miércoles, 27 de noviembre de 2013

Riba Roja-Almàssera-Convento-Bétera


La ruta de hoy me llevaría por otra zona de L’Horta Nord de Valencia. Aún me quedan, a pesar de lo mucho que he visto hoy, un buen número de visitas por la zona que dejo para una siguiente ruta, de ella nos encargaremos en su momento. Hoy visitaba algunas de las últimas alquerías absorbidas por el imparable crecimiento de la capital. Alquerías que han quedado abandonadas, cercenadas de su huerta a escasos metros detrás de una línea infranqueable de asfalto y vías de tranvía cuando no completamente absorbidas por edificios megalíticos que las oprimen y despojan de su sabor rural. Vamos a ver la ruta.
Salía temprano bajando hasta el río en un día frío que amanecía con sus buenos 4 grados. Toda la ropa del mundo no parece suficiente para enfrentarse a la humedad que acompaña a esa temperatura junto al Turia. Se nota la hora y la temperatura, casi no encuentro a nadie hasta llegar a Manises por lo que puedo rodar tranquilo y a buen ritmo. Eso sirve para ir entrando en calor y empezar a tener otra vez dedos. La autopista del río es una gozada para trasladarte del punto A al punto B si tienes prisa o quieres hacer un camino suave sin desniveles, o simplemente te gusta hacer un paseo por un lugar maravilloso como es el río Turia, que bien entrado en otoño nos regala postales de grandiosa belleza. 

Polvo del camino aparte, si no encuentras mucha gente es llevadero y solo te lo comes en las piernas y en el cuadro de la bici, pero para estas rutas eso no me importa, aunque ya sé porqué en la capital y en los pueblos me miraban como diciéndome “… y lávate que vas hecho un desastre”. En el parque de cabecera me desvío hacia la izquierda dejando el molí del Sol, reconvertido en cuartel de la policía local, a la derecha y llego al camino de Campanar, a la derecha y otra vez a la derecha para acompañar la carretera hasta la rotonda. Cruzo la calle por el paso de peatones y luego lo mismo en Gral. Avilés para tomar la calle recta que se adentra hacia la partida del Pouet, justo a espaldas del centro comercial. 

Allí sobrevive, junto a un pequeño grupo de casas la pequeña ermita del Santísimo Cristo del Pouet. De aquel “salvem el Pouet” esto es lo único que ha dejado la especulación inmobiliaria. Salvem Porxinos o salvem el Cabanyal veremos la suerte que corren.  

Vuelvo hacia Gral. Avilés pasando frente a la Alquería Taula Llarga, una preciosa casa muy cuidada y que ha cambiado la huerta por un buen asfaltado en medio de un jardín urbano, imagino que desviada su actividad hacia el ocio o la cultura. Cruzo por el semáforo en que tantas y tantas veces hemos parado cuando esta zona estaba en construcción hace ya unos años en nuestra ruta a la playa, cuando el camino del parque fluvial no era ni un proyecto y veníamos por el camino de Benimámet y Paterna. Me adentro por detrás del cementerio de Campanar y veo otra alquería también muy bien conservada en medio de un gran jardín con parque infantil, desde el carril bici no llego a distinguir ni nombre ni el cometido que desempeña ahora. Giro a la derecha para llegar a Maestro Rodrigo y cruzar por un paso de peatones, luego a la izquierda hacia la rotonda y gasolinera, y de allí a la derecha por el carril bici hasta la rotonda de la Dama Ibérica y el nuevo estadio de Mestalla. Antes una nota curiosa: que los bikers somos magos para no dejarnos atropellar está más que claro, pero tanto como para esto…  

solo le falta el letrero con el andén 9 y ¾ y ¡pumba! camino a Hogwarts, porque debe ser allí donde se estudie ingeniería del absurdo para lograr esta gilipollez… a menos que… no me hagáis pensar mal que no creo que haya enchufismo de por medio para poner a alguien en un trabajo que no se merece ni sabe hacer, ¡que no, que no me lo creo! Bueno, después de atravesar la pared el carril bici reaparece y sigue hasta la rotonda. 

