martes, 17 de abril de 2012

Tartalona-Zagra-Los Felipes

Hoy tocaba la última de las tres rutas previstas por la parte noreste del pantano de Benageber. En mis anteriores rutas: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/03/calles-vado-de-moya-embalse-benageber.html y http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2011/12/calles-tartalona-ftecabera-embalse.html  
ya llegué hasta el Collado del Moro. En aquellas ocasiones tomé los caminos de la izquierda del barranco. Hoy tomaré la parte derecha, el camino de la Pasadera.
La ruta la empiezo en la fuente de La Tartalona. Llegar hasta Zagra desde Calles, con los desniveles acumulados en la ruta de hoy, no es una buena idea, así que voy en coche hasta la fuente y aquí comienzo la ruta. El viento se atenúa considerablemente metido en el barranco ya que las montañas lo desvían hacia arriba, aun así hay rachas que llegan y se dejan notar mientras hago los estiramientos de rigor. El viento irá rolando a lo largo de toda la ruta, pero ahora es del noroeste y trae un biruji impropio de estas fechas, ¡qué poca vergüenza! Acorto los ejercicios y me pongo a pedalear o me volveré a casa. De inicio subida. Esto no es más que la tarjeta de presentación de la ruta. En el cartel de La Tartalona giro a la izquierda y continúo hacia arriba por asfalto. Un poquito después comienza la bajada hacia el refugio de la Perdiz, izquierda y sigo hacia el desvío del Vado de Moya y Collado del Moro. Allí paso al otro lado del barranco y sigo en descenso. Esta alegría no durara mucho ya que enseguida el camino comienza con sus toboganes. Continuos repechos intercalados entre cortas bajadas que, con el estado del pedregoso firme, no permite lanzarse a gran velocidad. Las suspensiones las llevo locas, ahora las abro ora las cierro. Cuando los árboles cercanos lo permiten veo el bosque, un bosque que parece inacabable.
Una manta de pinos, un oleaje de pequeñas ramitas verdes batidas por la fuerza del viento, una marejada que trae consigo los aromas del bosque mediterráneo. Este paisaje me acompañará durante toda la ruta, es la seña de identidad de esta parte de las montañas valencianas. Veremos lo que duran estos bosques. Por fortuna la conservación en esta zona es bastante buena y los bosques están perdurando en buena forma. El camino va girando a la derecha y comienzo una subida bastante rota pero que permite rodarla, no sin dificultad, con continuos arreones de potencia para salvar algunas zonas complicadas en medio de la importante subida. Tras esta subida llego a un cruce, por la derecha viene un camino que va a parar al terraplén que he visto antes en la subida, y que me ha recordado demasiado al camino de la Hortichuela de la semana pasada.
Por fortuna el camino no es ese. Giro a la izquierda, luego otro giro pronunciado del camino también a la izquierda. Otro camino llega por la derecha, por este es por donde volveré luego, pero ahora otra vez izquierda para quedarme en la zona más próxima al barranco y al embalse que queda allá abajo, oculto por la impenetrabilidad del bosque. El camino comienza a tomar rumbo norte hacia fuente del Olmo y la Sazadilla. El giro me permite una vista más amplia ya que ahora el curso del río abre otro panorama entre las montañas y los barrancos que desaguan en él. Adivino el río allá abajo, bajo el Cerro Campana, la única montaña de la zona desnuda de árboles, tras ella el Picarcho, allá por Talayuelas, domina las alturas. Acurrucada a los pies del Cerro Campana, la conocida aldea de La Olmedilla y, a este lado del río, mi objetivo de hoy, la aldea de Los Felipes. Continúo girando y puedo ver la muela de santa Catalina allá en Aras. Luego la bajada hacia la Sazadilla. La bajada no es muy pronunciada pero las piernas lo agradecen enormemente. Antes paso por fuente del Olmo. Una cantidad ingente de abejas se dejan ver y oír arremolinadas en el abrevadero buscando su porción de agua diaria. No es aconsejable una parada aquí, así que continúo hacia el área de recreo de Sazadilla.
 
