jueves, 23 de octubre de 2014

Monasterio de Montserrat-Sant Esteve de Marganell


Tras el finde biker con Roda i Pedal: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2014/10/serrania-de-cuenca-villalba-de-la.html tocaban unas rutas en solitario por unos parajes tan mágicos como encantadores, evocadores y sugerentes. Sumergido completamente en un periodo convulso a nivel personal y que ahora, casi un mes después, cuando estoy escribiendo esta crónica aún, no solo no ha terminado del todo, sino que me ha metido de lleno en un torbellino de emociones y sentimientos encontrados, contradictorios y tan difíciles y dolorosos de explicar que me desquician, pero vamos superando obstáculos. Mientras tanto vamos a por la crónica que se enfría.

El viaje nos lleva al macizo de Montserrat, posiblemente la montaña más representativa de Catalunya. En poco más de 3 horas de viaje estamos contemplando las impresionantes montañas que dejan sin habla y sin explicación a quien las contempla. Es un fenómeno de fascinante y cautivadora belleza. Arriba, junto a la abadía, el apartamento que nos servirá de base de operaciones durante estos dos intensos días. Este primer día nos sirve para una excursión senderista hasta el pico Sant Jeroni, cumbre de este macizo a más de 1200 metros de altitud. 

Una ruta alucinante que desgrana lo mejor de esta sierra y deja paisajes imborrables en la memoria y en las piernas tras la dura ascensión y la no menos exigente bajada. El viaje está organizado casi como el finde biker. Tiempo para la bici y tiempo para que Teba y yo podamos hacer alguna excursión y más de un momento de etílica contemplación y conversación ante las fascinantes y solitarias noches en este magnífico entorno, pero todo esto ya, por sí mismo, daría para una crónica, así que, de momento, lo dejaré en el tintero por si acaso algún día me decido a emprender las crónicas senderistas y vamos al tema del pedal. Del pedal de la bici.

El jueves comienzo la ruta al revés de lo que me gusta hacer. Desde arriba de la montaña inicio un rápido descenso por la carretera en dirección a Monistrol de Montserrat. 

La tremenda bajada deja tantas improntas que es imposible resistirse a parar y hacer algunas fotos. Pasado el monasterio de Sant Benet tomo un camino a la izquierda que indica la ermita de Sant Cristófol, aunque hasta ella no llegaré. Este camino asfaltado sigue bajando, no de forma tan contundente como sería la carretera pero de forma nada despreciable. Algunos badenes para desviar el agua de lluvia y de paso frenar la velocidad de los coches ponen un puntito de diversión cuando paso volando sobre ellos con la bici.

Casi siempre de espaldas a la montaña, cuando alguna curva pone la imponente mole en mi campo de visión no puedo resistirme a parar a observarla y sacar alguna foto. A este paso no voy a terminar nunca la ruta. Sigo adelante más obligado que por ganas de seguir, aunque este hecho me hará encontrar otros lugares privilegiados desde donde extasiarme en la contemplación. Todo muy espiritual, todo muy indicado para sosegar los ánimos y las inquietudes que me atormentan últimamente. Paso entre urbanizaciones y luego entre campos preparados para ser plantados. 

Las espectaculares vistas me siguen allá donde vaya y me obligan a seguir parando para hacer más y más fotos. Cruzo el torrent de Can Martorell, remonto al otro lado y enseguida un camino a la izquierda me dirige hacia la ermita de Sant Esteve. 

Ya tengo visión directa sobre ella al otro lado de un valle. Pero al llegar a la senda encuentro ésta cerrada con unas piedras y veo que al fondo del valle están trabajando en el campo y dudo del camino. El GPS me indica, como alternativa, un camino a la izquierda, este mismo por el que vengo que sube para bordear este valle por el sur, así que allá voy. El camino poco a poco se va deteriorando además de meter subida de la buena. Llego a un sitio sin salida posible pues se mete en pleno monte y solo queda retroceder, volver al inicio del camino, allí donde estaba la señal y continuar el otro camino hacia el norte, bordeando el valle por el otro saliente o encontrando un paso junto a la carretera de Marganell. Finalmente encuentro un camino que sube hacia el cementerio municipal junto al que se encuentra la ermita. La subida tiene su miga y el calor hace el resto. Antes de la ermita un restaurante con preciosas vistas. 