La gran azul Dama Ibérica observa el tráfico y el trágico aspecto del nuevo estadio en pausa. 

Sigo por la calle Safor para llegar a la que creo que es la única calle de Valencia en cuesta. La ciudad más plana del mundo ya tiene una subida. Sigo adelante hasta una señal de dirección prohibida, como la acera es estrecha decido hacer caso de la señal y girar a la derecha, solo tendría que ir 4 calles más adelante en línea recta pero el laberíntico trazado del barrio de Benicalap y la calle Florista con sus vías del tranvía insisten en el cambio de dirección. Ya de paso me acercaré hasta otro elemento arquitectónico declarado bien de relevancia local y dejado casi en el olvido y dejado al envite de los elementos. 

La fachada de La Ceramo.  La visión de su exótico estilo mudéjar nos transporta a lugares de ensueño y su cerámica, presente en lugares tan emblemáticos como la estación del Norte, el mercado Central o el de Colón, nos transporta, a través de la alfarería valenciana, a los confines del mundo. Sigo callejeando por lo que parece un bucle que me impide avanzar con todas las calles en dirección prohibida, así que haré patria en aquello de que la circulación en contra dirección es la más beneficiosa para los ciclistas y por fin llego a la plaza de la iglesia. La parroquia de Benicalap es un edificio digno de ver. 

Sus magníficas dimensiones, su alto campanario y su cúpula verde y blanca, empequeñecen las fincas a su alrededor. Sigo adelante hasta la Av. del Levante U.D. que igual le hubiera sido mejor ponerle este nombre a la avenida que llega hasta el estadio del Levante y no a esta a casi 2Km. del campo, pero bueno. Esta avenida con su carril bici llega hasta la ronda norte, que a día de hoy parece marcar la línea externa de la capital en un vano intento de que esta no se coma la huerta.  Aún metida en  ella la Alquería del Pi, reconvertida en salón de banquetes se alía con los nuevos tiempos para sobrevivir. 

Tras pasar el camino de Moncada aparecen a la derecha los restos de la Alquería de Falcó, otro edificio declarado bien de relevancia local, uno más de entre los más de 230 que hay en la capital valenciana, en avanzado estado de deterioro.  Retorno al carril bici tras rodear la alquería y llega a otra mucho más pequeña y casi adosada a una finca. Ya desde el carril bici puedo ver al otro lado de la carretera el monumental edificio de la Biblioteca Valenciana, Sant Miquèl dels Reis. 

Según reza la presentación de la propia biblioteca este conjunto arquitectónico es la compleja unión de una alquería islámica, un monasterio cister, Sant Bernat de Rasscanya; un monasterio jerónimo, Sant Miquèl dels Reis y un complejo penitenciario. La construcción y demolición de elementos anteriores a lo largo del tiempo fue modificando, transformando y ampliando las instalaciones.  

Primero sigo adelante hasta la alquería de San Lorenzo, de Albors, o de Sant Miquèl, conocida con cualquiera de estas denominaciones y cumpliendo ahora una labor para el ayuntamiento de Valencia. Tras un breve vistazo cruzo la ronda norte para llegar a San Miguel de los Reyes. Un edificio impresionante. 

La fachada central, con sus columnas elevadas hacia el cielo y sus estatuas, llenan un espacio sustancialmente vacio.  A cada lado las enormes paredes del edificio como alas que protegen  o encierran los claustros. 

