martes, 21 de enero de 2014

Riba Roja-Alfara del Patriarca-Tos Pelat-Rocafort


Volvía al lugar del delito. Hace un par de meses realicé la primera mitad de esta ruta llegando hasta el molino de Moncada, lugar del delito. Allí, mientras hacía la foto del molino desde la carretera, o al menos lo intentaba, esta salió disparada de mis manos y fue a parar al fondo de la acequia, aquel día con mucho caudal y mucha fuerza. En el fondo del mar matarilerilerile… y allí se quedó. Yo con cara de tonto viéndola caer a cámara lenta y sin poder hacer nada para impedirlo. Las fotos que tenía hasta entonces perdidas y el resto de la ruta cambiado para venir directo a casa a llorar mis penas, ya la repetiría entera y haría todas las fotos para esta nueva entrada en el blog. Así que aquí estoy para repetir la ruta desde el principio. 

Salgo de casa a punta de sol. Desde el puente sobre el río la postal de un cielo incendiado por el sol naciente es indescriptiblemente bella. La mañana fresca, fría según el termómetro que indica 6 grados pero la sensación no es esa. De todas formas un pedaleo rápido me hará entrar en calor a excepción de los dedos de las manos que suelen sufrir en los primeros compases de las rutas invernales, luego cuando el dolor y la sensación de corcho pan se ha pasado ya vuelven conmigo y disfrutan del resto de la ruta, así que ahora mejor no molestarlos mucho con fotos y cosas similares. El camino del río como siempre un espectáculo. Con la luz crepuscular y con la luz que restan los cristales de sol de las gafas es casi como ir a oscuras pero no voy a llevarme otros cristales para cambiarlos en menos de media hora. 

Otra vez la foto del azud de la RAM. La tendré de todos los colores pues sé que en alguna nocturna también la hemos fotografiado a la luz de las farolas. Llego a Quart y allí dejo el camino del río para tomar el viejo camino de cuando íbamos a la playa por los caminos de la huerta, el Pouet y nos adentrábamos en los jardines del Turia bajando por el centro comercial. 

Me adentro hacia Paterna pasando junto al viejo molino de Batán. Después de pasar la ruina en la que ha quedado este edificio tras el incendio que sufrió hace unos años cruzo la vía de metro para girar a la derecha y seguir paralelo a la vía en todo momento. El mismo camino me obliga a cruzar, por un puente, la carretera CV-31 que separa Paterna de Benimàmet y la feria de Muestras. El megalítico edificio que ha ido creciendo con diversas caras arquitectónicas se alza junto al que en su día también fuera un símbolo de prosperidad de esa Valencia visionaria que se acercaba al siglo XXI a pasos agigantados: el velódromo Luis Puig. Tomo la rotonda a la izquierda y me adentro por la calle campamento, hacia el centro de esta pedanía de Valencia de los poblados de oeste. Llego al jardín de chalet de Panach. 

La antigua residencia se ha reconvertido en biblioteca pública y los jardines en lugar de recreo y paseo. 

Justo enfrente la iglesia del Ave María que llama la atención vista desde arriba por su forma de cruz y en la esquina justo antes de llegar a estas dos visitas una peculiar casona de una exquisitez absoluta. Luego continúo recto hacia el parque Cuevas Camales. Bajo los pinos, lo que podría ser un perfecto lugar de paseo es una carrera de obstáculos esquivando mierdas de perro, que hay más que piedras de gravilla en el camino, increíble. Pero no es solo un problema en este parque es la plaga de los tiempos que vivimos en todas las ciudades, donde es más fácil y cómodo andar por la carretera que por las aceras atestadas de cagadas y meadas de perro con su insoportable hedor. En fin. Llego a una rotonda y ya sigo las indicaciones visuales de otro nuevo centro comercial, nuevo al menos para mí. Antes de llegar a él giro a la derecha y me acerco al molino sobre el cajero de la real acequia de Moncada. Este molino queda metido en una especie de isla que la salida de la autovía ha hecho y lo ha dejado casi encerrado entre un vertedero y la carretera eso sí, con dos túneles de acceso que dan más miedo que una caja de bombas. 

