domingo, 28 de agosto de 2016

CastelldeCastells-Llacuna-Benigembla-Petracos



Agosto se está presentando movidito. El calor propio de las fechas y que con esta ya son tres las semanas seguidas de rutas de alta intensidad, parece un buen entrenamiento para la semana de vacaciones que tendré a mediados de septiembre y que también promete.
Otra vez en Tárbena en casa de Ángel y Alberto. Otra excelente sesión de meditación antes de ponerme en marcha hacia mis cumbres. Esa que solo yo escalo, tanto interna como externamente. 
Igual que la otra vez en coche hasta Castell y desde allí, ya con la Zesty, remonto la carretera que me traía hace solo unos minutos desde Tárbena. 

La pendiente es, pareciendo que no, de las que agarran, pero todo quedará en broma cuando llegue a las curvas de herradura que me pondrán mirando a este cielo tan azul que tenemos en verano, con calor, con casi 30º de temperatura nada más arrancar la ruta. En fin, que ¿porqué no me vuelvo a casa y me voy a la playa con ellos? con su cervecita… Pero no, yo “pa rriba”. Después de las curvas hay una caseta a la derecha y tras ella se ve la sierra y Els Arcs que visité hace dos semanas:

La perspectiva no es muy buena pero allí están mimetizados con su entorno. Sigo carretera adelante hasta el camino que tomaré a la izquierda ya fuera de asfalto. Llevo 250 metros de desnivel en menos de 4Km.  La primera rampa por camino de tierra me vuelve a poner sobre aviso, pues si todo sigue así va a ser una locura. Tras una casa a la izquierda el camino se torna un muro que tras la curva parece no tener fin, es solo el efecto óptico pues después la rampa se toma un descanso, solo era un aviso para advertir que esto es btt, no te fíes nunnnnca. 

A mi derecha queda el camino que sube hasta Cocoll y arriba de la montaña la caseta de vigilancia forestal, bonita perspectiva la que tengo desde aquí. 

A mi espalda la sierra de Aixortá que se prolonga hacia el interior. Hacia la costa la cima del Bernia se alza como una espada. La tierra reseca se quiebra por el transitar de las ruedas allá donde no hay piedra y el crepitar se convierte en mi banda sonora de la jornada. Eso me hace pensar en la canción de hoy, aún no le he puesto música a la crónica. Ya saldrá, siempre sale ella sola. De repente una canción se mete en mi cabeza y ocupa mi pensamiento. Pienso en la rampa que he dejado atrás y que a pesar de la grava y la tierra no he patinado y se dejaba subir, mejor. Así continúo por este altiplano en el que sigo ganando metros de desnivel pero de forma más suave. Antes de darme cuenta una loca bajada con sus curvas de zigzag y llego al valle entre estas dos sierras. Error. Porque allí a mi derecha salía el camino que llega hasta la Llacuna. No es que allí haya una laguna, al menos a día de hoy, puede que en algún tiempo. Me percato del error demasiado tarde, cuando ya había ascendido el segundo collado. Me planteo volver atrás pero al final decido que no, un hito perdido por el camino, un lastima. La ascensión de esta loma tampoco plantea dificultad, tan solo alguna rampita más dura pero nada. Tras esto sí que viene la madre de todas las bajadas. El camino de bajada se torna peligroso por la gravilla y la pendiente tan pronunciada. Hay que ir con mucho cuidado de no frenar demasiado la rueda delantera para que esta siempre tenga inercia, pero no tanta que no me permita poder parar la bici. Además la elección de la trazada, no cerrar demasiado la dirección, estar atento al paisaje pues si no me lo pierdo y he venido hasta aquí para verlo, etc., etc. Vamos que en un momento se me acumula la faena. 

Ya estoy en el camino que veía desde lo alto del Cocoll hace dos semanas.
Es difícil encontrar el sitio adecuado para la foto del camino pues a cada metro que avanzo la perspectiva aérea se pierde y además encontrar el hueco entre los árboles complica aún más la situación. Y entre esas y aquellas la bajada no para y yo tampoco. Llego a la cabecera del barranco dels Moliners que sería la salida natural de la Llacuna si esta rebosara pues queda metida en una especie de circo, más bien un poljé. 

