sábado, 13 de agosto de 2016

CastelldeCastells-Castellet-Els Arcs-Cocull

Om Om Om…
Sarvesham Svastir Bhavatu
Sarvesham Shantir Bhavatu
Sarvesham Poornam Bhavatu
Sarvesham Mangalam Bhavatu
Om, Shanti, Shanti, Shanti…

Traducción de sánscrito a castellano:

“Que el bienestar, paz, unidad y tranquilidad,
felicidad y prosperidad sean alcanzados por TODOS.”

La gran cantante Tina Turner cantando el mantra sánscrito Sarvesham.

Empezábamos la mañana en la terraza con unas apabullantes vistas sobre el Bernia “Narnia para los amigos, jeje” y el mar, tras la línea de costa de Altea, desdibujándose en el horizonte por la fuerza de la bruma. 

Acomodados al fresco,  a la sombra del sol, este poderoso mantra llenaba mis oídos desde el altavoz conectado al móvil, así comenzaba la meditación de esta mañana guiada por Ángel. Tenía ganas de seguir una de sus meditaciones. Tras este potente mantra una meditación escogida por él algo más mística de lo que estoy acostumbrado, pero sin entrar demasiado en ese aspecto que me produce algo más de resistencia me llevo el poder de “este ahora” a lo que será mi “Ahora” cuando esté solo en la montaña. 
Mañana la meditación será en el bosque junto al embalse de Guadalest y el lunes el lugar escogido será en el Coll de Rates. Meditaciones en plena naturaleza. Qué más puedo pedir.

Así que tras llegar con el coche cargado con la bici a Castell de Castells aparco junto al ambulatorio y recorro el pueblo calentando un poco la musculatura antes de iniciar la subida que me conducirá hasta el pas del Castellet. 

Influenciado y con el recuerdo aún fresco por la meditación de esta mañana no podía salir otra crónica que no fuera esta. No, en serio, al margen de todas las connotaciónes religioso-místico-transcendentales-… que pueda tener o quieras encontrar o no en la meditación, creo que nada que te ayude a sentirte mejor y vivir mejor a todos los niveles puede ser perjudicial. Que ahora me ha dado por este “rollo” del Mindfulness y la meditación, pues sí qué se la va ha hacer, me hace sentir MUY bien y verlo todo con otra perspectiva, con otra claridad, de otra manera. Bueno o malo y no lo uno o lo otro…
Así que... adelante, ahora vamos ya a pedalear.

Inicio la subida desde la carretera y este inicio ya no me deja margen para ir reservando, todo metido desde la primera pedalada en una rampa de cemento que pica hacia arriba pero bien. Paciencia, pedaleo y tiempo serán la clave para superar este inicio tan “prometedor”. 

Por fin acaba la rampa de cemento tres curvas después, aquí un ligero descansillo que se convertirá en la rampa principal de la subida excepto alguna rampa más fuerte que encontraré hacia el final. Aprovecho este descansillo para asentar la respiración y probar la técnica que me ha recomendado Ángel como ejercicio para hoy, repetir mi mantra. Así que inspiro un aire saturado de calor y olor a pino recalentado, a romeros secos, a arbustos y plantas aromáticas que impregnan el aire y me llenan los pulmones y la mente de recuerdos de otros lugares y otros tiempos. Exhalo dejando salir ese mismo aire que ya no contiene nada que necesite, lo bueno se ha quedado dentro de mí. Inhalo… exhalo. Inhalo… exhalo. Inhalo… exhalo. Consigo regular la respiración y las pedaladas comienzan a ser más redondas, más acompasadas al ritmo que yo impongo. Al frente el pico del Castellet deja ver los restos del castillo encaramados en una de sus paredes verticales. No he de subir hasta allí, solo hasta el collado que sirve de paso al otro lado de la montaña. 
A la derecha la Serrella se extiende como un cuchillo, a mi izquierda el Xortá muestra su cara más escarpada y rota, en algún momento tendré una vista lejana dels Arcs, es hasta allí donde me dirijo subiendo primero la montaña y luego bajándola. 

