jueves, 21 de noviembre de 2013

Riba Roja-Masía Zampa-Edeta-Les Traveses


Hace unas pocas semanas hice la ruta Riba Roja-Puntal dels Llops: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2013/10/riba-roja-puntal-dels-llops-olocau.html Contemos un poquito de historia para situarnos:

El Puntal dels Llops de Olocau, era una atalaya Íbera dependiente de Edeta, encargada de la defensa y control del territorio. Situado en un punto estratégico dominando el Camp de Turia y la entrada del paso natural del barranco del Carraixet. Está delimitado por una muralla en cuyo extremo norte se alza una torre de vigilancia, de planta cuadrangular. En su interior había 17 viviendas distribuidas a ambos lados de una estrecha calle. Data de finales del siglo V a.C. y fue destruido y abandonado a principios del siglo II a.C. durante la Segunda Guerra Púnica por las tropas de Aníbal. La capital de la Edetania era la ciudad de Edeta, zona de especial riqueza arqueológica, que ocupaba un área de unas 15 hectáreas; no era una gran ciudad al estilo griego, pero sí era la más importante de la zona mediterránea, sólo superada más tarde por Cartagena. La ciudad, identificada con Edeta por el geógrafo Estrabón, ocupó en su momento de máximo esplendor, entre los siglos IV al II a.C. más de diez hectáreas, extendiéndose prácticamente por todo el cerro. En el siglo II a.C. después de la conquista romana, fue destruida e incendiada, cayendo, a lo largo de ese siglo y el siguiente, en un gradual abandono. A partir del siglo I de nuestra era, la ciudad romana, construida ahora en el Plá de l'Arc, volverá a vivir una nueva etapa de esplendor.Las investigaciones más recientes realizadas en torno a Edeta-Llíria muestran que esta ciudad ejercía la capitalidad de un territorio extenso. A partir del 400 antes de Cristo, un poblamiento estructurado en cuatro categorías de asentamientos: las aldeas y caseríos proporcionaban los productos básicos de la subsistencia, mientras que los fortines vigilaban el territorio; finalmente, la ciudad de Edeta era el centro rector y beneficiario de este complejo sistema, reflejo de una sociedad fuertemente jerarquizada.Esta Ciudad rica y opulenta, era la capital de un Estado Ibérico, volcado a su costa mediterránea, y sus límites estarían aproximadamente por el Sur en el río Júcar; por el Oeste en las sierras de Utiel, Javalambre y Gúdar; siendo la frontera Norte variable, por un continuo enfrentamiento con los Ilervacones de Tarragona, oscilando ésta entre los ríos Miralles y Ebro, de manera alternativa, aunque posiblemente en el siglo VI a.C., su dominio llegara hasta la misma Zaragoza. Entre sus ciudades: Sagunto, la actual Valencia, Cheste, Mogente, etc.Durante el siglo III a.C., este pueblo se enriqueció de una manera espectacular, debido al importante comercio con los griegos de Massalia (Marsella), fundamentalmente el intercambio de productos mineros, el hierro extraído por los Turboletas en la sierra de Teruel, material imprescindible para las famosas espadas españolas de la época, por productos manufacturados del Mediterráneo Oriental, productos que se distribuían a los otros pueblos íberos y celtíberos.

Aquel día ,en aquella ruta, el calor sofocante y un no muy buen estado físico por mi parte, me hizo descartar la subida final hasta el Tossal de Sant Miquèl, que era el plato fuerte de la ruta, y haber unido así, en una sola salida, los dos poblados, así que podría decir que había comenzado la casa por el tejado. Hoy iba a poner los cimientos, ya que visitaba la capital de los poblados íberos bajo el dominio de Edeta (que luego en época romana también seguiría con la misma denominación), de una serie de visitas a los poblados íberos más cercanos. En próximas rutas seguirán: La Lloma de Betxi (Paterna), El Tos Pelat (Moncada), La Querencia (Turis), La Torreseca (Casinos),  La Seña (Villar del Arzobispo), o las ya visitadas hace tiempo:
La Monrabana (Llíria) http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2010/12/riba-roja-casinos-escalinata.html                                                                                

Pero vamos a desgranar la ruta de hoy.