Allí encuentro el molí de Bonany aunque también ha tenido otros nombres. El molino se encuentra a caballo entre los municipios de Beniferri y Benimàmet, ambos englobados en los poblados del oeste de Valencia. Muy deteriorado el pobre sigue siendo objeto de saqueos de los que fui testigo y del que me echaron a pedradas desde el tejado cuando hice mención de hacer alguna foto. Enfrente otro edificio de nueva construcción con una torre amarilla. Lástima de una casa tan chula en ese lugar. Salgo por el puente por el que he entrado. Toda la parte de atrás del C.C. está parcelada y preparada para edificarla, mientras tanto en las cercanías de esta “isla” los escombros son una montaña que crece y crece. Busco un paso subterráneo hacia Burjassot a la izquierda del C.C. este paso estaba cortado desde hace… ni se sabe. Ahora ya tiene un lugar a donde ir después de haber abierto el C.C. que alimenta esta carretera. Me dirijo hacia la estación de metro del Empalme. 

Una pasarela elevada es el lugar por el que quiero pasar de un lado a otro pero antes aún hay otras vías que cruzar y hay que ir con mil ojos para poder cruzar. La altura me da una perspectiva distinta de todo el conjunto, aún más caótico que a pie de calle y con la ultramoderna urbe creciendo ajena a los problemas que crea. Al otro lado de las vías me acerco al Palauet del Empalme o Palacete del Rosal. 

Un David contra Goliat, una verdadera obra de arte de estilo neo manuelino que se desvanece entre altas torres de modernos rascacielos y casas residenciales compradas a toda prisa en un lugar a medio edificar y aisladas de casi todo. Pero seguro que sobre plano el metro cuadrado salía barato. 

Rodeo el edificio para ver la cruel verdad que se cierne sobre él y me dirijo hacia el norte, hacia lo que queda de huerta entre los pueblos que comparten esta Horta Nord de Valencia. Llego al molí de la Sal de Burjassot, tan abandonado y sin gloria que no merece ni una foto. Sigo el camino para llegar a un lugar donde la ronda norte pasa a escasos metros de mí, elevada y al otro lado de la verja y la acera que separan la huerta de la ciudad. Paralelo al insoportable ruido de un tráfico inacabable, un fluir constante de ruido en movimiento de velocidad y prisas. 

A mi izquierda integrada en la huerta y bajo la enorme pinada que le da nombre la Alquería del Pi se levanta orgullosa en un entorno que conoce y que de momento va salvando a su alrededor aunque su función principal haya cambiado para adaptarse a los tiempos, siendo ahora un restaurante y salón de banquetes. 

Al otro lado del camino otra alquería se levanta sobre/o absorbiendo lo que fuera la ermita de Santa Ana de la que solo queda el pequeño campanario y la campana más pequeña. Intento ahora acceder al núcleo urbano de Poble Nou para llegar hasta la parroquia de Sant Bernat, luego regreso a los campos, a los caminos entre cultivos y las pequeñas sendas que transitan entre los campos y que me llevan dirección norte entre alquerías más o menos grandes o bonitas o nuevas, pero con un aroma a campo, a viejo, a sabiduría. Destilando nostalgia por un pasado que para muchas de ellas sí fue mejor. Llego a Borbotó, cruzo el pueblo y sigo hacia el norte adentrándome en Els Poblats del Nord y con Benifaraig dejando ver su campanario en la lejanía. Por este camino llego a la entrada de les Barraques de Castelló, una serie de casas dispersas que tendré que cruzar para llegar hasta la Casa de la Serena o de la Sirena. 

El nombre viene dado porque en el escudo hay una mujer rodeada de una serpiente. Otra nota curiosa es que aun estando en el núcleo urbano de la pedanía de Benifaraig el palacio se sitúa en el término municipal de Alfara del Patriarca que será mi siguiente destino. 

Hoy no tengo la suerte, como en mi anterior visita, de tener despejada la fachada, y un par de camiones aparcan delante quitando una buena parte del encanto a esta casa palaciega del siglo XVI. Admiro esta estupenda obra antes de poner rumbo al molino de Alfara. Entre campos me iré acercando al puente sobre el que cruzaré el barranco de El Palmar que poco después unirá su cauce al del Barranc del Carraixet, el accidente geográfico más remarcado de esta zona. 