No podía haber escogido un camino llanito, que va. Parada fotográfica y otra vez a rodar. También advierto mi momento Mindfulness al percatarme que he dejado de lado mi mantra. Con intención y amabilidad vuelvo a él, sin juicio, sin crítica. Pero inevitablemente con la musiquilla del mantra de Tina Turner en la cabeza.
La rampa no cede ni un ápice y sigo adelante bebiendo más agua de lo habitual y sudando de forma descontrolada. Miro hacia arriba viendo como aún queda muy lejos el collado que imagino escondido entre los árboles que, milagrosamente, siguen poblando estas montañas. Pedalada a pedalada voy avanzando. Respira. Inspiro… espiro y así unas cuantas veces más para centrarme en el momento presente, esta ruta está siendo una meditación consciente en todo momento. Cuando no me centro en la respiración o el paisaje lo hago en la musculatura al pedalear. La siento empujando los pedales, estirando de ellos hacia arriba en el retorno de la pedalada y ganando un poco de fuerza a la gravedad que tira de mí hacia abajo dificultando mi avance. Si, ya sé, todo muy transcendental, pero es lo que hay después de una sesión tan intensa como la de esta mañana. De todas formas si no has practicado la meditación no puedes opinar con tanto criterio y si la has practicado y consideras que no es para ti no le des a estos comentarios más importancia de la que tienen, o sea, ninguna para ti. Sigo subiendo, llego a una nueva zona de cemento y empiezo a vislumbrar el final de esta subida. Así es, delante de mí el collado se abre y puedo ver el azul del cielo al otro lado de la montaña. Llego al cruce. A la derecha la subida al Castellet, o al menos al camino que pasa por debajo, pero tanto da llegar hasta allí como quedarse aquí pues el camino no llega hasta la cima. Recto el camino que seguimos en la ruta de Roda i Pedal: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2009/05/cronica-del-aixorta.html  

Me asomo lo justo para poder contemplar la sierra de Aitana y tomo el camino de la izquierda que continúa en subida hacia el Aixortá. Ya estoy en camino conocido, esta muesca en el sillín ya la tengo, metafóricamente hablando pues en aquella ruta vinimos con las bicis “viejas”. Camino conocido pero no recordado pues es aquí donde encontraré las mayores rampas y además con un firme muy roto y pedregoso en casi toda esta zona. Estas dos circunstancias juntas me obligan a tirar de potencia en varios tramos. Un pequeño mirador a la izquierda me deja unas colosales vistas sobre El Castellet, el Cocull mi siguiente objetivo, y la sierra de Alfaro.  


Continuo subiendo por el escarpado camino, primero el otro collado que ofrece también vistas sobre la sierra de Aitana y el Puig Campana. Una finca cerrada que presenta lo que parece ser un pozo bajo la sombra de un pino. ¡Qué fresquito! Este tramo del camino coincide con el fin de la pinada que de momento y en este tramo más alto me abandona por completo. 


No será por mucho tiempo pues estoy llaneando antes de llegar al cruce de caminos. Una vez allí veo como el camino, que sigue recto hacia la Font dels Teixos y que seguimos en la anterior ruta, se pierde en la ladera la montaña. Me despido de él pues yo giro a la izquierda y comienzo una brutal bajada, al principio por camino de cemento. Las curvas de 180 grados me obligan a exprimir los frenos a fuego pues la bici no entiende de curvas peligrosas o salidas de pista o nada que no sea velocidad pura en cada bajada. 

Pero antes de bajar y perder perspectiva una parada para admirar el paisaje y estudiar el mapa a vista de pájaro y ver hacia donde voy. Precaución en cada curva y un continuo soltar los frenos para que se refrigeren un poco pues el calentón que se están pegando me hace temer que se puedan llegar a derretir o cristalizar. Vuelvo a entrar en zona boscosa y voy buscando la senda que encontraré a mi izquierda en una de estas curvas. Llego hasta ella y sin bajar de la bici, con un poco de habilidad entre los matorrales y piedras llego hasta el mirador. Allí sí me bajo de la bici y disfruto del espectáculo. 

Els Arcs. Los colosales arcos de piedra son arbotantes gigantes apuntalando la montaña. Disfruto de la vista mientras sopeso la posibilidad de bajar hasta ellos, pero el inicio de la senda baja por un alud con piedra suelta y mucha pendiente hasta llegar a la senda de abajo que sí parece tan ciclable como esta que acabo de recorrer. De todas formas ese tramo de piedras sueltas me hace dudar pues no resulta muy seguro bajar cargado con la bici por un sitio así, ya tuve esa desagradable experiencia en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/04/tuejar-buena-leche-alpuente-arquela.html  Así que renuncio a esa posibilidad y me contento con ver este espectáculo desde arriba. Ha merecido la pena la subida y la colosal bajada para llegar hasta aquí. De todas formas el premio no era solo esto sino el todo para llegar hasta aquí. Vuelvo al camino y sigo bajando por el camino principal descartando los desvíos que van surgiendo a derecha e izquierda y acatando fielmente las instrucciones del treki que me guía con precisión en cada una de las aventuras que emprendemos. Tomo una última instantánea de la sierra y poco después llego a la carretera. Giro a la derecha en subida, pero llegado al punto donde aparece el camino la vista solo me ofrece, equivocadamente, un camino muy desdibujado que sube la montaña para luego descender hacia Els Corrals de Dalt, así que decido retroceder y tomar un camino más directo desde la carretera casi justo enfrente del camino por el que estaba bajando, unos metros tontos en subida. El Pla de Dalt se sitúa en una pequeña planicie entre este mar de montañas, montículos, crestas, picos y farallones que constituye toda esta zona.