Bajo hacia el río que en esta época del año y a primera hora del día, con el sol empezando a levantarse, la soledad del camino mañanero, el frescor que emerge del agua cantarina entre las rocas y las cañas y un fresquito que ya se ha instalado entre nosotros casi a finales del otoño, hacen un coctel de especial belleza. 

El mañanero sol enciende las copas peladas de los árboles en un espectáculo inigualable. El camino se alfombra de hojas que los árboles de ribera van depositando en el suelo y otras que se van tintando en los árboles antes de caer en los próximos días. Paso el motor del Mas del Moro y la pasarela sobre el río. 

Sigo por el río hasta pasar bajo el antiguo puente del ferrocarril, tan viejo y deteriorado que da miedo pensar que un día de esos se hunde. 

Aun así me decido a subir hasta él como no había hecho nunca para sacar unas fotos cercanas de los viejos y herrumbrosos hierros con Vilamarxant al fondo casi aún entre dos luces. 

Da una nostalgia especial al pensar que se podría aprovechar como parte de tránsito del propio parque fluvial e incluso continuar el viejo trazado del tren para llegar desde Riba Roja hasta Benaguacil.  

Pero los políticos tendrán, seguro, cosas más importantes a las que destinar su tiempo y el dinero de los contribuyentes antes que hacer una vía verde en este abandonado trazado ferroviario. 
Más adelante y justo antes de pasar la siguiente pasarela del río, un camino surge a la derecha y sube al mirador que hay detrás de la urbanización Vilanova. El camino es corto pero con rampas duras que obligan a dar lo mejor de uno mismo. 

Arriba el mirador es un impresionante balcón al río Turia, Vilamarxant y por su puesto la sempieterna Rodana. Aquí se levantaba un corral del que ya no queda casi ni rastro, y un camino, cerrado con una barandilla de madera, que se ceñía paralelo a la parte este de la mencionada urbanización. Ahora esa barandilla obliga a bajar para tomar un camino a la izquierda justo después de cruzar la acequia y antes de llegar a la casa que hay junto al camino. Tras el giro el camino se dirige al este con la cruz del monasterio Cisterciense a la vista y como punto de referencia. El paseo entre los huertos es placido y agradable y al final me incorporo al camino asfaltado que sube desde el río, giro a la izquierda paralelo a una gran balsa de riego y transito por lo que era el trazado del tren. 

La basa Nova siempre deja alguna postal inolvidable, y tras ella el Molinet del año 1958 que aún eleva su chimenea de ladrillo a una altura importante. 

Admiro las tres enormes muelas que dan una idea del poder del agua para mover semejantes rocas y que enseñan sus dientes siempre dispuestos a morder el grano. Tras ellas las compuertas de las acequias dejan fluir el agua de las acequias que allí confluyen: la acequia Mayor y la de Benaguacil. 

Tras la breve visita me dirijo al monasterio Cisterciense a disfrutar un poco de la tranquilidad y la paz de su pinada y de paso volver a intentar dar con alguien que pueda ponerme sobre la pista de donde pedir permiso para visitar la masía de Zampa y la ermita. 

No encuentro a nadie pero sí una especie de nuevo altar situado en medio de la pinada. Salgo del recinto y me acerco al Molí Nou, ya hace años que la experiencia me hizo retroceder ante el chulesco avance de unos descomunales perros, así que me acerco con precaución a ver si puedo ver alguna particularidad del molino, pero en su lugar solo puedo apreciar, desde cierta distancia, una gran casa bastante bien reformada y sin ningún elemento llamativo desde la distancia. 

Retrocedo para llegar a los enormes silos que hasta hace poco estaban activos, ahora no parece ser así y solo uno de los perros guardianes sigue en su sitio, haciendo ruido y cuidando de los gigantes de acero que parecen tomarse un respiro de su polvorienta y ruidosa actividad. Rodeo el  edificio para llegar al camino de la masía. 

Paso junto a la puerta y ¡Bingo! está abierta, así que entro hacia adentro a pesar del cartel de prohibido el paso propiedad privada. Voy en busca de los encargados de la masía, ya que vía correo electrónico había conseguido permiso del monasterio para concertar con ellos una visita, pero al encontrar abierto me aventuro a ver si la visita puede ser hoy mismo y así ahorrar tiempo y llamadas. 

