miércoles, 8 de mayo de 2013

Río Juanes-Pico Nevera



Segunda incursión por la zona de la sierra Malacara. Tras la anterior ruta por El Fresnal, Las Moratillas y fuente Umbría me han entrado las prisas por seguir recorriendo estas montañas. La ruta de hoy me iba a llevar a coronar el pico de La Nevera, que con sus 1118msnm. es la cumbre más alta al sur de la A3 hasta el pico del Caroig treinta y siete Km. más al sur. La aproximación con el coche, hasta la urbanización del río Juanes junto al antiguo balneario en la carretera de Buñol a Yátova. Empezamos a pedalear.
Unos estiramientos y comienzo a dar pedales por la carretera en dirección a Yátova y en ligera subida. Un poco después tomo un camino asfaltado a la derecha que sigue subiendo; se acaban de abrir las vistas hacia el sur y el este. El Motrotón muestra su calcinada piel en contraposición a la exuberante vegetación de monte bajo que inunda esta parte del valle. Un manto de matorrales cubre de rabioso verde la rojiza tierra que veo junto al camino. Continúo el camino para entrar en una zona de cultivo de olivos, luego un camino surge por la izquierda, este camino baja hacia Yátova pasando por la restaurada ermita de san Vicente, lo dejo y tomo un segundo camino a la izquierda, a escasos metros de este y que me saca del asfalto. Vuelvo otra vez a subir, si es que había dejado de hacerlo en algún momento, de forma moderada pero constante por un terreno que agarra más que el asfalto. Los olivos se convierten en pinos en los márgenes del camino y sigo el camino principal desechando las diversas opciones que se presentan y que no van más allá de entradas a campos o chalets. Voy acompañado a mi derecha por un pequeño barranco del que pronto alcanzaré su cabecera, en una curva de herradura que endurece la pendiente y consigue hacerme sudar por primera vez. Al coronar este repecho encuentro un cruce de caminos y giro a la derecha por el camino de Pardenillas que parte en dos un campo de olivos. Luego encuentro más monte, que está siendo limpiado por brigadas forestales. A buenas horas, aunque más vale tarde que nunca y, por supuesto, los brigadistas no tienen la culpa de donde o cuando los mandan acondicionar el monte para prevenir catástrofes como la que asoló, el verano pasado, la otra parte del valle, donde allá al fondo, de encuentra la CV-429 que sube hacia Hortunas y La Portera. Unos metros más allá el camino se ciñe mucho al cortado de la montaña y decido que este será un buen sitio para almorzar. Sentado en una piedra al borde del cráter veo como la vegetación se esfuerza por colonizar la ennegrecida piel de la montaña de enfrente. Veo pequeños grupos de árboles que misteriosa y/o milagrosamente han sobrevivido al fuego y pienso que esta montaña se libró del fuego al quedar al norte del infierno que corría de oeste a este. Pienso en que solo a unos pocos Km. al oeste de aquí están los impresionantes bosques de Las Moratillas y El Fresnal que se libraron por los pelos. No me quiero amargar con tan negros pensamientos, así que intento mirar el verde que crece entre la ceniza, ese verde incansable que siempre vuelve más pronto que tarde, pero que tardará en alcanzar la magnitud y el tamaño de antes, si es que se/nos lo permitimos. 

Veo como la bruma tapa la albufera y el mar, y como entre ella aflora la cumbre de la serra de Les Rabosses y las afiladas montañas que corona el Montdúver. Continúo sobre la bici por el camino para llegar al corral de La Galena. Una ruina de lo que antiguamente sería un corral de ganado. En esta zona unas gotas empiezan a caer haciéndome temer lo peor. Y es que la primavera sigue revuelta como una peonza y la climatología no da tregua, sucediéndose las lluvias con días de mucho viento y al día siguiente el calor que da paso a otro ciclo de inestabilidad. Del corral no queda más que los muros exteriores con lo que tampoco da para cobijarse, aunque las cuatro gotas que han caído, y que han parado, tampoco inquietan más. 

A lo lejos el embalse de Forata dibuja una pequeña mancha azul entre el incipiente verdeo que pinta la gris montaña. Un poco más adelante el mapa indica que por aquí está fuente Umbría pero nada hace pensar que por aquí hay una fuente y si está se esconde bien. De todas las fuentes marcadas en el mapa no he visto ninguna excepto la de La Condesa. Luego un camino baja hacia la izquierda hacia el valle que veía desde la atalaya del almuerzo, sigo adelante olvidando este camino y centrándome en el bacheado firme que corta la vegetación de monte bajo que en este tramo de la ruta es la protagonista.  

