miércoles, 3 de julio de 2013

Alfara de la Baronía-Sot de Ferrer-Azuébar-Dehesa de Soneja-Algar


Cuando el año pasado por estas fechas hice la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/07/puerto-de-sagunto-cara-del-oso.html  sin proponérmelo había cerrado un “circulo” que con el tiempo pienso completar, curiosamente la primera ruta de esta bitácora es el nacimiento del río Palancia, en la ruta arriba señalada hice la última parte del río hasta su desembocadura, el propósito de esta de hoy y otra serie de rutas que se avecinan, es ir completando ese “circulo” del que hablaba y que no es otro que completar el trayecto del río en su paso intermedio, para tener un camino, lo más cercano posible al viaje realizado por el río Palancia. Ayer remonté el río hasta Torres Torres, la idea era haber seguido hasta Alfara, pero un error de principiante me hizo aventurarme a la ruta sin tener cargado el track, como sabía buena parte de la ruta de memoria cuando me apercibí del error ya era tarde, y como no quería ir hasta Alfara por la vía verde, decidí cancelar la ruta en Torres Torres y volver a casa, ya habrá tiempo de volver a hacer la ruta completa. Así que vamos a contar la ruta de hoy.
En coche hasta Alfara. Aparco junto a la subida a la ermita y desde el inicio las pedaladas son “to parriba”. De haber sabido esta locura me habría marcado una vueltecita primero por el pueblo para calentar las piernas y no pillar la musculatura en frío para este reto. La subida es corta, unos 250 metros, pero de una dureza extrema con rampas por encima del 20%. Tras el calentón ya estoy para volverme a casa, pero no, aún quedan más de 50Km. por delante en un día caluroso, con un sol de justicia.

La pequeña ermita despliega todo su atractivo en la corta distancia, además, ofrece unas bonitas panorámicas a su alrededor. Tras la vertiginosa bajada tomo la carretera a la derecha y sigo subiendo aunque esta subida no la noto. En la bajada, a 100 metros tomo un camino asfaltado a la izquierda, esta pasa bajo la vía del tren, giro a la izquierda y remonto hasta la antigua vía, ahora convertida en vía verde. Ya sobre ella paso sobre el puente que salva el barranco de Arguines y entro en una parte encañonada de la vía, tajos hechos a la montaña para “calzar” el trazado del antiguo tren minero.

La vegetación que crece a ambos lados del camino está a punto de cerrar el tránsito, solo el constante trasiego deja una estrecha senda que obliga a circular en fila india por este tramo. El resto del tramo no tiene ninguna pérdida, más adelante encuentro un desdoblamiento en el cual la vía verde gira a la derecha y yo sigo recto para entrar en la urbanización Montes del Palancia, desde aquí bajo a la rotonda de la carretera que entra a Algar cruzando sobre la N225, la vía del tren y la vía verde, en la curva encuentro el desvío a la izquierda que llega hasta la presa de Algar. Una obra terminada en el año 2000 sin que haya almacenado jamás ni una sola gota de agua. Embalses si embalses no, no entraré en la cuestión pero, ¿era necesario hacer una presa para no almacenar agua? ¿O un aeropuerto para no utilizarlo, a menos de 80Km. de otro aeropuerto internacional  plenamente operativo...? 
El camino marcado en el GPS baja hasta el lecho del río, prácticamente seco excepto por una charca que se arropa junto a unas piedras de la ladera norte del cauce.

A mi derecha el muro de hormigón intimida con su inamovible impersonalidad. Sigo el camino que remonta el reguero de agua que es el río. Este está casi todo el tiempo desaparecido bajo los cantos rodados que jalonan el lecho del río. Las algas y musgo de los momentos de crecida blanquean ahora secas y polvorientas cogidas a las piedras en busca de una tregua que no les dará el sol del verano. En las paredes de los acantilados sobrevuelan águilas atentas al trasiego de los patos que amontonan en las pozas.