Se oye jaleo y cantos, así que me acerco con más precaución para no molestar. Pregunto a uno de los monitores de los scouts que me dice que no sabe donde están los encargados pero que cree que no hay ningún problema en hacer unas fotos de la masía y la ermita. 

Me dedico a hacer unas fotos de la pequeña ermita adosada a la Masía de Zampa. 

El lugar es una preciosidad y el silencio bajo los árboles que rodean el conjunto es insuperable ya que el ajetreo parece estar centrado en la otra parte de la masía. De buena gana me quedaría aquí un buen rato disfrutando del entorno.  

Así que me dedico a eso durante unos buenos minutos en que disfruto de este maravilloso rincón bajo una pinada y arboleda de fantasía y con unas vistas privilegiadas sobre mi queridísima Rodana. 

Para que la fiesta sea total una ardilla se pasea por el pretil con el pueblo de Vilarmaxant y la Sierra de los Bosques de fondo con una luz especial. La ermita, cerrada, no puedo verla por dentro, pero ya tengo lo que más me interesaba y con este botín vuelvo al camino, hacia la derecha en busca de un camino que rodea dicha masía. Un poco más adelante encuentro un singular edificio a mano izquierda del camino, un edificio que he visto cientos de veces pero que no le había prestado más atención. 

Siempre me había parecido una caseta de aperos, hoy lo observo con más detenimiento para ver que es una cebollera, construcción que se utilizaba para secar las cebollas de la humedad y poder sacarlas al mercado en optimas condiciones gracias a la ventilación que tenían dentro de la cebollera. Hoy ya no se utilizan, ya que todo el proceso se realiza en grandes almacenes y/o cooperativas que manufacturan el producto, y las pocas que quedan están en bastantes malas condiciones de conservación. Esta en concreto es de obra aunque en la zona de L’Horta sud suelen ser de madera; aunque la Generalitat reconoce el valor arquitectónico de las mismas, lo de su conservación ya es otro cantar. Poco después un camino a la derecha parece querer rodear la ermita y ese es mi objetivo. Este camino pasa por detrás de la ermita, o al menos eso había deducido tras estudiar los mapas. Efectivamente al poco tiempo veo, bajo unos pinos, la inconfundible figura de una espadaña. Por fin la he encontrado en el camino que había supuesto. Sigo para incorporarme al camino por el que tantas veces hemos subido y bajado al río. Giro a la derecha hasta el cruce y sigo recto para hacer la parte más fea y rutinaria de la ruta. Por asfalto hasta el puente que veo más adelante, antes paso sobre las dos acequias que he visto en el molino y que riegan la extensa huerta que aún queda entre las poblaciones del Camp de Turia pero que cada día está más amenazada ante el constante crecimiento del asfalto, ya sea en forma de nuevas carreteras o bien de P.I. o nuevas zonas de esparcimiento de los pueblos que crecen sin cesar. 

A pequeños bocados la verde fuente de alimentos desaparece ante una materia gris negruzca de alquitrán y acero: como decía Mecano en una de sus canciones “una ciudad de alquitrán, hierro, cemento y cristal”. Paso bajo el puente dejando la carretera que venía siguiendo para que se junte con la entrada a Benaguacil. Ahora voy por un camino estrecho entre huertos que luego pasa junto a una granja y luego entre un P. I. antes de meterse dentro del pueblo y llegar a la antigua estación del tren reconvertida hoy en sede cultural. Desde Riba Roja hasta aquí por el antiguo trazado del tren sería un paseo rápido que daría mucho juego con el parque fluvial y acercaría mucho a Les Rodanes. Dejo la subida a La Montieleta a mi izquierda y cruzo la carretera. Al inicio del carril bici, que transcurre por el antiguo trazado del tren, giro a la derecha junto a la última fábrica. Este es el primitivo camino que tomábamos antes de estar terminado el carril bici hacia Llíria. En suave bajada hasta el puente que cruza la nueva CV-50 y que por falta de presupuesto muere un poco más allá con las obras paralizadas. Al otro lado de la carretera vuelvo a transitar entre campos, sobre todo de naranjos, aunque no olvidemos que estamos en una zona de dilatada tradición cebollera aunque también de coles y alcachofas. Y así me voy acercando hacia la carretera de Llíria a Vilamarxant, que cruzaré para pasar junto al inmenso almacén de cebollas con los cajones apilados a lo largo del perímetro en precario equilibrio. Recto está la subida hacia la parte trasera de Sant Miquèl y Santa Barbará. En cambio giro a la derecha y sigo el carril bici hasta la antigua estación del tren de Llíria. 

