lunes, 27 de enero de 2014

Montserrat-Montroy-Turis-LaCarencia


Terminaba un ciclo. En realidad dos. Por un lado con esta ruta cerraba el círculo de visitas a los poblados íberos en torno a Edeta, por otro lado y este era al primero que me refería, esta sería la última ruta del grandote. 

Tras casi 18 años conmigo y 8 haciendo rutas, le tocaba ceder su puesto a otro coche más nuevo, veremos los inventos para hacer rutas con el nuevo Seat Ibiza.
Pero veamos la ruta de hoy. Le rendía los honores en una ruta que partía desde el trabajo, en el área de Torrent-Picassent, en la autopista A-7 y con él llegaba hasta Montserrat, lugar de inicio y fin de la ruta después de visitar la segunda laguna cerca de Montserrat, la destilería de Real, la torre de Montroy, la vega del río Magro, Turís, el poblado íbero de La Carencia y el Castell dels Sorells así como la Masía de Calabarra, bordear Corticheles y acabar por las sendas de Masía Pavías antes de poner el punto final a la ruta y la aventura del grandote que hoy esperará sus últimas horas entre ruta.

Empezamos a pedalear. Salgo del coche en Montserrat aún con las luces de las calles puestas, y es que al venir directamente desde el trabajo he llegado muy pronto y es casi de noche, no en vano el lucero del Alba iba indicándome el camino. El viento ya es a esta hora fuerte pero por suerte no frío. Salgo del pueblo junto al Consum hacia la cantera de arcilla. Hoy voy a ver la otra laguna que hay en la parte norte de la cantera. En la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/12/clot-de-les-tortugues-besori-monserrat.html ya estuve visitando la otra laguna en la parte oeste de la montaña roja y allí me dijeron que había otra laguna, pero no me dieron unas indicaciones precisas de por donde llegar. Ahora, con los datos dentro del GPS no hay pérdida siempre que sea capaz de ver algo con esta luz mortecina del amanecer que hoy parece tardar más que nunca en llegar. Un pequeño tramo repetido de aquella ruta pero en sentido contrario hasta que giro a la izquierda y continúo recto por el único camino que hay. 

Al final este acaba ante una depresión del terreno que imagino es donde estaba la laguna. Los carrizos pueblan las riberas de lo que fue el estanque y entre ellas alcanzo a ver el fondo reseco y quebrado de los lugares donde antes hubo agua. Rodeo todo el campo de naranjos y salgo a un camino que va girando a la izquierda para llevarme hasta el pueblo y volver a salir de él como hace un rato, ¿un pequeño “deja vu” o el día de la marmota? Lo averiguaré en breves instantes cuando llegue al cruce y tome esta vez el giro a la derecha que me lleva al final del camino por el que una senda a la derecha, que luego entra por un campo abandonado, me pondrá sobre una carreterita que tomo a la izquierda. 

Real y Montroy se ven cada vez más cerca y la montaña roja va quedando cada vez más lejos a mi espalda. Dejo el asfalto girando a la derecha por el único camino que encontraré, este baja hacia el fondo del barranco del Olmo que cruzaré por un vado entre rocas, pero si hubiera abundante agua estas rocas no bastarían para mantener los pies secos. 

Remonto al otro lado para tener una vista desde arriba de una gran balsa con Montserrat al fondo, no cabe ninguna duda de donde le viene el nombre al pueblo. Tras esto giro a la izquierda para bajar a nivel del río Magro que  cruzaré por un puente antes de entrar en Real de Montroi. Me dirijo primero hasta la puerta de la parroquia de Sant Pere Apóstol; una sencilla fachada frente a una antigua casona con profusión de elementos decorativos de la época. 

Callejeo hacia la destilería de anís Maura, la fábrica cerrada deja un poso en la memoria de cuando esta era una gran destilería con fama internacional, enfrente la curiosa fachada de la casa con su triple torreón con tejadillo azul. Alrededor algunas grandes casas que me recuerdan mucho a la Caperucita roja de Rocafort: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2014/01/riba-roja-alfara-del-patriarca-tos.html Cruzo el puente Lázaro, sobre el río Magro que une Real y Montroy. 

Primero por la carretera, pero a mitad del mismo veo un precioso carril bici-acera a la izquierda que haría las delicias de cualquier biker, así que una vez cruzado vuelvo atrás ya metido en este carril y busco unas bonitas vistas en la calle de la derecha, con la torre coronando el pueblo sobre el río Magro que tímidamente devuelve su reflejo duplicando una imagen ya de por si bella. 

