martes, 7 de agosto de 2012

Calles-Villar de Tejas



Tras dos semanas de parón volvía a Calles para iniciar otra ruta memorable. Conocía gran parte del recorrido y tan solo una pequeña zona me quedaba por explorar, pero el resultado ha sido una ruta espectacular en todos los sentidos. Voy a desgranarla.
Agosto y sus calores no suelen perdonar, pero esta vez alguien ha tenido un poco de compasión (quizá demasiada en algún momento) pues la climatología se ha portado tan de maravilla, que incluso he llegado a sentir algo de frío en la parte alta de la ruta.
Desayuno en la terraza viendo un cielo cubierto pero que intenta librarse de las nubes como yo de las legañas mañaneras. Durante los estiramientos ya asoma algún rayito de sol entre la gris cubierta celeste. Y me pongo en marcha mientras pienso que me va a caer la del pulpo. 

El camino de la bodega hacia Chelva, ya conocido va picando para arriba y me pone a sudar de lo lindo mientras observo mi primer reto del día en las montañas cercanas. Llego al desvío hacia Chelva y giro a la izquierda para bajar la cuesta del muerto y llegar hasta puente Barraquena, cruzar, y comenzar la brutal subida del Tiñoso: casi 5Km. a más del 9% de media, eso es un puerto de 1ª en toda regla. No en vano le tenía tanto respeto a esta subida que ya hacía tiempo que no enfrentaba. En la última salida ataqué la otra rampa mortal de la zona: la subida hacia la compostadora y luego el camino del Herrero desde Calles. Pero eso ya está en la anterior crónica. Ahora tocaba sudar esta subida. Los chorretones no se hacen esperar y ya me corren por la cara a la primera de cambios. La camiseta ya no puede disipar más sudor y se me pega al cuerpo completamente empapada. Comienza la selección natural. Al final solo quedaremos los más fuertes: la montaña y yo. Todo bloqueado en la bici y todo puesto al servicio de la subida. Las ruedas patinando en algún punto donde la gravilla se acumula y un poco más de potencia en la pedalada las hace girar sin agarre. Como siempre me voy apoyando en las incomparables vistas que ofrece esta subida. 

Pronto llego a mi particular balcón sobre la subida y paro otra vez a hacer la foto. Siempre la misma, siempre diferente, siempre sorprendente y llena de magia. Los zigzags del camino se confunden con la cuesta del muerto, que hoy era bajada, pero que en cualquiera de los dos sentidos puede ser del muerto. Sigo a ritmo, encontrando sensaciones en las piernas que me dicen que estoy bien, el pulso y la respiración controlada me anima a seguir con este ritmo pausado pero tan persistente como la propia subida. Aún me queda un buen rato para pasar al otro lado de la montaña. Allí veré como el Turia se encajona viniendo del embalse de Benageber, allí también veré las abandonadas casas del Collado Estrecho, aquellas ruinas que quedan tan cerca y tan lejos, pues hay que bordear al montaña para llegar hasta ellas. Allí también estaré cerca de la cumbre, y la altitud y el viento, y un día nublado, muy nublado ahora mismo, y todo empapado de sudor, serán una combinación muy a tener en cuenta. Por momentos no me hubiera venido mal una manguita (y ya me estoy imaginando a más de uno descojonado y llamándome friolero), pero no la había y había que seguir. Miro atrás para ver el blanco pilón del V.G. allá arriba de la montaña. Ya estoy arriba, aún queda algo por subir pero el grueso de la subida ya está hecho. Mis sensaciones, en cuanto a cansancio se refiere, no tienen nada que ver con aquella primera subida en la que aquí parado se me nublaba la vista y el corazón casi se salía por la boca. Qué lejos queda aquello. 

Continúo camino para entrar en el altiplano. Alti sí, de plano nada pues los siguientes Km. son de continuos repechos, cortos pero duros y que hacen que el camino aún no haya dejado de subir. Paso el desvío del Collado Estrecho que me llevaría al caserío abandonado, en otro tobogán que no haría más que añadir desnivel y distancia a la ruta. 

