jueves, 31 de mayo de 2012

Riba Roja-Molinos Paterna-Quart-Manises


Trabajando en el hotel de Paterna, cayó un día en mis manos un tríptico de los molinos de Paterna. Las pocas fotos que había en él llamaron tanto mi atención que me decidí a hacer una ruta por la zona y buscarlos. Así que fui diseñando una ruta por los molinos y de paso adentrarme en el pueblo para llegar hasta la torre, que no visitaba desde pequeño y de la que apenas guardaba algún recuerdo. Con la ruta casi terminada va y encuentro la más que recomendable página de bicitarianos donde hace un recorrido por muchos molinos de la zona de l’horta nord: http://bicitarianos.blogspot.com.es/2012/03/ruta-de-los-molinos.html y l’horta nord-sud http://bicitarianos.blogspot.com.es/2012/05/ruta-de-los-molinos-ii-horta-nord_21.html
Así que tomando estas entradas como referencia de que son los molinos que quería visitar, y con las indicaciones GPS, me lanzo a la aventura. Vamos a ello.
Salgo de casa para bajar al río e ir hasta Masía de Traver, este tramo por más que conocido, no me extenderé en explicaciones, solo hay que seguir el curso del río por el camino del parc fluvial del Turia, nunca me deja indiferente. Las imágenes que ofrece el río no dejan de asombrarme y maravillarme. Dejo atrás el sendero ecuestre que cruza el río en Traver y enseguida giro a la izquierda para subir hacia L’Eliana. En la rotonda tomo la calle que sale de frente en giro a la derecha y me interno en la urbanización. No sabría decir donde empieza una y termina la otra, así que no lo intentaré. Continúo recto pasando entre chalets que despiertan mi sana envidia ya que a estas horas respiran tranquilidad y no el bullicio y el tráfico de la ciudad. Hay que estar atento a la bajada hacia el barranco por una calle señalizada como “sin salida”, pero al fondo hay una pasarela que cruza el barranco y va a la parada de metro de Montesol. Giro a la derecha y sigo la calle pegada al Arroyo de la Granolera después que este cruza L’Eliana. Este camino me lleva a cruzar las vías del metro por un paso inferior y me adentra aún más en el corazón de las urbanizaciones. Mi intención era llegar al pequeño bosque que hay en Montesol cerca de las pistas de tenis y atravesar este pequeño e idílico parque. Pero el laberinto de calles no me conduce hacia donde yo quiero y no tengo ganas de dar marcha atrás para unos pocos metros, así que sigo hasta la carretera y la continúo unos metros para enlazar con la entrada hacia la Vallesa. La parte que le ganó la urbanización al bosque sigue parada, las parcelas por urbanizar y las calles asfaltadas… pero con las vallas por el medio, si al menos adecentaran la zona y se pudiera pasear tranquilamente… Pronto empiezo a recorrer sendas que se adentran entre los pinos ya calientes del sol de la mañana. Aquí su aroma no embriaga pues están cubiertos de polvo de las obras de la urbanización. Pero poco a poco empiezan a cerrarse en una galería vegetal que me seduce cada vez que visito este pequeño y frágil mundo vegetal. Serpenteo entre árboles, todos iguales, todos diferentes. Llego a la estación de metro de Entrepins y me pego al camino junto a las casas, encima tengo la línea de alta tensión. Giro a la derecha para volver a adentrarme entre los árboles, por una senda espectacular y algo técnica, pero sin dificultades. Otro giro a la derecha me hará pasar junto a un chalet en el barranc Fondo. Remonto un pequeño repecho y llego a un cruce de caminos en medio del bosque. Recto pasa por la casa aquella con el espectacular portalón de hierro forjado, a la derecha vuelve hacia Entrepins, y a la izquierda se adentra hacia la urbanización Cumbres de San Antonio. Espero encontrar por aquí un camino que me lleve hasta la zona aquella de sendas espectaculares y evitarme el bacheado camino que sigue recto. Voy a probar. Por desgracia me paso el camino que sale a la derecha y tengo que seguir un poco más adelante para poder hacer el giro. Llego a la senda pero me he perdido un poquito de ella. A estas alturas de primavera esperaba la vegetación más alta y cerrando más el paso, pero por lo visto el tránsito es intenso y los hierbajos se mantienen a raya. Es un tramo muy cortito pero que destila intensidad. Lo