Regreso al carril bici y avanzo despacio observando el monumental eucalipto que llena con su presencia todo el arco visual, es realmente impresionante la magnitud de este majestuoso árbol. Tras él asoma la iglesia del pueblo con su doble campanario. Detrás de ella encontraré la subida al castillo. Primero por una calle, luego por un parque lleno de cagadas de perro como no podía ser de otra manera, la plaga de dueños guarros de perros no conoce fronteras ni autoridad municipal competente para poner fin a tanta guarrería, y creíamos estar en un país civilizado, si esto no es muestra suficiente miremos las cunetas de cualquier carretera y veremos que este país es un vertedero… sin comentarios, perdón, sin más comentarios. El parque acaba en una senda que sigue subiendo, por fortuna demasiado lejos para que la mayoría venga a pasear al perro, así que ya puedo subir más tranquilo sin preocuparme en esquivar excrementos, que fino me he vuelto. Luego esta senda se une a un carril asfaltado que sigue subiendo junto a un abandonado campo de futbol. Arriba una casa destrozada, no en ruinas que es distinto, y al lado un vértice geodésico. 

Hacía tiempo que no conquistaba uno y el cilindro me ha dado una alegría inesperada. La foto, con la sierra del Ave al fondo es fantástica debido a la gran visibilidad que tengo hoy con este viento de poniente que auguraba rachas de hasta 30Km/h. Me propongo subir hasta la misma torre aunque sea trepando, y eso es lo que haré una vez superada la distancia hasta la base de la montaña. Una pequeña senda y unos metros trepando y cargando con la bici me ponen directamente junto a las antiguas piedras que allí pusieron los musulmanes en el siglo XIII. Al este debería estar el mar pero las montañas de delante, La Serreta y la Serra de Aledua son algo más altas y tapan la visión del gran azul, incluso al norte y sur de estas sierras las pequeñas colinas son más altas que esta pequeña atalaya y tampoco permiten ver el mar. 

Al otro lado la gran sierra del Ave recorta su alta cresta contra el cielo azul y va descendiendo tierra adentro hasta enlazar con las estribaciones de la Sierra Martés y el pico del Ñoño. Algo más al norte de estas sierras el pico Nevera, el Tejo y la sierra de los Bosques incluso llego a ver los montes de El Toro y partes de la Calderona. Es la recompensa de sufrir este viento que me acompaña todo el día y que me regala unas impresionantes panorámicas allá a donde mire. Bajo la loma y me encamino a cruzar el río Magro por el primer puente que encontraré en esta parte de la ruta. Si bien es cierto que el río ya lo he cruzado dos veces antes de llegar a los pueblos, en este tramo hacia Turís lo haré otras 6 veces, todas por pequeños puentes casi a ras del agua que supongo quedarán sumergidos si el río viene muy crecido. 

Ya al otro lado el camino gira a la derecha y acompaña paralelo al río pero dejando tierra de por medio. Tierra fértil que hace crecer los naranjos de esta zona de la Ribera Alta así como algunos campos con diversidad de cultivos. Ahora en invierno veo alcachofas, coles, habas y un largo surtido de cultivos que no alcanzo a identificar y que son todo un espectáculo de colores y formas. Incluso algunos campos de melocotoneros enlazan sus ramas tendiendo puentes de suave madera a las hermosas flores rosáceas que pueblan sus ramas y son todo un espectáculo visual. Pasaré también por el abandonado molino del azud, pero sin ninguna señal ni característica que lo identifique pasa por una destartalada caseta de campo más abandonada que otra cosa.  

La cercana orilla del río va dejando también sus cambiantes colores ocres de la tierra arcillosa que el río va, o mejor dicho fue erosionando. El pequeño río que conocemos hoy en día apenas si llega a aportar algo de agua al Júcar, cuenca a la que pertenece, además de estar seriamente contaminado. Algunas pequeñas rampas que encontraré por el camino me harán cerrar la suspensión para poder subirlas con algo más de comodidad, no son nada del otro mundo pero sí pequeñas cotas extraordinarias debido al paisaje casi plano que esperaba encontrar. Los estragos de los incendios del verano de 2012 empiezan a ser visibles en las montañas de mi izquierda y contribuyen a dejar el paisaje aún más pelado de lo que estaba ya, pues recordemos que a excepción de ciertas zonas, estas montañas valencianas no eran un frondoso bosque sino más bien un pequeño y ralo bosque de pino mediterráneo casi todo replantado y vuelto a quemar cíclicamente. 

Llego así a una fuente sin nombre en una bifurcación. A la derecha baja hasta el río y encuentra un puente que al otro lado llega hasta la carretera CV-50 al oeste de la Carencia; en cambio giro a la izquierda y continúo un poco por los campos para luego bajar hasta el río y cruzar un puente frente a una cantera. El otro camino lo tenía como alternativa por si este camino estaba cortado. De momento no es así y giro a la izquierda, continúo un camino en muy buen estado, ancho y de tierra. El río a la izquierda y luego a la derecha forma una especie de gran meandro de elevadas paredes comidas y arañadas a lo largo del tiempo. 

