jueves, 2 de mayo de 2013

Almardá-Estany de Nules



Por fin tocaba atacar esta ruta que se estaba oxidando en la memoria del GPS. Iniciaba, desde Almardá, la segunda salida por esta zona que me iba a llevar, por la orilla de la playa, casi tanto como se pudiera, hasta el estany de Nules, un magnífico lago interior, pequeñito pero con una cuidada imagen. Empecemos a pedalear.
Poco antes de las 9 me calo los pedales y empiezo a dar pedales por la calle de la parada del autobús hacia la rotonda que separa las playas de Almardá y Corinto. En el cruce a la izquierda hasta llegar a la avenida Europa, que es la carreterita que pasa por la casa Periya y sigue, a la derecha hacia el camping. 

Giro a la derecha y enseguida tomo un pequeño camino, una acera más bien, junto al canal, este camino rodea una nueva urbanización y llega hasta delante de la entrada del camping. Llego a la rotonda de la Gola de Queralt y busco entre el parking la aproximación al paseo marítimo. Casi desierto a primera hora de la mañana. 

La calma y la soledad solo se ven rotas por algún caminante que busca esta misma sensación de tranquilidad. El sol es un todo que reflejado en el interminable mar abrasa el horizonte y va poco a poco calentando la mañana, de momento la suave y fresca brisa marina gana la partida. De la zona de nueva construcción, con terrenos por urbanizar, paso a la zona de casitas viejas, tan pegadas a la playa que esta no tiene espacio para retroceder ante el empuje del mar, la solución son las escolleras que intentan parar los temporales librando una luchando piedra contra agua. Ni ley de costas, ni 100 metros, ni playas para todos, ni montañas públicas, ni… Al final resultará que no hay una generación ni-ni sino toda una sociedad. Continúo para llegar al puente que cruza la gola de La Llosa. Una tarima de madera a modo de camino llega hasta una especie de cenador, allí, puedo, por una pasarela bajar hasta la zona acondicionada como parking para unos metros más allá retomar un pseudo camino junto a la orilla. 

Los cantos rodados compactados posibilitan el rodar por este camino aunque con alguna incomodidad. Llego hasta otro camping y luego encuentro el paseo marítimo de la playa de Xilxes. Los lujosos y modernos chalets se mezclan con las más modestas casitas de pescadores de toda la vida. Varios espigones compartimentan la playa, y la arena, sembrada de palmeras aquí y allá, crean un bonito ambiente para los bañistas que en pocas fechas inundaran esta costa. 

Los pescadores toman posiciones sobre los espigones intentando ganar unos metros al mar para estar más cerca de sus capturas. 

Llego hasta el mirador que se adentra en el mar por una pasarela elevada, una foto y sigo adelante. Salgo del paseo para encontrar camino junto a la orilla y bordear una caseta que guarda vértice geodésico, no es visible así que sigo adelante abandonando la línea de costa para tomar un camino algo más adentro y llegar a la urbanización la torre, en la playa de Moncofar. Transito junto a la arena tanto como puedo, luego las casas se acercan tanto al mar que me obligan a tomar una calle interior paralela, esta muere ante un montón de tierra que cierra el paso y da por terminado el camino. Vuelvo atrás, giro a la derecha y sigo adelante viendo como la primera calle también está cortada, la segunda llega a una rotonda que tiene una valla, abertura en esta me permite entrar en la paralizada macro urbanización que está proyectada aquí. 

Las calles, las aceras, las farolas, los hoyos de los edificios, unos con cimientos y pareciendo un lago, otros aún vírgenes y con las plantas como únicos habitantes. Callejeo en busca de un camino que baja hacia la playa junto a la torre de Biniesma 

La torre se construyó alrededor del 1547 para proteger y avisar de la invasión y de los ataques de los corsarios turcos. Los pocos restos que quedan de la torre parecen querer hablar. 