El camino cruza el seco río y se interna en un cañaveral casi infinito. Son 200 metros claustrofóbicos debido a lo hermético de la vegetación que crece sin control ante el ínfimo uso de este camino. Al salir de debajo de las cañas giro a la derecha para subir a la orilla norte del río abandonando el tránsito por el cauce. Ya arriba volveré a acercarme a la orilla y veré el río abajo, así transitaré junto a él hasta llegar a Sot de Ferrer. Callejeo en dirección al puente, a la CV-2210 que sale del pueblo hacia el sur para incorporarse a la N-234ª y luego a la A-23. Al final de la acera y antes de tener que entrar en la carretera sobre el Palancia, hay unas impresionantes vistas sobre el antiguo puente que entraba al pueblo.

Le falta su mitad norte, le queda su mitad más bonita, la que tiene, con sus dos ojos para poder ver el calvario, el palacio del Señor y la iglesia, sus lavaderos y sus calles estrechas. Le quedan dos ojos para que lo veamos esplendoroso en mitad del río, sin ir a ninguna parte y transportándonos a todos lados con la imaginación que se despierta con su sola contemplación. A su izquierda, metida entre las cañas la boquera de la acequia mayor de Sagunto, esta acequia es uno de los mayores litigios que hay en marcha para la puesta en funcionamiento de la presa de Algar.

Luego callejeo hasta el lavadero y la plaza de la iglesia, edificio anexo al palacio y que conforma una sola fachada espectacular. Hoy no hay tiempo para más y cruzo el pueblo hacia la montaña. Pronto el blanco calvario es el dueño de mi atención. El zigzag y sus estaciones de penitencia se encaraman por la montaña bajo la protección de los guardianes de estos sitios sagrados, los cipreses centinelas presentan armas esperando el paso bajo su sombra.

La postal desde abajo es espectacular, las panorámicas desde arriba inacabables. La subida al calvario es un clásico del btt por estas tierras. Lo sorprendente es que de entrada hay media docena de escalones a salvar, luego la rampa, que sin ser una brutalidad tiene la trampa de ser un camino de arena gruesa. La rueda se clava hasta enterrar media goma en la trampa de arena; una, dos, tres, cuatro pedaladas y estás muerto. Las piernas se niegan a pedalear por ese terreno inerte y movedizo que en tan poco tiempo ha gastado las reservas de media jornada. Más esfuerzo para no decir que he caído a la primera de cambio, pero al final lo más sensato es bajar de la bici y admitir la derrota. Un piso pesado hasta para subir andando. Con esta cruel gracia auguro un cada vez mayor descenso de fieles peregrinando hasta la hermosa ermita de san Antonio de Pádua. Al llegar arriba el cansancio desaparece y en su lugar una sensación de haber coronado el cielo se apodera de mí.

El espectáculo es tremendo: la Calderona se muestra completa desde una panorámica completamente distinta para mí. Cuesta reconocer las conocidas cumbres tantas veces recitadas desde el otro lado de la sierra. Abajo el pueblo; es como verlo en un mapa, desde arriba, adivinando los rincones que hace un momento recorría bajo la sombra de sus casas y al amparo de sus callejas. Y la ermita.

Una joya blanca tocada de la tierra que da color a su tejado. La espadaña vacía enmarcando el cielo, azul, tan azul como el remate de la cúpula y de las capillas. Y el pórtico cubierto para ofrecer una sombra amable y fresca en la que descansar del sol. Paro aquí a almorzar, no podría haber un lugar mejor. Me deleito entre bocado y bocado con la contemplación del paisaje. Hacia el norte las cumbres de Espadán también se asoman a la ventana. Abandono el lugar sabiendo que volveré. Ahora la dejo a mi espalda y sigo el camino marcado hacia el Navajo León. La senda no es complicada salvo en un par de escalones, que al fin y al cabo tiene más que ver con la técnica y las ganas de jugarse una caída que con otra cosa, allá cada cual. Esta senda también es típica de la marcha bbt y evidentemente, aquí en el monte, no reclamo un firme más compacto ni ningún tipo de actuación aparte de respeto y prudencia.