Ahora afronto otra subida que ya veía desde el camino y me parecía mentira, una broma o algo así. Ahora aquí abajo veo que de broma nada. 

Tampoco es muy larga pero la pendiente es descomunal y el calor sigue apretando. La camel ya la tengo bajo mínimos pues estoy bebiendo y sudando como nunca. Empiezo a subir con el pensamiento puesto en que esta rampa también se acabará. Pero antes la sufriré. Aunque también la disfrutaré. Que serían las bajadas sin una buena subida de la que poder presumir. Ya arriba voy disfrutando del paisaje que se abre a mi izquierda.  

El valle del río Castell o Xaló, el Pla de Petracos, la sierra del Cavall Verd. Suave descenso hacia las ruinas de las casas dels Moliners. 

Allí, junto a las viejas piedras que algún día fueron casas, un horno moruno casi intacto espera bajo el sol del mediodía que alguien repare en él bajo la atenta mirada del Cocoll, que derrama sus laderas en una sucesión de sedimentos rocosos que mejor no imaginar rodando ladera abajo. 

Allí también hay una higuera y un par o tres de sus maduros y dulces frutos viajarán conmigo aportando esas energías que por momentos echo de menos en las subidas. Pero si antes había bajado la madre de todas las bajadas ¿qué es esto que me espera? De verdad que en algunos tramos me planteo bajar de la bici y hacer la bajada andando pues creo que voy a rodar sobre mi mismo del brutal desnivel que hay de bajada. De entrada me alegro de no haber hecho la ruta al revés, pero ahora pienso en bajar esto y me da un poco de “noseque”. Ahora, mientras escribo la crónica y viendo los datos, veo que llega a marcar hasta un 28% de desnivel. En fin, “paversematao”. Por momentos me siento como un funambulista sobre la cuerda floja, si inclino un poco más la bici o cierro la dirección para dar la curva siento que me puedo ir al suelo en cualquier momento. Así que nervios de acero y tacto de seda para controlar los frenos, otra vez. Y hablando de la canción del día aquí viene:

Como un funambulista imbatible dibujo en braille los pasos del siguiente mortal.

Vetusta Morla Baldosas Amarillas. Y es que tenía que salir. Y no solo salir sino quedarse dándome vueltas en la cabeza y cantando esa parte de la canción de la que me acuerdo y así una y otra vez, vuelta la burra al trigo... a ver si saco otro trocito de la dichosa canción. Llego al final de la baja en el fondo del barranco del Galitero y poco después enlazo con la carretera en un puente sobre el barranco. Giro a la derecha para recorrer algo más de 4Km. por carretera hasta Benigembla. Circulo lo más rápido que puedo para quitarme de este tramo de carretera lo antes posible. La carretera es ancha y con arcenes, pero algún que otro, llamémosle “conductor” se cree que está en un circuito de carreras. Ya en el pueblo visito, antes que nada, la fuente donde refrescarme (casi bañarme) y llenar otra vez la camel que apenas tiene agua. De allí hacia la iglesia y sigo la calle adelante en busca de la fachada del Sindicat. 


Una de las curiosidades del pueblo junto con el Riurau justo a la derecha antes de entrar al pueblo, y sobre todo, para mí, el lavadero, abajo a orillas del río Jalón o Xaló. 

Tras las fotos de rigor cruzo el seco cauce por un puente y sigo por un camino asfaltado y estrecho que circula pegado al río y describiendo con él las curvas y meandros que la corriente, en ocasiones impetuosa, va dibujando sobre la cara del mundo. Este camino tiene un par de rampas que menos mal que se acaban pronto porque sino. Pero el calor me está matando y no tengo otra que acabar la ruta. El camino vuelve a la carretera que ahora recorreré en sentido contrario, llegando hasta el camino por el que he bajado la montaña y que está indicado con un cartel: La Llacuna, Plans d’Aialt  Sigo por la carretera en este tramo que es “llano”, pero a mí ya nada me parece llano, ni siquiera las bajadas me parecen llanas, así que no digamos cuando la carretera pica un poquiiiiiito hacia arriba. Con más pena que gloria llego al desvío del Pla de Petracos. 