La sensación es diferente, quizá sea por el sonido del mar amortiguado por las piedras a modo de barrera para apaciguar la fuerza del mar, pero un rato aquí se hace distinto. Tras esta visita cargada de historia retrocedo hasta el hueco de la valla y sigo camino. Las vallas, que delimitan el PAI Belcaire Sur, me obligan a dar un fenomenal rodeo, en la actualidad esta “urbanización” se encuentra sin ningún tipo de actividad por los múltiples litigios que ha originado por diversos intereses económicos, estamos hablando de 258.000 m2 de recalificación de tierra rústica en urbana. Todo esto lo explica mucho mejor Pepe, conocedor de la zona en su crónica: http://lermitamon.blogspot.com.es/2009_08_01_archive.html 

Cruzo un puente sobre el encauzado río Belcaire para llegar a la otra zona de macro urbanización, esta sí que está algo urbanizada, con monstruosas torres de apartamentos, unas terminadas y casi vacías y otras con los esqueletos de hormigón desnudo expuesto a la brisa marina, que bien les va a venir eso a las estructuras de hierro y hormigón. 

Callejeo para acercarme a línea de playa y retroceder hasta la desembocadura del río para ver las dificultades que hay para acceder a un monumento histórico casi abandonado y perdido en una playa, sin ningún tipo de señalización ni acceso. Continúo camino y llego al paseo marítimo del Grao de Moncofar. Tras pasar el canal de Masbó el paseo desaparece de primera línea de playa puesto que las casas se adentran tanto en la arena que hacen imposible este paseo. Sigo por una calle con casas bajas a la derecha y con edificios de diversa altura a la izquierda. Enseguida llego a la plaza de la “O” , decido que este es un buen lugar donde hacer la parada del almuerzo. Me adentro en la playa y tomo asiento a escasos metros de las rompientes olas. El sol, que ya ha ganado altura, ya no pinta de oro la superficie del mar, ahora solo logra encender fugazmente los rizos de las olas, aunque la brisa marina sigue refrescando el ambiente más de lo deseable. Después de almorzar, y depositar las sobras en las papeleras de la plaza, sigo por la calle de antes para girar en breve a la izquierda por la carretera de Moncofar y llegar hasta la salida del pueblo. Allí a la izquierda está la ermita de la Magdalena, otra aportación del amigo Vicente. 

Admiro su entrada porticada y su arquitectura escalonada delante de una placita con árboles y junto a un barco y unas ruedas de molino al otro lado de la carretera. Breve visita y sigo camino junto al barco para, un par de calles después, girar a la derecha y volver a buscar el paseo marítimo. Entre el final de este y el camping el camino se acerca tanto a la playa que los cantos rodados y la arena hace imposible acercarse al camping. Tomo un camino algo más adentro hasta la misma pared del camping, vuelvo hacia el mar y paso entre la valla del camping y unas piedras que ofrecen algo de protección frente a las mareas. De poco me sirve esta incursión pues después tendré que volver a adentrarme hasta la carretera ya que el camino desaparece de la costa. Así llego, por asfalto, hasta la playa de Nules. En la primera calle vuelvo a buscar el mar y sigo por un camino entre las casas y el mar. Sin paseo marítimo pero por un camino compactado que permite rodar. 

Paso la primera zona de chalets y llego a las casitas de pescadores con su pequeños patios delanteros y su colorida y tradicional arquitectura contrastando con la modernidad del faro de Nules allá al fondo. Otra vez la arena le gana el pulso al camino y me obliga a ir por una calle paralela. 

Llego hasta el faro y me acerco a verlo, nada importante, así que continúo para llegar, un poco más allá, a la gola de la acequia el Bras y las compuertas de regulación de la acequia y del Estany. 

Me acerco ahora al Estany, donde un enorme eucalipto preside la entrada y da sombra junto a la parada del autobús. En el rincón de la derecha unas mesas de picnic bajo una joven arboleda. Patos y gansos campan a sus anchas en lo que es su casa, acostumbrados al ir y venir de las personas. El lago no es muy grande pero es una magnífica zona húmeda para la fauna y la flora y un maravilloso rincón para pasear y desconectar un poco del ajetreo de la ciudad. 

La visita no dura mucho tiempo ya que es un pequeño rincón, así que continúo hasta el final del pueblo ya que allí hay otro V.G. el de Fonfría, tampoco es visible ya que está encaramado en la azotea de una finca roja. 

Llego hasta el espigón que marcará el punto de retorno de la ruta. Tras rodear el V.G. busco una calle que me lleva a la parte de atrás del estanque para poder admirar otra vez sus preciosos rincones. Cruzo al otro lado de la acequia y giro a la izquierda, llego a la confluencia de dos acequias y paso a la “V” que forman estas dos. Allí arranca, pegado al canal de la derecha, el carril bici que llega hasta Nules, pero esto quedará para otro día. 