disfruto enormemente ya que hacía mucho tiempo que no pasaba por aquí. Llego hasta la carretera de Paterna pero no tengo que llegar a tocarla pues un camino paralelo a ella llega hasta la calle que tomaré a la derecha para internarme en la urbanización El Plantío. No hay pérdida, pues otra línea de alta tensión cubre mi cabeza. Remonto la urbanización y luego “des-remonto”, o bajo hacia las vías. Giro a la izquierda y hago un tramo de camino bastante bacheado hasta llegar al asfalto que llega hasta La Cañada. Junto al centro de salud hay una pinada y un parque que recorro con calma para disfrutarlo. Este será el lugar elegido para almorzar. Aún es un poco pronto pero una vez en Paterna no encontraré un lugar similar. Rápidamente me rodean las palomas, acostumbradas a ser alimentadas por los paseantes han perdido todo el miedo. Tanto es así que un gran macho persigue incansable a una pequeña paloma a la que duplica en tamaño, adivino sus intenciones… y la paloma las mías de no darle de comer, por lo que se aleja llevando tras de sí al palomo. Doy cuenta de la cerveza y el bocata y me pongo otra vez en marcha llegando hasta las vías. Al otro lado las casas tipo colonial se suceden entre chalets de nueva construcción y otros más modestos. A este lado también hay algunas casonas imponentes. Llego al paso a nivel y cruzo las vías para ir por el carril bici. Acabada la urbanización el carril continúa unos metros hasta llegar al puente sobre la A7. Aquí el carril bici desaparece y no tienes más remedio que ir a parar a la carretera. Apenas faltan unos metros para unirlo con el carril que comienza al otro lado del puente, pero esos pocos metros demuestran la enorme falta de voluntad de los políticos por poner en marcha estos espacios para la seguridad de todos, no solo de los ciclistas. Ahora en el P.I. Fuente del Jarro el carril sigue paralelo a la vía. Luego la cruza por un paso inferior y vuelve a pegarse a ella, y así sigue hasta la parada de Santa Rita. La parte nueva de Paterna está todavía a medio edificar, y más adelante, hasta el campo municipal también, pero poco a poco se va agrandando el pueblo. Junto a la estación giro a la derecha pasando sobre las vías una vez más, como si fuera a Manises, y enseguida llego al primer molino. Asentados sobre la acequia de Moncada tres molinos se apiñan formando un conjunto. 
El primero y más grande es el molino de Martinet. La vegetación descontrolada que crece a la vera de la humedad procedente de las acequias tiene ahogado este edificio que se encuentra en estado de semi abandono. Pintadas en la fachada y escombros bajo los enormes árboles que custodian la puerta de entrada y que tapan el letrero, en azulejos, que corona el edificio. Tras él unos silos de grano y una antigua torre permanecen en pie. Recorro la fachada oeste hasta la misma acequia pero no tengo posibilidad de observar el canal de entrada, así que vuelvo al camino, a la izquierda, y ya tengo de frente el molino del Testar. 
El caz de salida del molino es simplemente espectacular. Lo observo desde un pequeño puente que crea la pared invisible de este cuadrado, las otras tres paredes se elevan hasta los tres pisos de altura y embalsan las aguas que salen a presión bajo los cuatro arcos que forman el canal de salida de La Real Acequia de Moncada. Por un momento, viendo esas aguas te sientes transportado a otro lugar, a otro tiempo, no puede ser que tengamos esta joya aquí al lado de casa y no sepamos de su existencia. Ya habíamos pasado todo el grupo de Roda i Pedal por aquí varias veces, pero nunca habíamos recorrido los cuatro metros que nos separaban de ver esta joya. Prendado del lugar me adentro en la “zona fortificada”. El molino Real es una estructura modernista rodeada de una valla y vigilada toda su extensión por infinidad de cámaras. Esto debe de ser la joya de la corona. Pinceladas de distinción y modernismo a raudales: paredes de cristal, un edificio ovalado a modo de caparazón de armadillo hecho de metal, una pasarela de madera vieja pero que está tan de moda que parece nueva, la barandilla metálica con cables de acero junto a un jardín espectacular, que en su parte trasera permite observar de cerca los silos y la torre del Martinet. 