Afuera el alto muro que delimita el recinto con su entrada amurallada y sus torres de castillo medieval. Las fotos caen sin saber muy bien que buscar, que enfocar, sin saber diferenciar lo importante de lo más importante, y el hecho es que lo importante es todo. Pero la posición del sol no acompaña tanto como para sacar unas fotos de concurso, aunque al menos serán testigos de mi paso por este fascinante rincón de la arquitectura valenciana que sin embargo te transporta al corazón de la sierra madrileña, pues no puedes dejar de atisbar un ligero parecido con el monasterio de El Escorial. Tras las fotos que captan el momento de belleza del instante sigo por la antigua ctra. de Barcelona hacia el vecino pueblo de Tabernes Blanques. Hago rápido este tramo de carretera deseoso de huir cuanto antes del intenso y rápido trafico que se mueve a velocidad vertiginosa en pleno casco urbano. Luego nos critican  a los ciclistas por ir por las aceras... 

Llego al antiguo mercado municipal, un coqueto y pequeño edificio que parece de madera al más puro estilo del cuento de los tres cerditos. Aquí giro a la izquierda hacia el molino Canyars. Pero estuve allí hace un par de semanas en la infortunada ruta en que acabo mi cámara en la acequia de Moncada y  por la cual tendré que repetir esa ruta. Al final decido no entrar nuevamente al molino por la historia que me conto su propietario con las ratas en las palmeras, en su lugar giro a la derecha a su altura y tomo el camino junto al canal, ya me pensare lo del molino en la siguiente visita. Es una vuelta un poco tonta pero quería salir de la carretera a la que llego ahora otra vez. A mi derecha la parte trasera de la ermita de los Desamparados, una ermita estrecha y esbelta, muy sobria y a la vez con detalles en los que vale la pena detenerse a admirar. Cruzo la carretera para obtener una mejor visión del modesto templo. 

A la izquierda cruzo el puente sobre el Carraixet y ya al otro lado llego a la cruz cubierta de Almàssera, entre la fábrica de Dacsa y el solar del antiguo acuartelamiento que por fin han derruido. 

Me adentro en el pueblo hacia la plaza del ayuntamiento donde hay una casa con una preciosa fachada de mosaico y rejas de forja en las ventanas y un gran portalón de madera, toda una preciosidad lejos del prefabricado e impersonal perfil de aluminio y ladrillo o directamente lucido y pintado cundo no una huida hacia adelante en un abstracto modernismo que no enciende pasiones pero inflama la conciencia del buen gusto.  De ahí hacia la iglesia que queda en la siguiente calle y vuelta atrás hasta el margen izquierdo del barranco del Carraixet. 

Lo remontaré hasta la Mirambell, allí me adentro brevemente en el pueblo para ver la ermita que me dejé en la ruta: Riba Roja Horta Nord: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2013/10/riba-roja-horta-nord.html  mucho más austera que la anterior esta ermita de San Juan Bautista, pero sin embargo sigue trasmitiendo ese particular mensaje de sosiego que caracteriza estos lugares. Regreso al barranco y al polvoriento camino hasta Vinalesa. 

Allí me adentro en el pueblo después de haber tomado una instantánea del molino de Alfara con el seminario de Moncada y la sierra Calderona como telón de fondo. Me adentro en Vinalesa para llegar a la acequia de Moncada. Primero al partidor de la Filá y luego siguiendo el curso del agua hasta la antigua fábrica de Seda, hoy reconvertida en centro cívico que acoge todos los servicios básicos del municipio convirtiéndose en el auténtico centro neurológico del pueblo

La fachada norte junto a la acequia es la que más elementos arquitectónicos ofrece, y el paso del agua junto al puente bien merece un momento de  contemplación. 

Luego sigo hacia la ermita de Santa Bárbara. Levantada en una plaza frente al emplazamiento original del pozo. Un reloj solar es el elemento más llamativo a parte del panel de azulejos con la imagen de la santa. Atravieso la plaza y retrocedo hasta la fábrica a la que rodearé para salir hacia el este y volver a buscar la acequia de Moncada junto a un parque que será el punto elegido para el almuerzo y un ratito de descanso. Desde aquí tengo enfrente la ermita del Santísimo Cristo de la Sangre. También tengo una vista con varias de las chimeneas que se conservan en la zona recortando silueta sobre las montañas. Me pongo en marcha hacia la ermita. 