Ahora tomo el camino de la izquierda dejando la otra acequia a mi izquierda. A ambos lados del camino y del canal muchas casetas de campo alimentan sus tierras de las numerosas acequias que surcan esta zona premarjal. Cruzo la carretera de Nules: aquí podría haber pasado al otro lado del canal, pero he preferido seguir recto. Al final el camino hace una ligera curva y muere unos metros más allá bajando al cauce de la acequia que se podría vadear si estás dispuesto a mojarte un poco los pies, ya que al otro lado el vado sube hasta el camino. Lo de mojarte los pies es porque el fondo, justo aquí, es irregular, un palmo después, donde no hay posibilidad de pasar con la bici ya está cementado. 

Decido dejar el baño para otro momento y vuelvo atrás para cruzar por una pasarela sobre la acequia. Giro a la izquierda y sigo el camino que se aleja ahora de la acequia y se mete entre los campos, principalmente naranjos. Me acerco a Moncofar y una masía a la derecha llama mi atención, como no está lejos decido acercarme a ver si hay algo interesante. 

Embutida entre campos de naranjos y rodeada de pinos y palmeras se levanta esta extraordinaria casa con una arquitectura peculiar. Luego cruzo el pueblo pasando por delante de la iglesia y sigo recto. Salgo del pueblo para ir otra vez entre naranjos. Llego a un cruce de caminos y veo una señal en la misma dirección que llevo que indica la Vila Romana. Llego a una granja donde veo una vaca pequeñita mamando de las ubres de una vaca grande, no soy el único que mira tan tierna escena. Sigo para cruzar el cauce del río Belcaire por un vado. Otro cruce de caminos y sigo la señal. Llego al lugar indicado en el GPS y menos mal porque las señales han desaparecido. 

A falta de señales el lugar se reconoce por 3 pinos junto al camino y un estrecho canal de riego frente a ellos. Andando por el canal, a 90 metros están las ruinas romanas. Con la bici tomo el camino desdibujado a mano izquierda unos metros más allá, y tras los 90 metros me acerco al canal para ver las 4 piedras y dos pequeños fosos que allí quedan perdidos entre un abandonado campo de naranjos. Regreso al camino y continúo. Otro cruce y otra vez las señales, ¿esto es cachondeo o simple estupidez del “tontolaba” que decide poner las señales? La otra opción es que sea del riego y que no le de para más, con lo que la estupidez pasa a ser de quien le haya contratado… y así podemos seguir subiendo escalones en ayuntamientos, mancomunidades, fundaciones, consellerías, diputaciones, etc.

En este cruce giro a la izquierda e inmediatamente a la derecha. Ahora veo un hito de cemento a modo de miliario que indica que esto es la vía augusta. Que digo yo que siendo que unos metros más allá están los restos de la Vila Romana igual hubiera sido un buen sitio para poner este “miliario”. Luego por este mismo camino iré encontrando la otra señalización de esta vía: los bordillos azules y blancos, hay 4 ó 5 en menos de un Km. y en otros puntos del camino nos perderemos por no haber puesto una señal, esto es todo o nada, lo dicho; va ser del riego. En el cruce como antes: izquierda y derecha para ir aproximándome a la vía de servicio de la AP-7. transitaré unos metros junto a ella a la altura de Xilxes. 

A mi izquierda tras los cultivos se levanta la ermita del Stmo. Cristo de la Junquera. Una coqueta ermita casi perdida entre naranjos con unos bancos a la sombra que invitan al descanso. 

Unas fotos y continúo para girar a la derecha junto a una abandonada estructura que bien podría ser una antigua granja. Siempre a la derecha en los siguientes cruces del camino para entrar, junto a la acequia de la Raya en lo que parece una enorme extensión de zona inundable de cultivos. Después cruzo la acequia del Pouets y giro a la izquierda. Tres enormes palmeras se autoprotegen bajo una impenetrable capa de ramas y hojas caídas. No quiero ni pensar en la fauna que habitará ese inframundo. El camino hace un amplio giro a la izquierda y me lleva hacia la Muntanya Blanca, a los pies de la cual está L’Estany de Almenara. Llego a la carretera, justo enfrente un camino cerrado con una cadena llega hasta el observatorio de fauna de Casablanca.
En lugar de entrar por ahí decido tomar el carril bici a la derecha y llegar hasta la entrada del área dels Estanys. Tomo el camino de la derecha y me acerco a una pequeña área de mesas bajo una impresionante arboleda. Luego vuelvo hacia la entrada y tomo ahora el camino de la izquierda por asfalto hacia arriba. Un área delimitada con valla de madera queda a la izquierda sobre la arboleda que acabo de visitar, a la derecha del camino un vertedero, que me pregunto yo que ¿para qué están los eco parques? Puestos a desplazarte no es igual un sitio que otro? Y si tiras los escombros y trastos en un lugar autorizado te ahorras multas y tener que tirar a escondidas los trastos, y sobre todo dejas de ser un impresentable y un capullo, por no pasar a palabras mayores. Unos metros más allá una cadena cierra el camino que sube a la derecha hacia la abandonada cantera. Paso entre unas piedras y empiezo a subir. 

