y fotos como si nunca hubiera visto este paraje frágil, mágico, delicado, delicioso. Lleno hasta los topes la camel y sigo subiendo, una parte de este lugar me acompañará el resto de la ruta. A partir de aquí me encontraré las rampas más duras de la ruta. Sobre todo en la parte asfaltada del final de esta subida. Rememoro con una sonrisa otros tiempos. La última rampa exige todo mi ímpetu, para ello surco el camino, manejo, coloco y ataco la rampa a mi antojo, intentando someterla a mi voluntad antes de que me lleve por donde ella quiere. Lo logro solo a medias, pero el resultado final sí que es el deseado. Ya arriba giro a la izquierda. El camino me lleva a pasar junto a las instalaciones del Caat, quería plasmar en esta ruta el reloj armilar que hay en el recinto. 

Luego sigo hasta el mirador y el V.G. No tengo ganas de volver atrás como hemos hecho siempre, así que sigo para enlazar el camino que rodea la muela por los molinos del norte. Hay un tramo no ciclable, no son más que unos metros pero el camino se desdibuja bajo una alfombra de piedras y ramaje que crecen silvestres en medio de lo que debería ser el camino. Llego junto al molino y el camino aparece de nuevo. Desde allí dibuja un semicírculo que casi vuelve hasta las instalaciones del observatorio astronómico de la universidad, este es otro observatorio. Este quedaría a la derecha, pero yo tomo el camino a la izquierda que sigue subiendo hacia el estrecho de la muela. Paso el desvío y sigo recto. Pasado el último molino la sorpresa desagradable de la ruta: el camino está cortado por una verja. Mi gozo en un pozo, me he venido abajo. 

No tengo ganas ni intención de saltar la valla aunque como acto de rebeldía no estaría mal. ¿Quién y por qué cierra el camino? Me gustaría saber en nombre de qué articulo se cierra un camino. Si alguien lo sabe por favor que me lo explique, y si es una acción arbitraria y hay alguna plataforma tomando medidas sobre esta actuación que me avise, como también le dije en su momento a un activista en la zona de Chera por el cercado de un coto de caza en aquella zona. Es que estoy guerrero últimamente, mejor dicho… estoy hasta los “webs” de tanta injusticia y tanto caciquismo que seguimos permitiendo sin abrir la boca, no sea que nos la vayan a cerrar, y como no la abrimos pues no la cierran sin el menor esfuerzo. En una anterior entrada de este blog: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/06/un-granito-de-arena.html  Ya pongo algunas reflexiones sobre el tema… no serán las últimas, no me propongo hacer de este blog un ideario político, pero las reflexiones son tan mías como las crónicas de las rutas y me desquitaré cuando lo crea conveniente, que últimamente es muy a menudo. Uf, momento protesta de la jornada. Ahora ya no me ruborizan estos momentos como hace algún tiempo, ahora me cabrean por haber estado tanto tiempo callado. Sigo con la ruta.
Pues no me queda otra que bajar. Pero primero almuerzo a la sombra de los inmensos molinos de viento. O lo que sean pues hoy, y demasiado a menudo, tan solo son estatuas gigantes jodiéndonos las montañas. Todos los molinos eólicos que veo desde aquí en la provincia de Valencia están parados (y todos los que veré a lo largo del día también). En cambio al otro lado del río Turia, en Cuenca, si que giran y generan electricidad. Aquí por no pagar no se paga ni el viento, nos lo han cortado. Ah, pues no, yo lo siento en la cara. Pues será que han cortado la luz por no pagar, a ver si es que estos molinos funcionan con luz y no con el viento… o es que está por aquí Iker Casillas, “el hombre que lo para todo.” Si sigo así mando la crónica a paseo y lanzo otro alegato: “un granito de arena 3.” Calma Kike.
Durante el almuerzo y antes de abandonar la ruta, me replanteo bajar hasta Losilla, si se puede, por el camino que he dejado atrás cuando subía. Recalculo la ruta y veo que son unos pocos Km. más, así que voy a intentarlo. Retrocedo y tomo el camino a la derecha que baja hacia el depósito de incendios y llega hasta Losilla. El camino se pone algo bravo en algunos puntos debido a la pendiente y la cantidad de piedras. Llego abajo, a Losilla, junto al lavadero y la fuente de santa Catalina. Después tomo la carretera hacia Alpuente, a la derecha en ligera subida. Esto me da la oportunidad de ver la muela desde un punto de vista diferente y desconocido. El aburrido tramo de asfalto dura más de lo deseado pero al final asoma, tras las últimas estribaciones de la muela, el Castillo del Poyo. 