El colosal conjunto del molino es visible desde muy lejos y no tiene pérdida. Me maravilla la enormidad del edificio y las muchas ventanas y elementos arquitectónicos que decoran y modelan este espacio hoy vacío de contenido y abandonado a su suerte en medio de la huerta. La acequia entra hoy muy mermada de agua y sale al otro lado del molino donde un ensanchamiento de la acequia a modo de balsa retiene las aguas que la compuerta no deja salir. Los enormes silos metálicos dejan escapar brillos de su pulida superficie. Lo rodeo y me adentro en el pueblo por las calles más al sur y sigo por la urbanización hasta el siguiente molino que tengo delante. 

Es el molino de Moncada. Hoy hay poco agua y veo el fondo pero no la cámara que aquí perdí hace unos meses. De todas formas el intenso tráfico de la carretera y la estrechez de la misma no aconsejan pararse más de lo que tardo en hacer un par de fotos por si la primera sale mal. Luego el GPS me guiará hasta la Casa Comuna, singular edificio a imitación de una antigua alquería valenciana; es la sede de la comunidad de la Acequia Real de Moncada.

El edificio destaca por las singulares particularidades de su arquitectura, en la que mezcla varios detalles ornamentales que le confieren una espectacularidad tremenda. Rodeo el edificio disfrutando de sus formas y me dirijo luego hacia el Castillo de la Señoría que se halla en el centro de Alfara del Patriarca. También se le conoce por el Castillo-Palacio de los Cruïlles del siglo XIV. 

Los dos edificios anexos son una autentica maravilla y recuerdan a muchos edificios de la zona del Horta pero que cada vez se nos hacen más extraños ante el caos de nuevas y modernas edificaciones. Maravillado aún con el conjunto del palacio me dirijo hacia una casa que por casualidad descubrí en mi anterior visita. 

Es una casa de ladrillo con un torreón cuadrado en la parte superior y lo que parece una garita aún más arriba. Abajo una figura de San Vicente  intuyo por el nombre de la calle, adorna una marquesina a la altura del primer piso. 

La singular casa llama la atención y a su izquierda se muestran las altas chimeneas de una zona altamente industrializada en el pasado. Desde aquí y moviéndome un poco hacia adelante, hasta la chimeneas en ondas frente al CEU puedo contar hasta 9 chimeneas. 

Luego me acerco al monumental edificio del Seminario. La monumental fachada principal no es claramente visible desde el exterior debido al muro y a los árboles que tapan la visión directa, aun así se puede ver una buena parte del bonito edificio. Giro a la izquierda hasta la rotonda, cruzo la vía del metro y giro a la derecha para buscar calles más tranquilas de tráfico. 

Esto me lleva a dar un pequeño rodeo para llegar hasta la ermita de Santa Bárbara a la que entro por el inicio del calvario que alinea perfectamente la puerta principal con la espadaña y la cúpula que corona el edificio. A ambos lados los cipreses y bajo ello los casalicios de las estaciones de penitencia. Es una ermita grande con soportales y con dos grandes relojes solares que indican simétricamente la misma hora, incrustados en la gran fachada sobre la que coronan dos campanas. Más allá una pequeña pinada rodea el edificio junto al gran depósito de aguas potables del pueblo. 

Salgo por la izquierda de la ermita y sigo el camino asfaltado a la izquierda que rápidamente baja y deja una buena vista del grandioso Mas de la Creu, más bien parece una fortaleza medieval que una masía. Continúo siguiendo el camino que va girando hacia la derecha hasta que al fin encuentro señaletica que indica el Tos Pelat mi siguiente parada. 

Tras la zona de parking hay una rampa corta y brutal con tanta piedra suelta que es imposible ciclarla así que me toca bajarme y empujar la bici hacia arriba, solo serán unos metros. Allí me encuentro con el panel interpretativo del asentamiento íbero y con una puerta cerrada y una valla perimetral. Se trata de un poblado datado entre los siglos VI-IV a.c. y situado en una elevación, pudiendo formar parte del entramado de poblados dependientes de la ciudad de Edeta. Así que tengo que conformarme con verlo desde lejos. Rodeo todo el poblado para bajar por la parte contraria de la montaña, el último tramo está en tan malas condiciones como el tramo de subida así que me bajo de la bici para llegar a terreno llano. Aquí una pequeña arboleda, primero de algarrobos y luego de pinos deja una serie de sendas que llevan hasta la carreterita que pasa por delante del Mas del Hondo. 