El navajo es un viejo aljibe de piedra, supongo que reconstruido debido al buen estado de conservación. La curiosa construcción es digna de la visita. Luego sigo entre el monte para salir a un camino que baja, la siguiente bifurcación a la izquierda me pondrá en dirección norte, subiendo y siguiendo el camino marcado previamente en el GPS y del cual ahora me alimento. Llego a una carretera de asfalto, giro a la derecha y la sigo hasta que empieza a bajar, luego tendré, a mano izquierda una bonita vista de Azuébar metido en el valle y flanqueado por las montañas.

Enseguida giro a la izquierda dejando el asfalto y tomando un camino que sigue bajando hasta la rambla de Azuébar o Jallar. Junto a la rambla, que queda a mi izquierda, remonto el frondoso cauce que despliega toda la variedad propia de la vegetación de ribera. Así llego al paraje de la fuente de la teja. Un área recreativa cercana al pueblo donde poder hacer un picnic al aire libre. Tras esta remonto para entrar al pueblo, sigo hasta la fuente que está a la salida del pueblo hacia Chovar. Allí un cartel indica el área recreativa de las Carboneras, allí comenzamos Roda i Pedal la ruta: http://rodaipedal.blogspot.com/2010/12/cronica-serra-despadan.html que siempre quedará en nuestro recuerdo. Llego hasta la fuente para reponer agua y mirar la rambla que seguimos en aquella maravillosa ruta, busco los recuerdos con la mirada en la curva de la rambla, en lo alto de las montañas, en los alcornoques que veo dentro de mi memoria en aquel imborrable recuerdo en el barranco de la Falaguera. Alargo la mano para llegar al lugar exacto donde comenzamos aquella ruta y así anclarla con esta ruta que hoy transito en física soledad. Cruzo la carretera y subo por la calle de las sillas, allí siguen algunas de ellas u otras diferentes, qué más da, el símbolo sigue aquí y por aquí me adentro en el pueblo. Sigo la calle recta hasta que la pared me obliga a subir a la izquierda, en una curiosa diagonal que salva el interesante zigzag de esta peculiar calle. Paso junto a la iglesia y sigo el cartel que indica al cementerio y la Peña“ ajuerá”, donde se han encontrado restos de una poblado de la edad de bronce. La Ajuerá es una cavidad que traspasa de lado a lado la montaña rocosa, casi en su punto más alto.

Un curioso monumento natural de indudable magnetismo pues hace, en cuanto la veo, que no pueda casi apartar la vista buscando, mientras subo, la mejor panorámica posible para una foto. La subida es constante pero no mata y el firme, de rojo rodeno desgajado, no presenta ninguna dificultad. Pero el calor es otra cosa. La primera ola de calor del verano me pilla en plena faena, y el peso de la atmósfera me aplasta contra el suelo, con lo que intentar subir la montaña aún empeora más las cosas. Mucha agua y mucha paciencia son la clave para seguir adelante. Tras el giro de 180º tengo la panorámica que iba buscando, luego llego al desvío que a la izquierda llega, por senda, hasta el mismo agujero. Unos metros más adelante un camino sube a la izquierda hasta las antenas que coronan esta montaña. En algún punto debajo de mí está el agujero en la roca que veía subiendo. Desde aquí arriba el pueblo se ve a vista de pájaro; el castillo, de origen musulmán al frente, es una ruina irrecuperable que poco a poco se va fundiendo con la montaña. Hacia el noreste las antenas del Puntal del Aljub, entre Chovar y Eslida, coronan la montaña que tengo en la carpeta de rutas pendientes. La sierra de Espadán me desafía nuevamente.

Hacia el este veo mi siguiente objetivo y plato fuerte de la ruta de hoy: El paraje natural municipal de la Laguna de la Dehesa de Soneja. Y hacia el sur toda La Calderona difuminada tras la calima. Me dispongo a bajar tras las extraordinarias vistas que he disfrutado desde aquí. Bajo rápido hasta incorporarme al camino, giro a la izquierda y sigo bajando hasta encontrar asfalto y sobre él a la derecha para transitar entre campos de cultivo. Poco después llegaré a una bifurcación, el asfalto sigue bajando hacia una cuadra con caballos que campan a sus anchas entre la montaña. Giro a la izquierda en suave ascenso y paso frente a un huerto solar, el cultivo aquí cambia radicalmente aunque el huerto, al fin y al cabo, no deja de ofrecer lo que se le exige. Poco a poco el camino empieza a ponerse bravo por la pendiente. Los próximos 3Km. de subida me depararán 125 metros de desnivel positivo, no es para morirse pero se agarra. El sudor cae a chorro resbalando por la cara y el sol lo noto como una losa, el peso de la atmósfera otra vez. Subo entre la pinada hasta llegar a la bifurcación. Recto se indica hacia la dehesa. Luego llego a una cancela que cierra el paso a vehículos y que a la izquierda permite el paso de peatones y bicicletas, aunque tengamos que bajarnos para pasar. Ya no hay pérdida y un poco más adelante llego a la laguna. El lugar es una autentica joya.