Sigo hacia el Collado Cortina, a la derecha bajaría hacia el camino de Barchel y el embalse de Benageber, ya subí por este camino pedregoso una vez y no guardo buen recuerdo de su dureza. Hoy seguiré la pista principal en otro de los repechos duros de este tramo de camino. A la izquierda los imponentes barrancos que se dirigen hacia el Turia, cerca de las casas de Tuesa. Luego el collado del Mas de Alonso y el desvío, a la izquierda, hacia el cerro del Águila. Sigo el camino principal anticipando, mentalmente, el final de esta subida al llegar al desvío de los Visos. Toca ahora bajar hacia el collado de Nieva y el cruce de caminos: a la derecha hacia Benageber, a la izquierda hacia Chera, La Capitana y Calles, izquierda y sigo bajando. El paisaje cambia por completo. Paso, de una zona de vegetación rala y algunos pinos sobrevivientes, a una zona con una densa pinada en el barranco del Mas de Cervera. Tras unas curvas de herradura llega a la derecha el desvío hacia fuente Chelva. Tendré que cruzar el cauce, hoy seco, del barranco. El exuberante pinar es una gozada para los sentidos. Todo se apacigua aquí dentro, los sonidos, la respiración, el pulso, y también el viento, que ya no me enfría. Avanzo hacia la fuente donde tengo previsto almorzar. 

El paraje es sencillo y tranquilo, aunque queda un poco pobre al estar muy encajonado entre el camino y el barranco, y sobre todo cerca del vallado “electrificado” que rodea la finca de la casa de La Capitana para que no se salga el ganado. De todas formas tomo asiento, en una piedra cerca de la fuente, y disfruto del merecido almuerzo con la tranquilidad que atesora este lugar. Una vez comprobado que no he dejado huella de mi presencia en el entorno, continúo en suave subida hacia el barranco de la Zarza. Allí el camino gira a la derecha para evitar el barranco y continúa paralelo a él hasta su nacimiento junto a los corrales de Ricardo. El camino pronto se empina y me pone nuevamente a sudar. Preciosas vistas del interior del bosque desde la altitud que voy tomando. Sigo el GR7 que viene por este camino desde los chorros de Barchel por los Visos y continúa hasta la rambla del Reatillo. La subida tiene tramos de dureza, más por la gravilla suelta que dificulta el agarre que por la pendiente en sí que ya es considerable, pero a ritmo se puede subir. Poco a poco voy ganando la distancia que me separa del alto junto al abandonado corral. Hoy no hago parada aquí arriba y me lanzo a la bajada con más precaución de la deseada, el camino está realmente mal, con mucha grava gruesa en todo el camino, y las ruedas patinan que da gusto. Así que tirando de freno para atar en corto los caballos, voy bajando hasta la pinada de abajo. En el cruce a la izquierda y luego a la derecha en busca del Reatillo. 

Antes me interno en el bosque por una senda que me hace hollar la pinocha que alfombra el suelo bajo los árboles, para tatuar estas montañas en mi alma con gena roja del camino rociada con sudor, cicatrices a golpe de pedal para dejar huella imborrable en mi piel y en la suya. El espectáculo es indescriptible; solo la sensación de estar rodeado de una belleza tan frágil, me abruma y me obliga a parar para contemplar con calma esta serenidad silenciosa. Viene a mi mente la brutal monstruosidad del incendio de Andilla que pude ver de primera mano. Así que intento grabar a fondo estos momentos, este lugar, este tiempo de armonía con la naturaleza. Llego al camino de la rambla del Reatillo y bajo hasta la Hoya del Rayo. 

La fuente está seca, igual que la rambla. En lugar de volver atrás por el camino me interno en un páramo de tierra seca y cardos, hasta una pequeña senda que me devuelve al camino en dirección a Villar de Tejas. Aquí los cultivos cambian y las vides se hacen hueco entre los campos de cereales. La aldea del Cerrito queda un poco separada de Villar y no llego a tomar el desvío que me adentra en ella. A la entrada de Villar un abandonado lavadero, luego, a los pocos metros encuentro la fuente y el actual lavadero. 