Tenía intención de entrar a ver el fabuloso RiuRau de esta masía pero un gran cartel anuncia que es propiedad privada y está prohibido el paso. Los riurau son edificaciones que se utilizaban para proteger la uva que se destinaba a secar y convertir en pasa, de esta manera con esta construcción cubierta pero abierta con arcos y orientada hacia el sol se protegía de la lluvia. Ante este aviso decido no entrar en la propiedad y evitar problemas, tenía previsto un camino que atravesaba esta masía e iba a salir por la masía del Pilar… hasta las urbanizaciones, pero siendo que no voy a entrar retrocedo y sigo esta carretera a la derecha hasta la carretera principal CV-310 entre Godella y Bétera. Llego a ella y giro a la izquierda en la rotonda, un gran cartel indica que es carretera de intenso tráfico ciclista pero eso no hace que los coches me adelanten a menos velocidad. Subo el ritmo por el arcén, al menos este es ancho y puedo alejarme un poco del tráfico. En la siguiente rotonda otra vez izquierda y entro en la urbanización donde la tranquilidad será la nota dominante. Llego a otra rotonda y giro a la derecha junto a un parque. Luego las casas cambian respecto a estas primeras que he encontrado. La pinada se cierra y las altas vallas o muros apenas dejan ver lo que hay al otro lado, pero algunas villas son tan inmensas que dejan traslucir parte de la fastuosidad de algunas de ellas. Algunos superdeportivos aparcados en las puertas también dan alguna pista del lugar por el que me muevo, así como la seguridad privada que no deja de moverse y me miran, por qué no decirlo un poco raro. De repente veo un cartel que indica iglesia, luego otro… y allá que voy, no puedo dejar pasar la ocasión pues me pica la curiosidad de qué tipo de iglesia puede haber en sitio así. Los carteles me hacen ir subiendo por la urbanización hasta que llego a la entrada de la iglesia de Santa Bárbara, como la urbanización. Un estrecho sendero flanqueado por las moradas flores de las buganvillas a la derecha, y por un perro tonto y ruidoso tras la verja de la izquierda, se adentra tras la vegetación. Al abrirse la plaza mi cara de fascinación tiene que haber sido de foto. 
La iglesia es una preciosidad de piedra con tres grandes ventanales-vidrieras orientados hacia el sol de mediodía. 

Un pequeño estanque adorna el camino antes del pequeño puente de madera que salva el barranco que aquí nace y todo bajo una preciosa arboleda y un cuidadísimo jardín. La construcción de piedra recuerda más a estilos más montañeses y te sientes por un momento desubicado de la cálida y seca, por poca lluvia, climatología valenciana. Fascinado ante el descubrimiento decido que este será un buen lugar para hacer la parada de la comida y así tener más tiempo de empaparme de este maravilloso descubrimiento. Las fotos van cayendo como si disparara con metralleta. Desde todos los ángulos, desde todos los rincones. Paseo el lugar con el bocata en la mano mientras no dejo de sorprenderme y encontrar ese puntito de alegría que da un nuevo descubrimiento. Tras la pausa me despido del lugar sabiendo que no será la última vez que venga aquí. Sigo por el intrincado nudo de calles que forman la urbanización dejándome guiar por las precisas indicaciones del “Treki” y así entro en la parte de villas de Rocafort. Calles cuadriculadas con casonas, unas viejas y otras más modernas y a cual más merecedora de llamar mi atención. 

Hay una que llama la atención sobre todas las demás, por su peculiar forma y por su nombre... rápidamente salta a mi memoria la letra de una canción de cuento: “por la casita encantada no te has dejado caer, los dulces se están perdiendo, está volviendo a llover…”  Luego llego al casco urbano del pueblo y me dirijo hacia la plaza mayor evitando algunas calles con direcciones prohibidas. 

Entro por detrás de la iglesia de San Sebastián Del S. XVII–XVIII, construida sobre una ermita de los monjes agustinos de 1434 en Rocafort. La gran fachada muestra arriba una galería cubierta que en las noches de verano debería de ser una maravilla estar ahí con el frescor de los pinos de la plaza y una cervecita en la mano. 