El propio camino me lleva a un puente y tras él una subida me saca del río junto a la ruina de una antigua casa en una curva del camino. Poco después me incorporo a la carretera que a la derecha, en poco más de tres kilómetros, me llevará hasta Turís. El viento va en aumento y me empuja de lado sacándome a la cuneta, lo que me lleva a rodar más hacia el centro del carril con todo el peligro que ello conlleva, pero es que pegarme a la cuneta es aún peor, pues ante los envites del viento tengo que hacer giros bruscos para mantenerme dentro del asfalto y algunos coches no dejan espacio ni para respirar, así que quien quiera adelantar que se vaya al otro carril, que se espere o que me atropelle, no hay más. 

Llego al pueblo que se hace bien visible desde lejos por la silueta de sus campanarios, uno el de su iglesia parroquial de la Natividad y el otro el de la ermita de La Mare de Deu. Callejeo tranquilo descansado un poco del viento y dejándome envolver por la tranquilidad del pueblo lejos del bullicio de otros pueblos más grandes. Llego a la plaza de la iglesia para admirar la monumental fachada de ladrillo rojo contrastada con las blancas columnas, así como las figuras decorativas y el alto campanario. Desde detrás también observo la gran cúpula de la iglesia, luego me adentro en la parte vieja para subir hacia la ermita. 

Un pequeño y sombrío patio interior, tras la reja, alberga la pequeña fachada con el campanario a su derecha. Aquí arriba el viento ulula entre los pinos del parque a mi espalda, buscaré un lugar protegido para dar un bocado y descansar un rato, pero el fuerte viento me hace darme más prisa de la deseada y volver a ponerme en marcha. Vuelvo a sumergirme en la calma del pueblo viendo viejas estampas ya olvidadas de cuando era pequeño y las cajas con los envases de cristal de la gaseosa se dejaban en la puerta para que el repartidor nos trajera una nueva remesa, aquello era reciclaje pero entonces esa palabra no la conocíamos, ahora todo es plástico de usar y tirar y el reciclaje que se ha puesto de moda se pone bien poco en práctica. Salgo a la CV-50 dirección sur hacia Montroy, voy en bajada y tengo el viento de espaldas por lo que la velocidad de pedaleo está, en algunos momentos, por encima de 65Km/h. es una pasada pedalear con la gorda a esta velocidad, lástima no poder guardar un poquito para cuando voy con el grupo. Me desvío poco después a la izquierda para llegar al barranco de La Mistera, un poco más arriba debería de haber una laguna en una de las canteras de la zona, pero llegado al barranco no veo el waipoint que había marcado y creyendo que me he equivocado de camino vuelvo atrás a la carretera, solo un poco después salgo definitivamente de la carretera a la izquierda para rodear la parte norte de las ondulaciones de La Carencia. 

Pequeños repechos me hacen ir ganando altura y vistas panorámicas impresionantes del lugar donde nacen las nubes... hasta llegar al inicio del camino de subida, sin pérdida posible ya que hay un panel interpretativo del itinerario hasta el poblado íbero de La Carencia de Turís, enclavado en lo alto de la montaña. 

Veo el desnivel, el estado del camino y los 2.5Km. que me esperan por delante junto con los 90 minutos a pie, menos en bici si el camino es ciclable, pero más si no lo es. Lo que sí deja claro el cartel es la importancia de este asentamiento:  http://arqueologiaypatrimonio.blogspot.com.es/2007/10/creen-hallar-la-ciudad-bero-romana-de.html  Así que sabiendo el tipo de caminos encontrados en otros sitios similares decido dejar esta aventura para otra ocasión y seguir adelante, con lo que me quedo sin ver el poblado y sin hacer la muesca correspondiente, bueno, haré una pequeñita por haber llegado hasta aquí. Este era el plato fuerte de la ruta, el centro neurálgico por el que diseñé todo lo demás, pero las circunstancias obligan y decido seguir adelante. El camino cambia entre asfalto y tierra mientras me dirijo al este hacia la fuente de La Carencia. 

Es curioso lo que inventan nuestros políticos para malgastar el dinero público: reparación y pavimentación del camino dice el cartel ante un socavón monumental: un cartel puesto en un camino usado por cuatro gatos como quien dice, que, en caso de que se arregle el camino ya lo van a ver y a notar, no hace falta que se lo digas con un cartel que habrá costado una pasta, y puestos a ponerlo ponlo al inicio del camino para que todos vean que se va a arreglar y puedan decidir usarlo… pero si no hay para más no hay para más y estos son, en muchos casos, los corruptos que hemos elegido o nos han tocado. 