Lo tomo a la derecha y casi enseguida la ermita de Petracos. Lugar abandonado y con matorrales alrededor que impiden acercarse y verla en su totalidad. No tiene mucho que ofrecer pues solo son unos muros de piedra pero con mucha historia: http://www.levante-emv.com/comarcas/2012/09/23/descubren-arquitectura-singular-vinculada-expulsion-moriscos/938203.html
Cuidar un poco el entorno y dejarla “visitable” permitiría vender este lugar como una autentica joya paisajística junto a lo que viene a continuación y que es una de las más excepcionales obras de cultura que poseemos en la Comunidad Valenciana. El Pla de Petracos. 


Accedo solo hasta el lugar donde está el cartel informativo y observo los abrigos desde la distancia puesto que no son accesibles con la bici, y además ahora mismo lo que estoy deseando es parar a la sombra a descansar deseando que la cerveza que acompañará al bocata aún guarde algo del frescor al haber ido descongelándose poco a poco, (espero). Retrocedo por el camino y me acomodo en una sombra a dar cuenta de mis viandas y descansar un poco del abrasador sol que me está machacando.  Unos minutos más tarde y con el peso mejor repartido salgo otra vez al sol. Llego nuevamente a la carretera que la tomo hacia la derecha en dirección a Castell de Castells. Me quedan unos 5Km. al 4% de media pero se me van a hacer eternos. El sol pega de una manera que no es normal, ¿o sí tratándose de un 28 de agosto a las 3 de la tarde? Quizá el que no es normal soy yo aquí achicharrándome bajo este sol de justicia. Los tramos de carretera que voy viendo entre curva y curva parecen no acabar nunca y el pedaleo es cansino. Ya sé que por más rápido que pedalee no voy a escapar de este calor así que lo tomo con calma, tampoco es que pueda darme mucha más prisa de la que me estoy dando. Intento apoyarme en el paisaje pero este tampoco ofrece mucho que ver. A mi derecha la sierra de Alfaro va elevando paulatinamente su altura y algunos caminos se adentran en ella. A mi izquierda la montaña que he estado transitando esta mañana y que alcanza su máxima altitud en El Clotet a 861 metros de altitud. 

A parte de eso y de un par de monolitos de piedra a modo decorativo, nada más que ver. Poco a poco la carretera gira hacia el sur y la Serrella primero y el Castellet después se hacen visibles. La aproximación a Castell va abriendo vistas del valle del río y pequeñas lagunas de choperas verdean distantes abajo. 

A la entrada del pueblo veo allá abajo el lavadero. Tendría que haber sido una broma pero no, tengo que bajar una pronunciada cuesta para llegar hasta él. Después de esta visita solo me quedaran unos metros para llegar hasta el coche y poner el A.A. a toda pastilla. Bajo una cuesta sucia, llena de cagadas de perro. Veo que esto aquí no es muy distinto de Riba Roja. Quizá empiece a pensar que el problema no son los perros sino los cerdos de sus amos. Por algo se dice que los órganos de gorrino son muy parecidos a los humanos… igual no acabe en los órganos la similitud. El lavadero, como en muchos pueblos, es un monumento abandonado, sin ningún cuidado o bien se reforma y se cierra para que no se pueda utilizar, a veces ni ver. Remonto la cuesta esquivando “minas” y pedaleo los últimos metros de la ruta con la alegría de haber completado una hazaña más bajo el calor y no haberme dejado la piel en el intento. Llegaré a casa a reponer el básico y preciado elemento que no he podido disfrutar fresquito como toca en la ruta.




Track de la ruta:http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=14957509