Todo ello apoyado sobre la base del canal de la acequia de Moncada que entrega sus aguas a la entrada del molino y las recoge a la salida sin haberse empapado de este precioso lugar. Pero entre estas dos joyas me quedo con el molino del Testar. Vuelvo atrás para pasar otra vez por la puerta de Martinet y continúo recto por un camino para llegar hasta el molino de la Tandera unos metros más adelante. 
Una espectacular ruina que aún permite observar los siete ojos de entrada de la acequia para mover las ruedas que molían el trigo para hacer la harina, pues todos estos molinos eran harineros, aunque también se emplearon algunos como batán textil. Todo esto está mejor explicado en el blog de bicitarianos en las entradas que enlazo al principio de esta crónica. La ruta planeada me hacía ahora retroceder para cruzar el pueblo hacia el norte e ir a buscar el parque que antiguamente era el campo de tiro, pero como no me gusta volver atrás me he dicho: ¿y si continúo y el camino llega hasta el campo de futbol? Y he ido a ver. El camino se acaba pero luego una senda cruza un campo, y viene aquello de: estará la senda sobre la linde y por tanto hay paso o se ha hecho la senda a través del campo. No me paro a averiguarlo bajo este sol implacable que calienta que da gusto. Ahora, ya otra vez sobre el camino sigo para llegar a donde me había propuesto. Así que llegado a la carretera de Manises giro a la izquierda y encaro la entrada al pueblo. La antigua fábrica de galletas hace tiempo que dejó de impregnar con su delicioso aroma las tardes-noches de nuestra infancia, cuando al pasar por aquí, o incluso desde casa, en Manises, cerrábamos los ojos y sentíamos en la boca el sabor de las galletas Rio a través del olfato. Subo la calle para llegar al cruce, junto a la gasolinera y girar a la derecha por la calle mayor. El intenso tráfico y el trasiego de gente de aquí para allá pronto empiezan a desesperarme más de la cuenta, así que me salgo a la izquierda y comienzo a callejear hacia la torre. Llego al parque de la torre. También hay allí casas-cueva que elevan sus chimeneas y sus tragaluces pintados de blanco. Pero la pétrea figura cónica de la torre lo empequeñece todo, y contrasta su color terroso con el blanco inmaculado de las casas encaladas sobre el azul celeste. 
Es colosal y grandiosa. Si bien su origen no está del todo claro, ya que se atribuye tanto a época romana como árabe. Pero al observarla eso da igual, es simplemente una maravilla. Allá arriba está el vértice geodésico que hoy no veré, pero también eso da igual, casi que me lo apunto como conquistado. Paseo un poco por el parque disfrutando de una estampa que te descoloca en medio de la ciudad; más parece un poblado troglodita como el que sale en la guerra de las galaxias que una ciudad en Valencia. Me pongo en marcha hacia el molino del Batán. Antes paso junto al ayuntamiento y aquí mi error: en lugar de girar superada la rotonda a la derecha para llegar al calvario y después entrar en la avenida Pérez Galdós para ver las cuevas del Batán, continúo recto por la urgencia que dan los coches que llevo detrás, caigo en mi error ya a mitad de avenida y entonces giro a la derecha para llegar hasta ella. 
Es una avenida peatonal en la que se transita literalmente por encima de las casas que, conforme bajas, queda su entrada a la derecha. Decido no volver atrás para verlas desde el inicio ya que esto me da una idea de cómo son. Así que sigo adelante y poco después giro a la izquierda pasando por delante del gran teatro Antonio Ferrandis. Callejeo un poco para llegar al impresionante palacio Cortina, de estilo modernista. 