Una colosal muela al más puro estilo de las montañas del gran cañón del Colorado. La silueta es atractivamente hipnótica y será la referencia de esta parte de la ruta. Llego a la aldea de El Collado. Primero me recibe su lavadero. Luego callejeo hasta la iglesia y bajo hasta cruzar el barranco del Reguero. 

Allí hay una fuente de la que también beberé un poco. El pueblo tiene poco que ver, pero muestra su personalidad a través de una cierta uniformidad arquitectónica que, sin ejercer un marcaje férreo y permitiendo cierta variedad, conserva la idea de conjunto y un equilibrio de integración con el paisaje que pone, más en valor si cabe, su patrimonio artístico, cultural y medioambiental, así como la sostenibilidad de su riqueza rural. Salgo hacia el este en dirección a El Hontanar. 

Primero encuentro un refugio, de los muchos que veré por la zona, luego una fuente con abrevadero y otra estructura cubierta con dos pozas, este entorno es una preciosidad. A la entrada de la aldea el lavadero, menos delicado de lo esperado comparado con los de las aldeas vecinas. Tras una casa normal se esconde la fachada de la sencilla y delicada iglesia de la aldea. La fuente de la plaza, ofrece una estampa deliciosa. 

Solo rompe la sobriedad y el encanto de la aldea el frontón, pero por el delicado conjunto de todo el pueblo hasta eso se perdona. Sigo recto la única calle para salir de la aldea y encontrar una bajada de asfalto divertidísima aunque corta. Llego a la carretera y giro a la izquierda y enseguida a la derecha por camino de tierra. Curiosa la cantidad de sabinas que hay por la zona. La pena es que buscando una bonita y sola para fotografiarla, se me han pasado. Este desvío me lleva a pasar un barranco por un vado. Al otro lado encuentro, al poquito, la aldea de la Canaleja, muy cerca de La Almeza, otra aldea de Alpuente. La Canaleja la forman un par de núcleos separados entre sí pero con un encanto muy especial. Casas de piedra, de las de toda la vida. 

Casas bonitas y cuidadas que despiertan mi sana envidia. Salgo de este núcleo a la izquierda y luego a la derecha para encontrar un repecho corto pero duro. Arriba una fuente cubierta y luego una granja junto a una cruz. Ahora sí que llego a La Almeza. 

Pero el pequeño desvío ha valido la pena. Otra aldea perteneciente a Alpuente, y como tal con sus casas en armonía unas con otras. No es que la uniformidad sea total, pero el estilo es similar y guardan una apariencia de homogeneidad que personaliza al pueblo, es la distinción de todas estas aldeas. La aldea tiene poco que ofrecer,  pero de salida hacia Corcolilla busco el abrevadero, a su espalda encuentro el lavadero que está siendo encalado y tiñe de blanco el agua de la balsa. Antes de llegar a Corcolilla que asoma en lo alto de la ladera de enfrente me desvío a la derecha, por la carretera que llega al Hontanar, hacia el yacimiento de icnitas de Corcolilla. Un parking a la izquierda y la entrada a la derecha hacia las huellas de dinosaurios. Un cartel interpretativo del yacimiento explica el porqué de la conservación de estas huellas y su edad. 

Es una visita corta pero interesante. Ahora retrocedo y giro a la derecha cruzando otra vez el barranco de Reguero. Por aquí hay una foto en Google Earth de un canal prehistórico, pero ni hay señalización, ni parece estar a orillas de la carretera, ni hay un camino en el punto donde lo tengo señalado, y, como hay muchas fotos mal ubicadas, no me paro a adentrarme en los campos de cereales para averiar si está o no. Tampoco encuentro señales de su existencia en el panel interpretativo que hay en el pueblo junto al lavadero, que es lo primero que encuentro. Me adentro en el pueblo a la izquierda y llego a la plaza principal donde hay otro lavadero y una fuente. Bonita foto y continúo hacia el final del pueblo donde las casas están más arregladas y forman un pintoresco y uniforme conjunto. Al volver atrás tomo una calle a la izquierda para ver el interior de la aldea. 

Casas más viejas pero todas con la identidad propia de la zona. Lástima que los contadores de la luz estén en la fachada de todas las casas dando ese toque de absurda modernidad, es como un cepo en la rueda del coche que dice “enganchado”, es lo único que rompe la armonía, junto con los cables de la luz y las antenas y poco más. Frente a la puerta de la iglesia dos coches aparcados, estos también tienen lo suyo. Estos también rompen la estética del lugar, pero es lo que hay. 