Un precioso humedal rodeado de exuberante vegetación que incluso crece desde dentro ahogando el perímetro de la laguna. Este humedal se forma por la impermeabilidad del suelo que retiene las aguas pluviales y las mantiene en superficie. Como tal, es la única laguna de montaña de la Comunidad Valenciana, todo un lujo y una rareza digna de visitar y que por fin debería dejar de ser una gran desconocida. Tengo un primer vistazo de la laguna y luego llego al mirador. Con un poco de altitud la perspectiva cambia. Junto al mirador un precioso y monumental ejemplar de pino piñonero. Pero el valor del paraje no termina ahí; un paseo por la zona nos lleva a descubrir la variedad de especies vegetales que hay en la zona, con paneles interpretativos cada pocos metros que nos explican la importancia de esta variedad. Siguiendo el camino giro a la derecha y me dirijo al mirador de la Peña la Cagá. Que nadie se ofenda que ese es el nombre. Para llegar al mirador, por un sendero perfectamente señalizado con balizas de madera, me bajo de la bici y la llevo a una rueda delante de mí.

Paso junto a la cantera de “ruejos” El Arenal. Los ruejos eran ruedas de molino de piedra, aquí se pueden ver algunas en distintas fases de elaboración. Más allá llego al mirador con unas vistas soberbias sobre parte del camino recorrido hasta ahora. El Pla de Almorós abajo parece el terreno neutral entre las dos sierras. Aquí, bajo un pino recuperaré fuerzas en la parada de la comida. Después del descanso me pongo otra vez en marcha; el nombre de El Arenal me lleva a confusión y por eso me dejo una parte importante de la visita en el tintero. Al llegar otra vez al camino principal este sigue a la izquierda hasta otra laguna llamada El Arenal y que actualmente está desecada, lástima que me perdiera esa visita teniéndola a escasos metros. Ahora el camino sigue recto, pero desconozco el estado del mismo a juzgar por el desnivel que tiene que salvar, así que vuelvo por donde he venido hasta llegar a la cancela, luego al desvío y allí giro a la derecha. La bajada es rápida por un camino con algunas cárcavas pero, en general, en buen estado. No hay que inventar demasiado la trazada correcta, esta salta a la vista y está perfectamente trazada sobre el suelo. La pendiente es muy similar a la de la subida y ,por tanto, la velocidad en bajada es rápida.

El camino baja junto al barranc de Escales, en el punto más bajo de este tramo un camino a la izquierda baja hacia la Font d’Escales y poco después se une al camino por el que subí a Alfondeguilla hace unas semanas: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2013/05/almarda-alfondeguilla-vall-duixo.html yo sigo recto en suave ascenso para después emprender otro tramo de bajada entre la pinada. Salgo de la pinada a la planicie que veía desde arriba cubierta de pinos. Llego a un cruce a donde llega el camino de asfalto que seguía antes de iniciar la subida a la laguna. Frente al camino, la curiosa entrada a una finca me hace detenerme y preguntarme qué será esto. Giro a la izquierda y el primer camino a la derecha. Esta pequeña área de viñedo me lleva rápidamente a otra zona de monte.