Allí arriba la vista es impresionante. En primer lugar el pequeño estanque junto a la montaña y los naranjos, tras él una barrera de cañas y juncos delimitan el camino de los miradores, y tras este la marjal que se extiende casi hasta el mar. A la izquierda de la montaña la zona inundable por la que he pasado hace un rato y que se prepara para recibir el maíz que pronto se plantará. El sitio es una maravilla por las extraordinarias vistas que ofrece, así que decido parar aquí para comer. Como el sol no aprieta demasiado y el airecito sigue refrescando, me calo la gorra y busco acomodo entre unas rocas planas entre tomillos y romeros. Ya solo falta que la cerveza aún esté fresquita. Doy cuenta del bocata mientras observo el inacabable paisaje con los mil y un detalles que ofrece la marjal en su camino hacia el mar; con las urbanizaciones que han colonizado la playa, con la chimenea aún visible entre los eucaliptos de una antigua fábrica, con las antiguas casas de labor diseminadas aquí y allí entre los campos, con las masías reconvertidas en cuadras por el creciente interés turístico de los paseos a caballo, con el mar inacabable que todo lo empequeñece o por el aroma de nuestro azahar que todo lo inunda. 

El espectáculo es soberbio, la dura subida ha merecido la pena. Acabo el bocata, guardo en la mochila la vacía lata de cerveza y el papel de aluminio que ahora pesan y ocupan menos y me lanzo hacia abajo para recorrer, ahora sí, el camino que rodea L’Estany. El antiguo molino cerrado creo que es ahora un centro de interpretación e información, pero cerrado informa poco. Menos mal que los carteles hacen su función. La zona de mesas y paelleros es un bonito lugar a la sombra de una creciente arboleda. El sendero se ciñe al lago y pasea junto a él. Una senda sube, a mano derecha a la montaña que veía desde mi atalaya durante la comida. 

Decido subir para obtener otra vista privilegiada del entorno. Algunos pescadores ocupan sus numerados puestos de pesca en pequeños muelles que se adentran sobre el agua. Recorro el sendero para llegar primero al manantial que nutre de agua clara y fresca al estanque. Luego sigo bajo la frondosa arboleda y llego al desvío de los miradores. 

Visito uno, el de Taiola, y luego el otro, el de Casablanca, dando la vuelta completa a esta pequeña joya y recorriendo en dos ocasiones este camino entre el parking y el desvío a la derecha que me saca del anillo del lago. Llego a otro camino y tomo a la izquierda en dirección al mar. Los campos anegados a ambos lados no ofrecen otra salida mas que seguir adelante. 

Otro cruce de caminos y ahora a la derecha dejando al frente el camino que llega al camping, me acompaña otro canal a mi izquierda. Este tramo de recto camino se acaba en un giro de 90 grados a la izquierda, dejo los caminos que salen a mi encuentro y sigo con el canal pegado a mi izquierda hasta que tengo que cruzar el canal y la carretera que va desde casas de Queralt hacia La Vall de Segó. Sigo recto sin ningún canal que seguir, paso junto a varias cuadras y el camino sale a al carretera de Quartell frente a un área de recreo cercada y cerrada, igual que la casa de Periya unos metros más allá. Pasado el puente decido dejar la Av. Europa para otra ocasión y me adentro, a la izquierda por las urbanizaciones que me irán acercando a casa de paso que voy conociendo el vecindario. 

El último espacio a visitar es un pequeño parque que tal vez fue, o que simula, un antiguo barranco o gola de la marjal al mar. Llego a casa a tiempo de tomar un café granizado mientras les cuento las batallitas del día y me pongo a mirar las fotos que he hecho hoy reviviendo así las aventuras y emociones de la rodada.