La ermita se dibuja, traza sus formas en batalla continua con la montaña que, tras ella, desafía a la razón del mundo y pone en jaque los sentimientos hacia una montaña, hacia todas las montañas, todas hermanas, todas una. Esta y justo esta era la imagen que soñaba en mi cabeza cuando diseñé esta ruta. Esta es la postal que quiero llevarme de recuerdo en el corazón.


La pequeña ermita no es gran cosa, pero el marco es insuperable. Es como ver el Taj Mahal… sin palabras. Es como ver la Sagrada Familia, una obra imposible a poco más de 30Km. de distancia de estas montañas, tan lejos y tan cerca que en mi imaginación no veo la una sin la otra, quizá Gaudí también supo leer entre líneas. Paro junto a la arboleda detrás de la ermita y me pongo de corto, el calor ya es insufrible. 

Descanso mirando a la montaña mientras brindo por estos instantes de paz y tranquilidad que tanto necesito dentro de mí. Estando allí un ciclista llega al punto donde arranca la senda, allí donde yo he dudado; lo observo pensando que sabe algo que yo no sé o que se va a equivocar de pleno, toma la senda y llega hasta donde yo estoy en un periquete, bordeando los campos arados y los arbustos que pueblan el fondo del valle. Al final sí había camino y no presentaba ningún problema, en cambio mi indecisión me ha hecho pagar casi 5Km. y casi 200 metros de desnivel positivo que sumar a las piernas. Una…, perdón, otra rara decisión en mí últimamente. Me pongo en marcha siguiendo el camino hacia arriba. Ya lo traía todo bloqueado desde el desvío de antes. La primera rampa ya deja bien claras las intenciones de este camino. Una subida monumental que abordo con decisión y que ya estoy deseando que se acabe. Avanzo hasta adentrarme en una urbanización, la carretera sigue subiendo casi sin control, sin piedad, sin descanso posible. Pocos descansillos para oxigenar y soltar los músculos que se resienten del esfuerzo. Poco a poco empiezo a ver por donde continúa el camino y hasta donde llega. Ya está clara la tortura que me voy a infligir, pero ya no queda otra. 

El camino sube hasta la carretera de Montserrat que la veo sobrevolar la montaña a media altura. Y la subida que no afloja, ya no es lo de la primera rampa pero no afloja lo más mínimo. Me voy cobrando vistas de la parte noroeste de la montaña, hacia donde gira el camino, y sigo alucinando con ella, preciosa. Por suerte se que una vez en la carretera ya estará casi todo el “pescao” vendido. Me animo y tiro para adelante a ritmo, lento pero ritmo. Al fin llego a enlazar con la carretera, giro a la izquierda y se acabó el solecito.

Una sombra permanente que con el sudor, la altitud, la velocidad y el ambiente de mediados de octubre, que aunque caluroso no deja de ser octubre, me pone un puntito de frescor en el cuerpo. Pero el esfuerzo no deja que uno se enfríe demasiado y al poco doy por bueno esta circunstancia. Además subir esta cuesta de largo hubiera sido una penitencia demasiado dura por los pecados cometidos. 

Este altiplano es casi un llaneo que me lleva veloz hacia el monasterio de Santa Cecilia, en obras y con pocas vistas dignas de destacar. Sigo adelante, y cierro el círculo sobre la carretera que me deja, en pocos metros, en la entrada del parking. Afronto la última rampa antes de llegar arriba y pasear entre el gentío que abarrota hasta el último rincón de este maravilloso lugar, que ha pasado de ser un lugar de devoción y calma a ser una monumental máquina de hacer dinero basada en el turismo. 

Ahora es el momento de disfrutar de una más que merecida cerveza en la ventana del apartamento, lejos del bullicio, exterior. 


Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=8321667