Un campo sembrado de coles y detrás otro con las naranjas a punto de ser recolectadas, dan paso al roto perfil del pueblo de Foios con su campanario a un lado y el viejo depósito de agua al otro. Estos antiguos depósitos son ya un bien arquitectónico de los pueblos que aún los conservan, como los son las chimeneas de ladrillo que se elevan hacia ese cielo que no hace tantos años llenaban con su humo negro. 

Llego a la ermita que se sitúa en una parcela cerrada aunque puede observarse el pequeño edificio sin mayores problemas bajo la pinada en la que se cobija. Me adentro en el pueblo hasta el edificio de la Casa de Cultura; este rústico edificio son las Antiguas Escuelas Municipales inauguradas en 1917. El estilo arquitectónico del edificio se enmarca dentro del modernismo valenciano y es una especie de “trencadis” pero con piedra en lugar de azulejo aunque también destaca una cenefa con este material. Al otro lado un precioso y fresco parque. Callejeo un poco por el pueblo y un gran edificio a mi derecha llama mi atención, ya que estoy aquí voy a ver qué es. La vía del metro corta mi paso y retrocedo hasta la estación y el paso al otro lado. Es la antigua fábrica de Yute que en la primera mitad del siglo XX fue una gran empresa para la fabricación de sacos y fibra textil. Rodeo toda la extensión intentando ver restos de esta vieja fábrica pero en su lugar solo encuentro un moderno y feo polígono industrial, luego me adentro otra vez en el pueblo hasta la iglesia que veía desde los campos. 

Un impresionante frontón con un no menos grandioso campanario es la iglesia de la Asunción. Salgo del pueblo como si volviera a la ermita y a medio camino giro a la derecha junto a unas fábricas. Otra vez en la huerta. Otra vez entre naranjos, coles, alcachofas, cebollas… otra vez al origen. Sigo adelante por un camino serpenteante que poco después muere en la acequia que hoy me acompaña. 

A la derecha veo el molino de Albalat. Por unos pocos metros tendré que andar por encima del muro de la acequia hasta llegar al camino. Allí giro a la izquierda pero el camino muere en una valla, marcha atrás y me adentro en Albalat dels Sorrels. No tenía programada esta visita y me sorprende encontrar el castillo. Una vez visto es el faro que guía mis pedaladas. Paso bajo las vías del metro y me adentro en el pueblo. Al fondo la iglesia, pero un entierro me aconseja no acercarme hasta allí, no parece el mejor momento, así que concentro toda mi curiosidad en el castillo. Pronto salta a mi memoria el castillo de Alaquás, quizá un poco más grande pero del mismo estilo de edificio señorial fortificado y que hoy día albergan las sedes de los ayuntamientos. 

Menuda joya he encontrado hoy sin proponérmelo. Llego hasta la vía y sigo dirección norte junto a ella mientras pueda, luego buscaré la forma de cruzarla, pero antes llego a Emperador para visitar la ermita de la Mare de Deu del Roser. 

El pequeño edificio se haya estrangulado por edificios de viviendas, y entre los coches aparcados delante y los árboles apenas se distingue del entorno si no fuera por la espadaña que aloja las campanas y que lo identifica como edificio singular entre tanta monotonía. Ahora si cruzo las vías y me dirijo hacia Museros, hacia la ermita de Sant Roc. 

También en parcela cerrada me conformaré con verla desde fuera, tras su reja verde, verde como los cipreses, los olivos o las palmeras que reposan en su silencio a pesar de estar junto a un colegio. En la placita hay otra casa que llama mi atención por un panel de azulejos que representa una Valencia tan lejana y tan cercana al mismo tiempo que parece no tener sentido. El tiempo detenido en un instante de orgullosas tradiciones.