De los corrales poco que decir más que son un buen montón de piedras entre los que se adivina lo que alguna vez fue un muro de piedra. Eso sí, un pequeño pozo alimenta un abrevadero junto a un solitario álamo. Junto a las casas se acaban las bromas y el camino vuelve a picar hacia arriba de forma constante. Otra vez el mantra en mi cabeza y la consciencia en la respiración o en el movimiento consciente de las piernas o en el cosquilleo que produce la gota de sudor que corre por mi piel, esa gota que si no la siento ahora no la volveré a sentir jamás. Respiro sintiendo el aire en mis pulmones, siendo consciente de que ensancha mi tórax y eso permite oxigenar mi cuerpo de una manera que no entiendo pero que sí que puedo apreciar y disfrutar. Me quedan casi 4 km. de subida a más del 8% de media para disfrutar de cada gota de sudor, de cada tanto por cien que se empine el camino o de cada jodida pedalada que voy a dar “to parriba”, ahora vas y meditas, jeje. Pero lo hago. Lo disfruto todo. A eso he venido, a nada más. Ya hace días que lo estoy disfrutando delante de los mapas diseñando esta ruta. Ahora estoy aquí. Aquí estoy, ahora. Y solo ahora. Pero la mente es como es, ella va a su bola y sus patrones son difíciles de modificar. Ella ya está dando pinceladas a esta crónica que aún tardará unos días en escribirse. Otro momento Mindfulness para volver al momento presente y volver a estar en el camino, en la ruta, en el paisaje, en el esfuerzo y la recompensa, en la vida. Las vistas quedan a mi espalda en la subida y como son las mismas que disfrutaré desde arriba no hago paradas que rompan el ritmo, cansino pero ritmo al fin y al cabo. Esta montaña no tiene ni un árbol, tampoco parecen tener ningún sitio donde arraigar entre lo que parece un paisaje lunar, un desprendimiento de rocas. 

Llego arriba junto al aeródromo pero aún queda mucho que subir. La caseta forestal y el vértice parecen estar en otro mundo dos universos más arriba, aquí los minutos pedal caen a un ritmo frenético en una subida que se me está haciendo eterna. Por fortuna el firme está perfecto, con algo de gravilla y algo de piedra pero bien, nada roto ni con roderas ni nada por el estilo, así que voy dibujando la curva que me acerca a la antepenúltima curva … esto no se acaba nunca, no hacen más que alejar y subir la cumbre. Por fin la última rampa, perdón, la última brutal rampa. Llego arriba sin resuello y la chica del observatorio forestal me mira como pensando que estoy mal de la cabeza, ¡dime algo que yo no sepa! Me siento a la sombra de una caseta y respiro hasta recuperarme un poco antes siquiera de poder decirle hola. Tras los saludos y comentarios de rigor saco la cervecita y el bocata y me pongo a beber pues tampoco tengo muchas fuerzas para masticar. Pero el bocata de jamón con tomate y aceite está de p.m. así que sin hambre o con ella cae en el pozo sin fondo que es mi estomago a estas alturas.  

Tras el relax viene el momento de disfrutar de las vistas que me he ganado a pulso. Al sur la Serrella, aunque tapado por un montículo no me ofrece una vista muy clara y cercana de la parte que acabo de transitar hace unos momentos desde el collado del Castellet hasta la bajada por Els Arcs. Sin embargo aún más al sur Aitana sobresale sobre todo cerrando el horizonte visual. 

Al este el Bernia también sobresale sobre montañas más cercanas. Al norte el Montdúver se desdibuja entre la bruma, también las playas de Gandía o incluso el Montgó flanqueado por Denia y Jávea apenas se distinguen entre la calurosa bruma. 

Lástima que el día no ofrezca una mayor claridad para poder disfrutar en plenitud del colosal paisaje que desde aquí se puede observar. Tras disfrutar todo lo disfrutable paisajísticamente hablando, solo queda bajar.  

Me anclo a los pedales y me dejo caer ganando velocidad de forma exponencial. Los frenos ya van calientes y eso que aún no he llegado a la primero curva pues la zesty no distingue entre curvas y barrancos y siempre tiene la máxima de que la línea más corta entre dos puntos es la velocidad. Y así, en un suspiro llego abajo a los corrales, de ahí a la carretera y otra loca bajada esta vez por asfalto y con el peligro de algunas curvas de 180 grados. Ya es más cuestión de llegar que de disfrutar de la velocidad y antes de darme cuenta estoy entrando en Castells, remontando el pueblo y parando junto al coche para dar por concluida una ruta memorable que deja un profundo poso de cansancio en el cuerpo. Esto lo arreglo yo en casa a golpe de cerveza. De vuelta en el coche hasta Tárbena y la casa de Ángel y Alberto que tan bien nos han acogido este fin de semana, el mantra de ahora mismo es “alucinante, qué pasada” “alucinante, qué pasada”…