El camino se convierte en senda junto a otro barranco y la horadada montaña de delante pone su nota de interés a este tramo del camino. Recuperado el camino, este sale a la derecha una vez llegado a la carretera. Poco después cruzo un vado sobre la rambla de Azuébar o Jallar, enseguida giro pronunciando a la izquierda para transitar con el barranco pegado a mi izquierda. Con el giro me he quedado a escasos metros del giro que hice esta mañana para remontar la rambla y llegar a Azuébar. Luego pasaré junto a una masía; junto a ella, subiendo a la derecha, hay una fuente junto a una balsa. El camino baja hasta el barranco para vadearlo. Ya al otro lado se interna en la pinada para volver a subir. Rampas suaves, pero tanto rompe piernas al final se acaba notando, y más con un calor tan sofocante. Llego arriba a un inmenso campo de naranjos junto a una gran balsa de riego.

Tendré que rodearla para tomar el camino que llega hasta la presa. Más pinada y el camino que se vuelve a ceñir al barranco. Así llego hasta la puerta que cierra el paso a vehículos pero que habilita un pequeño paso a peatones y bicis. Enseguida se ve la estructura de la presa, y llego hasta ella.

La altura es enorme y aquí arriba un ligero viento se deja notar surcando el espacio aéreo que debería tener el río. La presa inútil por la que nadie pide responsabilidades y, por supuesto, nadie las asume. Una millonada inmovilizada para nada. Sigo camino pasando otra puerta similar a la de antes y viendo, a la derecha, el camino que he seguido esta mañana. Ahora giro a la izquierda y otra vez izquierda para bajar hacia el camino de entrada a Algar. Paso otra puerta y tomo un paseo habilitado junto al río. Preparado para albergar unas farolas que nunca han llegado, o sí, pero que hoy solo queda la instalación en el suelo. Este camino pronto encuentra a su derecha una acequia, esta se bifurca y sigue recto, junto a mí, la más pequeña.

Entra pegada a las casas y arrinconada por el paseo y, por este pasillo, llega hasta el lavadero, una bonita y remodelada estructura  junto a una jacaranda que engalana de azul el suelo de alrededor.

La acequia sigue entre una estrecha calleja, suficiente para pasar andando aunque no así con la bici. Rodeo la manzana para ir en busca del canal y encontrar otro lavadero al otro lado de este estrecho pasillo. Luego giro a la izquierda y bajo hasta la cisterna, de posible origen musulmán, frente a ella el puente nuevo, que recorreré después de un paseo por el “paseo del río” por el que llego hasta una fuente para recargar agua. Ahora sí voy a cruzar el puente por el carril bici-senderista que han pintado en la calzada.

Está claro que un carril bici separado del tránsito de vehículos es lo mejor para ciclistas, peatones y vehículos, cada uno por su lado sin ralentizar la circulación y sobre todo sin jugarnos la vida. Pero como esto es una utopía he ido aceptando la “mentira” de que pintar el arcén es hacer un “carril bici”, al menos eso alerta a los conductores de nuestra presencia en un espacio “reservado” pero ¿qué pasa en aquellas carreteras sin arcén? Pues creo que esta podría ser, no una solución pero sí, una forma de hacernos más visibles por esos espacios “reservados”, aunque solo sea porque un carril pintado llame la atención de los conductores. Voy por lo que era la antigua N-225, paso bajo el puente de la nueva nacional y sigo paralelo a ella y al río hacia Alfara. Giro a la derecha para cruzar el río por un vado y subir, al otro lado, hacia el pueblo.

Lo primero que encuentro es el lavadero y al frente la cisterna, ambos de época árabe y que eran muy comunes en estos pueblos, y que aprovechando el agua de la acequia abastecía al pueblo de agua. Hago la pequeña parada en el lavadero para admirar el correr del agua por la pila y como el agua sobrante rebosa para volver a la acequia, la cisterna, cerrada, solo se puede admirar desde fuera.  Por fin la ruta se acerca a su fin. Digo por fin por el tremendo impacto del calor durante todo el día, la ruta ha sido espectacular en todos los sentidos: paisajístico, cultural, y el enorme placer de poder ir en bici allá a donde uno quiera, solo hay que planificar un poco las rutas y ponerse retos y también algún que otro límite. Solo me queda callejear un poco por el pueblo para ir soltando las piernas mientras disfruto del agradable estar en estos pequeños pueblos de interior lejos del bullicio de las grandes ciudades. Muy pronto más rutas por el río Palancia.