Esta llega enseguida. Una balsa, unas mesas y un paellero junto a una bonita fuente bajo la arboleda. Me recojo en el interior del paellero para resguardarme del molesto y frío viento. Unas fotos, bocata y cerveza después continúo en bajada para llegar al camino de Zafra. Esta bajada si es importante. Son unos tres Km. de bajada con un desnivel interesante que lanza la bici antes de que te des cuenta. Pero las curvas cerradas y la gravilla obligan a retener los caballos si no quiero tener problemas. Lo que temo es la subida que hay a mitad de bajada hacia Zagra. Un Km. y medio de subida al 10% corta toda posibilidad de disfrutar plenamente de esta bajada. No me pilla de sorpresa ya que conocía el camino de haberlo recorrido en coche para iniciar en Zagra la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2011/05/cronica-zagra-charco-negro-laguna.html  
Las piernas se resienten de este repentino esfuerzo por más que las tuviera ya avisadas. Luego otra bajada me lleva hasta el primer desvío a la zona recreativa de Zagra. El cartel lo indica siguiendo el camino principal, pero abajo hay un refugio y una explanada bajo la imponente chopera. Otro repecho llega al desvío que a la derecha sube hacia Titaguas en una subida colosal: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2011/04/titaguas-aras-zagra.html
Sigo de frente en bajada hacia el río y llego al puente que cruza hacia La Olmedilla.
Llego hasta la estación de aforos del Turia en Zagra. Siguiendo de frente se llega hasta un par de fuentes y la piscifactoría, pero hoy no llegaré hasta allí. Bajo por una senda a la chopera para recorrerla a pie entre el denso follaje que cubre el suelo, no hay ni rastro de camino o senda. La hojarasca cubre todo el suelo formando un mullido tapiz de hojas muertas que crujen bajo mi paso al abrirme camino.
Nuevas hojas comienzan a poblar los árboles que pronto harán de este paraje una galería cubierta a la fuerza del Sol y comenzarán un nuevo ciclo que alimentará el suelo del bosque. Salgo del bosque junto al puente y retomo la subida. El Sol castiga a estas alturas de abril, pero el insistente viento no me permite quitarme la chaqueta que voy abriendo para refrigerar el cuerpo en los tramos de subida. Llego al desvío hacia Los Felipes que había dejado a la izquierda en la bajada. Ahora lo tomo y comienzo a descender de forma muy pronunciada. El camino está muy deteriorado, más conforme más abajo, debido al efecto de arrastre de las lluvias.
Poco antes del final de la bajada, la visión de la cola del embalse golpea como un ciclón con su potente color azulado entre la verde vegetación de ribera y la pinada. Es una imagen única. Poco más hay que ver aquí. La aldea queda encaramada a una loma detrás de un barranco. No hay camino visible por el que acceder a ella y en la bajada tampoco he visto ningún camino. El inexorable abandono de la aldea ha debido borrar el rastro del camino que algún día llegó hasta allí. Tan solo unos muros derruidos asoman tímidamente detrás de los árboles. El río llega desde La Olmedilla por lo que parece un canal.
El talud de tierra seca y resquebrajada permite ver la sed que tiene esta tierra de la lluvia que no llega. El embalse poco a poco se pierde en la distancia río abajo. Inicio la subida, la primera rampa a pie debido al portentoso porcentaje y el mal estado del firme. No quiero poner las pulsaciones a 1000 justo en la primera pedalada, tiempo habrá de eso más adelante. Poco a poco gano la altura del camino principal y giro a la derecha para iniciar el descenso que me ponga ante la subida principal del día. 5 Km. al 5% de media, pero con alguna rampa de notable consideración. La paciencia será mi mejor aliada. Todo cerrado y todos los hierros de subida puestos a mi disposición. El viento dando por… quiero decir que siempre da de cara, otro elemento contra el que luchar en cada pedalada. El implacable Sol se une a la fiesta y calienta que da gusto pero no puedo quitarme ropa de abrigo por el viento, es un círculo vicioso sin solución.
Sigo subiendo acompañado a mi izquierda por la cantarina corriente del barranco de Canales que crea pequeñas pozas entre las rocas y la vegetación. Ni empujo ni estiro, solo doy zapatazos y riñonadas a ver si consigo avanzar algo. Voy llegando arriba y la Zazadilla, como también se conoce la fuente es otra vez visible. Ya queda poco. Allí está la cima de la montaña. Paso la fuente e inicio un descenso, dejo atrás el camino a la derecha del Costa Hondo y sigo bajando hacia la casa Campana y la carretera CV-35. Antes de llegar, a la derecha, el camino que tengo que tomar, pero, ¿dónde está el camino? Metido entre la montaña se intuye, parece adivinarse, lo que algún día, vete tú a saber, fue un camino. Hoy no lo es, así que recalculo la ruta y vuelvo hasta el camino de antes. Ahora a la izquierda después de haber tenido que remontar la cuesta. Paso por un caserío abandonado y sigo descendiendo para encontrarme con el camino de la Pasadera. Ahora confirmo la impresión que me ha dado antes.
Es un camino pestoso. Piedras, grava, continuos repechos, curvas y contra curvas, más subidas que bajadas entre la ida y la vuelta, ya sé que esto es imposible, pero esa es la sensación que deja este camino. Quizá el cansancio tenga algo que ver, pero el camino tiene su miga aunque estés entero de fuerzas. Voy remontando repechos como si estuviera loco y hubiera entrado en un bucle. Esto no se acaba nunca por mucho que vea el collado del Moro allá delante. Cuando ya es indudable que voy a llegar me acuerdo de la subida hacia el refugio de la Perdiz. Pero eso ya es lo de menos, ese será el último esfuerzo.
Ya solo queda bajar hasta la fuente de La Tartalona donde hace 5 horas que comencé a pedalear. Llego destrozado. La sensación de haber estado todo el rato subiendo y no haber disfrutado de ninguna bajada es la sensación que me queda en el cuerpo. Pero gran parte de la culpa es por el viento. Es una lucha silenciosa, invisible, constante y que te mina las fuerzas mentales más rápido que las fuerzas físicas. El bocata me lo comeré junto a la fuente, y luego una pequeña siesta dentro del grandote me repondrá antes de volver a casa para poder contar esta aventura y recordar entonces todos los momentos buenos de cada una de las miles de pedaladas de la ruta.