Enfrente se encuentra la casa Bou del siglo XV con su imponente torre medieval y que seguramente sería la casa señorial de la población. Hoy es la sede del ayuntamiento de Rocafort. Sigo adelante hasta encontrarme nuevamente con la acequia de Moncada que ha sido mi eje en el día de hoy. Un paseo cubriendo la acequia ha sustituido el correr de las aguas que ahora lo hacen bajo techo. Este paseo me lleva hasta Villa Amparo, bonita residencia que alberga el honor de haber sido domicilio del escritor Antonio Machado. Me dedico a callejear un poco mientras busco la salida hacia la carretera que tendré que cruzar enfrente de la cantera de Godella. Para no cruzar la carretera remonto el puente que tiene arriba el cambio de sentido y vuelvo a bajar ya al otro lado. Giro a la derecha y me adentro en el camino que acompaña la cantera por esta parte baja. Esta pedrera abasteció de piedra a la Valencia Romana para su crecimiento y por ejemplo fue de esta piedra con la que se construyó L’Almodí, La Lonja y Las Atarazanas. Incluso en ella se han encontrado restos del Eneolítico. Hoy no remontaré la cuesta para verla desde arriba en toda su extensión así que me conformaré con un leve vistazo a ras del suelo y sigo adelante. El camino me lleva hasta una gran masía en estado de abandono.

Es una lástima que este lugar esté dejado de esta manera pero conservar toda esta finca debe de costar lo suyo, así que no tardarán en aparecer los vándalos de turno, como los de esta mañana en el molino Bonany para hacer su agosto a golpe de maza y martillo, destrozando no solo una propiedad privada sino también una pequeña parte de nuestra historia para malvender algún pedazo de cobre, o de hierro que puedan encontrar. Una gran balsa hacía las veces de piscina a juzgar por las escalerillas bajo la inmensa sombra de los grandes pinos. Sigo el camino para llegar al otro lado de la A-7. Solo con el ruido me voy aproximando a ella. Llego al club de frontenis de Valencia y después cruzo la autopista. El camino me lleva a rodear Mas Camarena por el este e ir en busca de Torre en Conill junto al campo de golf. Miles de metros urbanizados a falta de construir y calles cerradas con vallas metálicas que parecen fortificar o la zona o dar una sensación de zona asediada, no sé que me da más pena, pero si algún día se construye todo esto aquí salen tres pueblos grandes. Más madera. Ahora me dirijo hacia la iglesia junto al campo de golf. Hace años que pasamos por aquí pero no me queda recuerdo de aquel sitio que supongo una pequeña parroquia moderna. Efectivamente es así, pequeña y moderna, pero no contaba con el panel cerámico que indica que es la ermita de San Jaime, otro descubrimiento que tendrá que refrendar Vicente, para algo es el experto en ermitas. Cruzo la carretera por la rotonda para adentrarme en La Conarda y de allí al paso subterráneo junto a una masía. Llego al carril bici que acompaña a la CV-35 y me adentro en la urbanización que veo al frente. Llego a la plaza de la iglesia donde una modesta y sencilla iglesia ocupa su centro junto al cerrado club de tenis. 

Ni nombre ni ningún dato que pueda aportar algo sobre este templo, no creo que sea una ermita pero también lo consultaré con el experto. Bajo hacia el nuevo parque de L’Hort de Les Taules. No puedo entrar a verlo porque está prohibido circular en bici y no tengo ganas de patear llevando la bici, otro día quizá. A la izquierda hasta la fuente y luego a la derecha por un estrecho camino con puertas para poder cerrarlo. Al otro lado la duda de siempre sobre si izquierda o derecha en este laberinto de calles y urbanizaciones tan juntas y con tantos recovecos que creo que más de unos se confundirá de calle y de casa cada día, llegar a dormir será la aventura. 

Bajo hacia el paso inferior de la vía del metro pero antes encuentro otra iglesia con un alto campanario. El jardín en el que está es un campo de minas de mierdas de perro, como todo jardín que se precie. Cruzo por Montesol y luego el barranco para subir a la urbanización ya en Riba Roja. Luego bajar hasta el río y llegar al pueblo subiendo por el castillo. Los casi 80Km. han dado mucho de sí y con grandes y agradables sorpresas. Y es que tenemos todo un mundo por descubrir ahí afuera, solo hay que pedalearlo.



Trackde la ruta:http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=6085914