Sigo adelante. Callejeo hasta la rotonda que sale de Museros hacia la siguiente rotonda entre Massamagrell y el barrio de la Magdalena, este tramo lo hago por un carril bici junto a la carretera pero exento de ella. En la segunda rotonda el tráfico propio cerca de un colegio. Giro a la izquierda hacia el convento. Antes paso junto a un instituto y una jefatura de policía local instalada en lo que parece fue una antigua alquería. Al final de esta calle está el convento de Santa María Magdalena. 

Había visto fotos de este convento y tenía intención de venir a verlo, en realidad el resto de la ruta se planificó para rellenar el hueco hasta aquí. La fachada principal alta y lisa, solo rota por el rosetón y los murales de azulejo a modo de vía crucis, queda algo insulsa y me imagino dentro del recinto los claustros y pórticos que me quedaré con las ganas de ver, en cambio la parte oeste con sus tejados, sus muros y contrafuertes, sus capillas sobresaliendo en forma semicilíndrica y con tejados acampanados ya dan otra imagen del edificio que me deja otro sabor. Unas fotos y enfilo hacia la última visita programada para hoy. Continúo junto a esta fachada toda la calle recta, al final a la derecha hasta la carretera, giro a la derecha y tercera a la izquierda hasta encontrar la ermita de la Virgen del Rosario. Vestida como una casa más del barrio solo destaca su campana y las indicaciones de mi amigo Vicente http://www.ermitascomunidadvalenciana.com/novedades.htm para poder localizarla. A partir de aquí solo toca volver a casa. Busco el carril bici pegado a la CV-32 que atraviesa el P.I. aunque también podría haber ido directamente hacia el oeste pero quería evitar esta carretera que lleva hacia la A-7 que tendré que cruzar una vez superado el polígono. 

Antes y desde la pasarela que cruza la autopista tengo vistas de los campos de Rafelbuñol en el que algunas masías se desmoronan ante la atenta mirada de los naranjos que miran, cada vez desde más cerca, como se acercan los polígonos industriales o las carreteras que cada vez los cercan más y más. 

En cambio al otro lado y justo junto a la autopista se alza otra masía en perfecto estado de conservación y explotación, dedicada hoy a la hostelería. 

Se ha habilitado aquí una pasarela-carril bici para cruzar la autopista, supongo que saldría “más barato” que hacer el puente un metro más ancho para habilitar allí el carril bici. Este sigue ya junto a la carretera de Náquera y no lo abandonaré hasta llegar a la rotonda con el camino de Llíria. Allí giro a la izquierda y acabo de atravesar este polígono industrial que parece que ha crecido de la nada, o mejor dicho de las raíces de los naranjos que cubrían este territorio y que están en claro retroceso. Este camino asfaltado y con poco tráfico aunque mucho más del que desearía, me llevará, pasando junto a un centro hípico donde un caballo nervioso se asusta más de la bicicleta que de los coches, igual que muchos peatones, si hiciéramos más ruido, fuéramos más grandes, más rápido, más peligrosos, tuviéramos siempre preferencia y cuando no tuviéramos las de ganar y contamináramos más… seríamos coches y se acostumbrarían más pronto a nosotros. Luego una ligera depresión al vadear el barranco de Porta Coeli antes de llegar al cruce de la carretera Bétera-Náquera. Allí a la izquierda sobre el puente del Carraixet que tras cruzarlo abandono a la derecha bordeando el pueblo en busca del parque y de este a la carretera de La Conarda, El Perigall y el paso inferior de la CV-35 junto a la masía de San Antonio. 

Bétera brinda una última postal a esta estupenda ruta. Ya al otro lado de la autovía me dejo llevar por la telaraña de calles en las urbanizaciones de L’Eliana hasta el paso inferior del metro en la estación de Montesol. Atravesado el barranco de Mandor subo hasta las urbanizaciones ya en el término municipal de Riba Roja, y casi en línea recta hasta el río en masía de Traver. Bajo el intenso sol de mediodía la humedad ya no se deja notar tanto y estoy deseando llegar a casa para que la cerveza haga su hidratante trabajo.