La fresca agua invita a saciar la sed y de paso rellenar la camel para el camino de vuelta. Me interno en el pueblo, paso por la puerta de la iglesia y salgo por la carretera de Requena. A la salida de la aldea hay una vista magnífica de todo el valle del Reatillo, del bosque y de la sierra de la Atalaya a la izquierda y de la sierra Picochera a la derecha. 

Continúo para encontrar el abandonado Mas de Cholla en una curva de la carretera. Justo antes de las casas está, a la izquierda, el camino que tomaré después de ver los restos de estas casas. Usadas como pajar y leñera, las casas aún tienen algún uso, pero todo el conjunto está en lamentable estado de ruina y abandono. Lástima porque el conjunto presenta una solemnidad digna de sobrevivir al paso del tiempo. Tras las fotos tomo el camino que me baja hacia la rambla del Reatillo. Bajada suave pero rápida entre más cultivos de vid y campos de cereales ya segados. 

Junto al puente hay, mejor dicho, había, unas pozas entre las rocas en las que tenía previsto, si el día era caluroso, haberme dado un pequeño chapuzón para refrescarme del calor. Pero el sombrío día, aunque ya comienza a despertar “Lorenzo”, unido a las pozas secas, abortan este amago de baño. Remonto el curso del río girando a la izquierda tras el puente, a la derecha subiría hacia el 5 Pinos y pico Ropé. Enseguida giro a la derecha para adentrarme nuevamente en el bosque hacia la fuente de la Mata. De la fuente no encuentro ni rastro. Llego a un desvío y lo tomo a la izquierda. Poco después el camino se desdibuja entre los árboles, pero con la ayuda del GPS me volveré a poner sobre la pista. 

Llegado a la cañada junto a una enorme arboleda, no encuentro el paso hacia el camino del Mas del Pinar por lo que vuelvo a adentrarme en el bosque para tomar el camino de esta mañana junto a un depósito contra incendios. Desde aquí hasta casa todo camino conocido. Primero encaro la subida junto al abandonado Mas del Pinar. El conjunto de casas, como pasa con los corrales de Ricardo, unos metros más arriba, son un juguete en manos de los elementos. 

Pocos metros después llego arriba, un último vistazo al soberbio valle y ya solo me queda bajar hasta Lapuente Alta. 13Km. de trepidante bajada, sobre todo a partir de las casas de Valero que serán el lugar elegido para hacer la pausa de la comida. 

Esta primera parte de bajada es por un bosque más cerrado y tupido pero con mejor firme. En el cruce de las casas de Valero paro bajo los pinos a comer el segundo de los bocatas. Un breve descanso y me lanzo hacia abajo cogiendo buena velocidad.

No es para volverse loco pero se disfruta de un buen rato sin dar pedales y de notar el viento en la cara. Varios tramos se han limpiado a ambos lados del camino para hacer de cortafuego y despejar las cunetas. 

La pena es que si se limpia el bosque pero no se recogen las ramas cortadas, se consigue el efecto contrario al deseado, a no ser que lo que se quiera es un polvorín junto al camino. Llego rápido abajo, junto al río Turia, que me deja la última foto del día. 

Me queda el último esfuerzo en la subida hacia el radio faro. 3Km. de asfalto con unas vistas fascinantes bajo el tórrido sol de agosto que ahora ya ha salido a por todas. Desde el alto del radio faro a Calles se baje en un tiro. En definitiva una ruta que conocía en gran parte pero que me ha dejado una inmejorable sensación. Subidas muy exigentes y bajadas suaves pero divertidas, combinado todo con unos paisajes espectaculares y soberbios. Las pinceladas arquitectónicas también merecen un vistazo detallado, pero las sensaciones vividas dentro del bosque son joyas de imborrable recuerdo que atesoraré siempre. Solo me queda brindar con una cerveza por la ruta recorrida. A su salud.