Esta no parece tener ningún uso y se ve en grave estado de deterioro. Giro a la izquierda, derecha y nuevamente izquierda callejeando por Vila Vella. Algunas calles de este viejo trazado medieval se empinan con un ardor que no deja lugar a bromas y que tendré que esforzarme para superar. Así paso junto y frente a la iglesia de la Mare de Deu para dejarme caer por el otro lado del cerro y encontrar el Forn de la Vila, una pieza de gran valor tanto cultural como arquitectónico. 

El precioso edificio se lleva unos minutos de mi tiempo para su atenta observación, luego sigo bajando hacia la plaza Mayor donde pretendo poder admirar su impresionante conjunto arquitectónico, tanto en la fachada de la iglesia de la Asunción como en el palacio de los duques de Llíria o Ca la Vila que fue construido para almudín (que era donde se almacenaba el trigo de la ciudad), prisión, cámara de los Jurados y sala de Consejo. Pero hoy tampoco tengo suerte pues el mercado municipal llena la plaza y la cercanía de los puestos cubiertos impide ver absolutamente nada, amén de la cantidad de gente en movimiento que dificulta mi tránsito así como yo el suyo, así que opto por salir de allí cuanto antes y subir hacia el Tossal de Sant Miquèl y llegar a las ruinas del poblado Íbero de Edeta, tantas veces visto pero nunca habiendo llegado hasta allí a pesar de los pocos metros que tantas veces nos han separado. Inicio la subida por el pueblo entre calles cada vez más estrechas hasta llegar a la doble curva en zigzag que es la que para nosotros marca el inicio de la subida. Ya no hay piedad, ya no hay descanso posible y la lucha contra uno mismo empieza aquí y ahora. Cada pedalada te acerca más al fin y al agotamiento extremo a que te somete esta subida colosal. Lo único positivo es que no es muy larga y sabes que se acaba pronto, aunque ese pronto llegue más tarde que temprano. Tras otra curva de herradura ya se ve el edificio del monasterio y ahora ya no es tiempo de parar, hay que llegar arriba. 

Es la pared este del edifico, la que recibe el sol de la mañana, la que tiene la bajada hacia el poblado. Unas escaleras dan inicio a una senda ancha al principio hasta llegar a una pequeña pinada al fondo. Allí la senda se estrecha y pasa una pequeña bajada abrupta con algunos escaloncitos hasta la verja que delimita el acceso al poblado que está cerrado tras una verja. 

Un roto en la valla me permite entrar y llegar hasta la parte alta del poblado viendo algunas casas, o lo que queda de ellas tras la delimitación de los muros de piedra. 

También veo a la izquierda la actual Llíria, inexistente en la época, y la sierra Calderona más allá, con el Puntal del Llops perfectamente visible a la izquierda de la perpendicular del Gorgo, la montaña más alta de esta parte de la sierra. Bajo este poblado y hacia el mar prácticamente no tenían nada y solo alguna loma aislada les tapaba la visión directa de otros poblados de los que podían recibir algún tipo de señal, como podían ser:

la Lloma de Betxi en Paterna o El Tos Pelat en Moncada; hacia el sur La Carencia, en Turis, es visible justo pegada a La Rodana, y hacia el oeste, desde la parte alta de la montaña, El Castellet de Bernabé, La Monrabana, o La Torre Seca en Casinos, también serían visibles desde el alto de la montaña donde ahora se asienta el monasterio. Hacia el sur oeste el Pico de los Ajos de Yátova tan solo quedaría un poco oculto por algún montículo de la sierra de los bosques de Chiva. Así que con visión directa o casi directa de toda una red de poblados dependientes de esta capital, esta estaba siempre bien comunicada ante cualquier posible situación de peligro. A bote pronto y tomándome todas las licencias habidas y por haber, resumo que tras la segunda guerra Púnica los romanos toman la península y los Íbero Edetanos son poco a poco integrados en el nuevo orden social y fundiendo su cultura con la nueva y predominante sociedad romana. Que nadie se me enfade por este gran alarde para comprimir la historia pero es que esta entrada cicloturisticodeportivocultural no pretende ser un tratado de historia y tan solo intento dar unas pinceladas orientativas para que quien quiera puede profundizar en ellas en lugares más específicos sobre el tema.
Tras la breve visita del poblado y haciéndome una idea de lo que ellos verían en su tiempo subo la montaña hasta la pared del monasterio, al solecito, para almorzar con la tranquilidad que se respira aquí arriba. Siempre me fascina lo insignificante que parece todo desde las alturas. Los enormes espacios hacen pequeñas a las grandes montañas que quedan a lo lejos, no digamos lo pequeñas que son las ciudades que se dispersan entre el territorio; las casas se pierden dentro del entramado casi uniforme de una ciudad vista desde las alturas; los coches y camiones, esos monstruos feroces y enormes cuando estamos a su lado son inofensivos objetos que se mueven rápido, nada más, y las personas… casi ni se las ve. Y los problemas, que están dentro de las personas no se pueden ver de ninguna de las maneras. Ahora me imagino a mí allá abajo a la vista de otro observador y veo que no tengo problemas, estos desaparecen en la distancia y en la altura, no hay nada como subir a una montaña para perder los problemas. Pero siempre bajamos por allí donde los hemos dejado antes de subir para volver a recogerlos, nunca aprenderemos.
Tras el almuerzo y la meditación hago unas fotos, aunque la luz solar no acompañe, para en un futuro decir que aquí había huerta, pues esta se desvanece entre carreteras que surcan el campo y dan pie a nuevas urbanizaciones y polígonos y van juntando los pueblos unos con otros y comiéndose montañas a bocados. Me dispongo a bajar esta brutal pendiente que siempre despierta un lado salvaje y ofrece un golpe de adrenalina pura. Sobre la curva que siempre fijamos como principio y fin de la bajada a la izquierda para llegar al final de la calle y luego giro a la izquierda en subida, junto al parque, hasta el desvío, hoy no sigo recto bajando hasta el carril bici junto al almacén de cebollas, giro a la derecha y continúo recto también en el siguiente cruce. Menos de dos Km. después el camino asfaltado hace un giro de 90º a la derecha y se dirige a la carretera. La cruzo en una rotonda y me adentro en aquella urbanización buscando un paso sobre un barranco que pocos metros después se fusiona con la Rambla Primera. 

No encuentro dicho paso, por lo que vuelvo hacia la carretera que volveré a cruza para adentrarme junto a un viejo esqueleto de enormes vigas de hormigón que ya no sujetan ningún techo. El camino llega hasta la curva que mencionaba hace un momento y tras ella un camino a la derecha se adentra, primero entre chalets y luego en el monte picando hacia arriba. 

En la parte alta encuentro dos ruinas: a la derecha lo que parece que fue una granja, no solo abandonada sino en un lamentable estado de conservación. A la izquierda lo mismo con una gran casa que en su tiempo debió ser una maravilla. 

Un gran cenador con pilares de piedra y vigas de madera aguanta los envites del tiempo perdiendo cenas y tertulias que resguardar bajo su sombra, voces y sabores que se apagan en la noche de los tiempos. 

La casa tiene ciertos elementos arquitectónicos que llaman la atención. Primero una colosal terraza cubierta bajo un tejado bien conservado. A su izquierda y sobre la pared un reloj de sol que bajo la sombra de la pinada ha detenido su avance y parece sumir todo el entorno en un estado de pausa tensa, eterna. 