La iglesia tiene una planta singular con varios tejados a distintas alturas y caídas y con una pequeña cúpula de azulejo de colores que da una curiosa y pintoresca decoración al edificio. Y la pregunta sería ¿porqué la iglesia sí puede tener colores y diversos toques arquitectónicos y las casas no? Pues mirad y foto y decidir qué es lo que rompe la estética. Salgo del pueblo y giro a la izquierda en subida. Otra rampa corta pero intensa. Toda la ruta ha sido un constante subir y bajar de pequeñas cotas que al final ponen su dureza en las piernas. Poco a poco el camino va girando a la derecha hasta quedar encarado al Hontanar, después de haber descartado el camino más ancho, a la izquierda, que sube hacia los molinos en lo alto de la muela. Veo el valle que he ido recorriendo en mi visita a las diversas aldeas de la zona. 

Los trigales doran el terreno entre verdes islas de apagado color en estos días de verano. De las montañas ya no se ve surgir el humo del brutal incendio de Andilla y alrededores, hace un par de meses que visitábamos la zona en la ruta: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2012/05/alcublas-la-salada-sacanet-la-lidia-del.html todo el grupo. Hoy, como dice Sabina, “lloro en los bosques que el incendio arrasa”. Hoy respiramos peor que ayer, mejor que mañana, que por desgracia, tendremos otro incendio en cualquiera otro de los pocos bosques que aún nos quedan, pero tampoco por estos haremos nada. Y tampoco las autoridades harán nada para prevenir o apagar los incendios poco después de declarados, es mejor esperar antes que desplazar los medios aéreos, que son los que de verdad podrían apagar un incendio recién declarado con unas pocas pasadas antes de permitir que se extienda y luego luchar días y días contra él, o limpiar los bosques como se hacía antes para que no sean un polvorín y de paso dar trabajo y también algo de pasto al ganado. Luego emprendo la bajada. Llego a un desvío y giro a la izquierda, tras cruzar el barranco del Regajo, que ya no abandonaré hasta el final de la ruta, así como tampoco la bajada, excepto algún par de repechos. Al frente, veo el camino por el que tenía que haber bajado desde la muela de santa Catalina hacia la aldea de El Collado. La maldita puerta cerrando el camino ha estado apunto de arruinarme la ruta que al final he podido recomponer. Si la puerta es para que no se escape el ganado, las puertas canadienses arreglan ese problema y permiten el paso. El barranco se crece pegado a la ladera noroeste de la montaña. 

El fondo de la rambla es un pequeño vergel de vegetación de ribera en busca de la poca humedad que aún atesora el subsuelo del barranco. Algunas fuentes derraman pequeños hilos de agua que cobran el fondo del barranco. Las formaciones rocosas crean formas imposibles como grandes galápagos detenidos en el tiempo, como las huellas de los dinosaurios que acabo de ver. Y este pequeño bosque se muestra inmenso ante la tragedia acaecida unos kilómetros más al noreste, como si quisiera hacerme un guiño para olvidar la catástrofe del fuego descarado y malintencionado; como si quisiera compensarme con su inconfundible fragancia y bondad. No puedo más que venerar su loable intento con una pausa casi infinita para comer, mientras lo admiro. Antes, paso por las ruinas de la aldea de Vizcotas. 

Solo un colosal edificio sigue en pie con más pena que gloria dejando ver sus ventanas como ojos vacíos en un esqueleto. Luego encuentro unas rocas apropiadas para descansar mientras hago la pausa de la comida. Al otro lado del barranco, un cortafuegos parte la masa forestal del bosque como si su sola presencia fuera alguna solución. 

Un cortafuegos sin camino, un cortafuegos absurdo, un cortafuegos sin accedo posible ante la insuperable pendiente que salva. Arriba los molinos eólicos. Al menos esta montaña no la dejarán que se queme, es demasiado valioso su contenido tecnológico. Aunque si seguimos sin “pagar” el viento para que funcionen, igual abandonan también los molinos poco más de un año después de haberlos instalado. Cobrada la subvención y aprobada la subida de tarifas, para qué vamos a preocuparnos en hacerlos funcionar si ya están amortizados.
El calor, que ha ido creciendo a lo largo de la jornada, me insta a una pausa más sosegada. Después me pongo en marcha bajando hacia el rento de Benacatázara, el escudo heráldico de la puerta deja constancia de su importancia tiempo atrás. 

Aún parece estar en uso a pesar de su descuidado estado. No creo que sea fácil ni barato mantener una masía de estas dimensiones con el cada vez menor uso y explotación de estas tierras. 

Sigo bajando siempre con el barranco a mi izquierda, dejando bonitas postales aquí y allá. 

Al final llego a las abandonadas casas del Regajo, lugar donde se cierra el círculo y donde giro a la izquierda para cruzar la rambla y remontar hasta la carretera, cruzarla y tomar los últimos metros de camino hasta el lugar donde una vez más espera pacientemente el grandote que se tragará la bici para llevarnos a casa, donde espera ese café con hielo y las buenas noticias que preceden a la cerveza. 


Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=3092303