Al final llego a la fuente, seca, qué digo seca, no tiene ni caño, así que difícilmente puede salir agua. De allí salgo hacia el norte para llegar al canal del río Magro o canal de Forata; también tengo una ruta en proyecto siguiendo este canal pero la complicada orografía y lo que parecen algunos caminos cortados me está dando más trabajo del esperado en diseñar la ruta, pero todo se andará. Está tan seco como la fuente y la línea reseca indica que hace tiempo que no corre agua por esta canal. 

Llego al acueducto que salva una depresión del terreno que envía las aguas pluviales hacia el barranco de las Cabezas antes de pasar por Corticheles y tomar su nombre. 

Desde este alto tendré una vista espectacular hacia el norte de las bodegas de Castell dels Sorells, también llamado castillo de Calabarra y la masía de Calabarra algo más a la izquierda bajo una impresionante pinada. El castillo es una preciosidad, replica casi exacta del que vi hace pocas semanas en Albalat del Sorells en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2013/11/riba-roja-almassera-convento-betera_27.html  pero lo que me llama poderosamente la atención es el otro edificio viejo bajo la pinada a la izquierda de este. Me acerco hasta allí para descubrir Calabarra. 

Una imponente masía tipo palacio con una torre al estilo torre del homenaje de los castillos. Nada he encontrado de esta masía salvo que últimamente se estaba rodando aquí la serie la Alquería Blanca y que perteneció a los condes de Trénor, igual aún es así, pero poco o nada más sobre este soberbio edificio que puedo ver un poco a través de la reja de la puerta. Lo rodeo por todos lados a ver si tengo más suerte pero tampoco. 

Así que vuelvo atrás hasta el castillo de Calabarra, sede de las bodegas de vinos y cavas y salón para banquetes. En esta zona las réplicas de edificios históricos parece haber sido una moda pues hay, en la carretera de Montserrat a Torrent una réplica de las torres de Serranos de Valencia, igual algún día encuentro otra sorpresita. Me adentro hacia Corticheles a donde no llegaré, giro antes a la derecha con el camino. En el siguiente cruce a la izquierda a la altura de la masía de Corticheles que apenas se deja ver tras el tupido bosque de árboles y matorral que crece sin control en la parcela. Este camino cruza el barranco del mismo nombre y que luego volveré a cruzar para ver la fuente de la Teja. Es incluso este barranco el que salva otro de los monumentos destacados de la zona: Els Arquets de Baix que ya recorrí en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/05/riba-roja-cortixeles-arquets-de-baix.html   Este tramo de ruta discurre ahora entre pinadas, luego un suave repecho junto a un picadero con caballos y tras una bajada y giro pronunciado a la derecha, me meto de lleno en las urbanizaciones. Cruzo el barranco donde diversas señales indican varios PR por la zona, yo giro a la derecha y a los pocos metros encuentro la fuente, rodeada de amplia vegetación a la misma orilla de las pozas que quedan en el fondo del barranco. Retrocedo y sigo el camino hacia arriba y aquí sí que es un continuo izquierda derecha, izquierda derecha. Parece mentira que esté dando tantos rodeos por caminos casi solitarios y sendas preciosas siendo que estoy rodeado de urbanizaciones y chalets por todos lados.  Cruzo otro barranco por un puente y junto a otro inmenso eucalipto giro a la izquierda. 

Luego encuentro una zona de pronunciados y divertidos toboganes y por fin “la civilización”: la locura de chalets, coches, el perro ladrando y poniendo en alerta a los 200 perros más cercanos, el de la música a todo volumen, que aunque me guste no tengo porqué aguantarla pues yo estoy haciendo otras cosas y un largo etc. de molestias que trae consigo ésta mal llamada civilización. 

Junto a la carretera un panel cerámico es el mapa de la urbanización. Toca ahora cruzar la carretera y seguir recto hasta ver la montaña de Montserrat delante a mi izquierda. Sigo hasta otra carretera y me incorporo a ella a la izquierda los últimos Km. de la ruta hasta el pueblo, donde buscaré directamente el coche sin adentrarme mucho hacia el centro, he visto un par de calles en subida y no me quedan más ganas de subir, solo quiero acabar y coger el coche por última vez hasta casa, dándole las gracias por los servicios prestados y recordando algunas anécdotas y viajes subido a su lomo. Esta ruta es su epílogo y no tiene nada que desmerecer. Otra pequeña joya por nuestros caminos que tanto tienen que ofrecer. Hasta siempre grandote.




Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=6086242