Otra pincelada de distinción en esta ruta plagada de detalles, de toques arquitectónicos de lo más variado. Ahora ya toca cruzar las vías del metro cerca de la estación de campamento. Ya se ve el molino Batán al otro lado de las vías. Este molino si que está en completa ruina. No es solo una ruina inducida por el paso del tiempo, es la barbarie del vandalismo personificada. La basura y los desperdicios se instalan a sus anchas en este deteriorado esqueleto que cualquier día se vendrá abajo. 
Junto a la estructura del edificio la característica chimenea de ladrillo, y bajo ellas, a través de una compuerta de hierro, la acequia de Moncada que sigue su curso ajena al deterioro que dejó atrás en los anteriores molinos y del que tampoco tomará nota en este. Bajo de la bici para pasar junto al canal en un tramo con socavones y girar, al final del muro, a la izquierda por una senda que me lleva hasta el camino tantas veces recorrido entre las huertas. Me acerco junto a la estación de Paterna para ver una casa en medio de la huerta, siempre la habíamos visto de lejos en nuestros paseos hacia la playa pero nunca nos habíamos acercado, lo hago hoy para descubrir una casa de aspecto colonial en mitad del campo, no muy grande pero con encanto bajo la sombra de un pino y dos palmeras que resisten el ataque del picudo rojo. Retrocedo unos metros y giro a la derecha en dirección al río. Esta fue la primera zona que se rehabilitó del actual parc fluvial del Turia. Hoy descubro un puente de madera a escasos 15 metros de este que estoy cruzando, no podían haber buscado una mejor ubicación a ese puente… Hace años que no paso por esta zona y voy a indagar. Un nuevo parque se extiende entre la subida y el molí de la Vila, luego, los callejones venidos a menos años atrás se ven ahora con luz propia al haber abierto toda esta zona. Una nueva calle pasa por detrás del centro Betania y continúa hasta enlazar con la salida hacia Mislata. Antes paso por delante de la toma de acequias. 
Al menos cinco acequias tomas sus aguas de este punto para regar la fértil huerta valenciana: Rascaña, Robella, Favara (margen derecha e izquierda) y Oro. Allí mismo se eleva otra antigua chimenea surcando los cielos de los pueblos valencianos, mientras, el inmenso solar que antaño ocupara una fábrica química hoy espera al ladrillo. Llego hasta el inicio de la V-30 aquí en Quart, una escalera conduce al puente que salva el río hacia Mislata, pero no hay acceso hacia el parque ni hacia el polideportivo, ¿no hubiera sido mejor aquel puente aquí? En fin. Si alguien se levantara de su sillón antes de hacer las cosas y mirara si esa obra es necesaria o no… no cobraría las comisiones, por eso no se levantan. 
Vuelvo atrás y visito la plaza de Betania, la plaza de la iglesia con su cisterna; paso junto al auditorio y recorro la parte de abajo del parque; sigo junto al colegio y me adentro en un camino por el barranco Salt del Aigua para pasar por debajo del puente sobre la plaza de España y el desaparecido puente de hierro del antiguo tren de cercanías. 
Después viene el acueducto Els Arcs, pero una ingente aglomeración de arbustos impide el paso y me toca subir hasta el puente, incluso desde aquí arriba casi impiden ver los ojos de los arcos. Es lo que pasa siempre con el patrimonio de nuestros pueblos, vamos a visitar lo de otros pero lo nuestro, por estar ahí, lo vamos dejando para otro día. Pues me ha salido un poco rana la visita, pero en fin, otro día será. 
Ya me dirijo hacia casa, antes una parada para admirar la fachada de la antigua fábrica Valldecabres, otro de esos monumentos dignos de visitar. El tiempo se me echa encima después de ir a ver a mi padre, así que la visita al molí de la Llum es rápida, tampoco queda mucho que ver.
Luego vuelta a Riba Roja por el camino de las canteras y parada para lavar la bici que falta le hace. Me digo que tengo que hacer más visitas culturales como esta, y repasando algunas crónicas de las rutas, veo que ya llevo algunas sin habérmelo propuesto. No será la última.