Bajo el soportal un mural pintado representando Llíria y algunos de sus caminos con un toque más “senxsual” de la Llíria que yo conozco, pero vete tú a saber. En cualquier caso el caserón es impresionante y da pena ver como el paso del tiempo y sobre todo los vándalos van matando más rápido que despacio la dignidad y esplendor de este lugar. Sigo el camino adelante en bajada para incorporarme a otro camino, el de la Lloma del Mas, por lo que supongo que el corral que acabo de visitar es el Corral de les Travesses, puesto que el macizo montañoso que ahora queda a mi derecha son las propias Travesses.  Este camino va a cruzar la carretera CV-364 entre Benaguacil y Pedralba, muy cerca del Mas del Rio, de ahí supongo su denominación. Cruzo la carretera que apenas tiene tráfico y sigo el camino de enfrente. Unos metros después a la derecha sale una indicación de un PR. que no es ciclable pues tiene un tramo de escalones que ya probé en su día; se puede bajar la bici a mano pero no es ciclable. Sigo recto en ligera subida entre chalets acompañado con el incansable y aberrante ladrido de los perros. Lo de esta plaga es algo digno de estudio… y lo de sus dueños más; pues tener a un animal todo el día ladrando y molestando con su ruido a todo lo que se menea y que cuando lo sacas sea para que se mee y se cague en las aceras, calles y caminos de todos, o en las ruedas de los coches… de los demás, claro está, no sé cómo calificarlo más que de cerdos intolerantes, a los dueños me refiero, pero aquí nadie levanta la voz contra estos … 
¡¡¡ Qué bonita es la montaña, paz y tranquilidad!!! Tras el tramo de subida toca la bajada. 

Las vistas se abren hacia la derecha y dejan ver el valle del Turia con algunas masías como el Mas dels Frares o el Molí de Ramírez entre campos de naranjos regados directamente por las aguas del Turia. Tras ellos el poco verde que le queda a la Pea tras los incontables incendios a que se ha visto sometida esta sierra. Tras ella las sierras de Bugarra y Gestalgar no tuvieron tanta suerte el trágico verano de 2012. Tras la foto emprendo la bajada, pronunciada y rápida hasta la bifurcación que tomo a la derecha, el camino se estropea un poco y las suspensiones se ponen a trabajar en un tramo algo más técnico pero que no entraña absolutamente ninguna dificultad. Siempre bajando llego hasta el camino asfaltado que lleva, a la derecha hasta el Mas del Río. Ahora giro a la izquierda y sigo, sobre asfalto y rodando rápido hasta la carretera de Vilamarxant a Llíria. Cruzándola podría tomar el camino que, junto al Mas de la Barca, baja hasta el río. En su lugar y para ahorrarme este peligroso cruce tomo un camino paralelo a la carretera a mano derecha. Justo a la altura de la citada masía el camino se adentra hacia la huerta y me obliga a dar un considerable rodeo, pero es un tramo con su encanto que cruza sobre la acequia de Lorca y baja, entre un tupido cañaveral, hacia el río. Un desgastado camino se va haciendo cada vez más visible a la izquierda del río. 

El agua acompaña este tramo y los viejos olmos y chopos dejan caer sus hojas en una lluvia de colores otoñales que pueblan en suelo sin llegar a mojarlo, de eso se encargará el roció nocturno que permanecerá bajo las muertas hojas sirviendo de sustrato al siempre hambriento bosque de ribera que nada desperdicia. Paso el puente de la carretera y llego a la pasarela de madera. Desde aquí una excelente postal del campanario de Vilamarxant con La Rodana al fondo. Tras cruzar el río giro a la izquierda y vuelvo a pasar bajo el puente de la carretera. Después rodeo el centro de interpretación del parque fluvial y tomo el carril bici que sube hacia Vilamarxant. La carretera está flanqueada por dos caminos, uno a cada lado que bajan al río. Llego a la gasolinera y paro a darle un baño a la “Zesty” que después de varias salidas se lo tiene más que merecido. Luego casi de frente cruzo la carretera y llego hasta el lavadero de Vilamarxant. 

Uno de los pocos que se conservan en los pueblos de la zona. Callejeo para cruzar el barranco e ir hasta el trinquet. Un último vistazo más cercano a la Rodana para tomar el camino de Les Plantaes y por el Mas de Escoto y todo por asfalto llegar a Riba Roja junto al polideportivo. 

Una ruta cortita pero intensa tanto en lo deportivo como en lo paisajístico.