Sigo subiendo este camino que exige más por el firme que por la subida. Llego a una bifurcación, con señales del PRV- 148, que tomo a la derecha, dejando a la izquierda el camino que baja hacia Forata. Rodeando la montaña que tengo a mi derecha el camino se convierte en pista forestal y esta baja hacia la fuente de la Condesa que visitaré luego, en la parte final de la ruta, pero ahora me toca girar a la izquierda y seguir por un camino tan bacheado y “pestoso” como este por el que venía. Tras este giro, lo que queda ahora a la derecha es el pico Pardenillas con su V.G. 

Llego a los Cortijos del Pobre: aquí bajo la pinada un viejo aljibe de piedra seca queda como testigo mudo de una historia más reciente y menos tecnológica de lo que podemos imaginar. Un camino de cemento baja hacia la izquierda hacia las casas de Pardenillas. La bajada es corta pero intensa y la vegetación es una amalgama de colores y texturas que ponen un punto de interés a un paisaje más monótono de lo que esperaba al iniciar la ruta. Tras cruzar el barranco y pasar junto a las casas giro a la izquierda, otra vez en subida, para encontrar una zona de cultivo de cerezos. Luego otra vez a izquierdas para seguir junto a los cerezos que ya dejan ver las verdes picotas que maman la savia de una tierra agradecida y que hoy se riega a través de modernos sistemas de goteo cuando hace pocos años era un árido secano. Dejo a la izquierda un camino y enseguida una curva de herradura a la derecha, arriba otra herradura a la izquierda y una bifurcación que tomo a la izquierda. 

A escasos metros a la derecha, casi oculta entre los arbustos, está la sima del Corral del Zurdo, cubierta por un enrejado para evitar accidentes. A partir de aquí la mole del Nevera será visible en todo momento a mi derecha. Es brutal ver hasta donde tengo que subir, pero antes me queda un aperitivo para ir abriendo el apetito. En dirección oeste el camino se acerca, llaneando esta pequeña meseta, hacia la subida al Pintao, que ahora queda oculta por una cercana montaña. Pero tras dejar atrás esta montaña las antenas cobran protagonismo de forma repentina y brutal, si el Nevera asusta al otro lado del valle, esto acojona ante el inminente mirar al cielo en que se torna el camino, con una brutal pared final junto a la línea de alta tensión. 

No queda otra mas que subir. Todo bloqueado y todo metido al servicio de la subida. Por suerte el encapotado día ayuda a mitigar la sensación de calor que genera el esfuerzo. El agua la sudo casi antes de beberla. Me lo tomo con calma pues sé que poco a poco, a ritmo, me haré con la subida y conquistaré la cumbre. Y así, antes de darme cuenta estoy metido en plena pared y el orgullo de no verme superado por la montaña me empuja a seguir dando pedales. Ya arriba pienso que no ha sido tan malo y pienso con algo de maldad, como dice Salva, que a esta subida le falta una rampita más. Desde la casa de Panella a 945 metros de altitud las vistas son espectaculares incluso a pesar de la bruma, en un día despejado debe de ser lo máximo. Visito la zona de las antenas mientras recupero pulsaciones y oxígeno y bebo un poco de agua, alegrándome de que no esté esa rampa que faltaba. 

Las vistas se cierran bastante ante la bruma que ya no se ciñe a la línea de costa y gana terreno a marchas forzadas, haciendo que las no tan lejanas montañas parezcan fantasmas nebulosos en los que no hay detalle, forma ni contraste. 

Miro a la cara del coloso y me preparo para bajar hasta el collado Umán por un tramo de asfalto corto, rápido y divertido. Ya abajo enlazo con la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2013/05/las-moratillas-fresnal-rio-mijares.html  y enfilo la subida hacia el pico Nevera. El tramo de pista conocido está en perfectas condiciones, pero al llegar al desvío, el descorazonador inicio es solo un pequeño síntoma de la enfermedad. 

Me adentro en lo que presumía una subida complicada; nada más lejos de la realidad, me acabo de meter en la boca del lobo. Una descripción concienzuda de este tramo daría para una crónica entera, pero resumiendo diré que este tramo de poco más de 5Km. de subida con un desnivel positivo de unos 300metros me costó más de una hora y cuarto de titánico esfuerzo, arrastrando la bici por un pedregal que no tiene nombre y pedaleando a base de potencia y por coj… en tramos en los que me empeñaba en no arrastrar más tiempo la bici. 

También hubieron un par de amagos de tirar la toalla y dejar la victoria en manos de la montaña, pero al final algo me decía que había venido aquí para esto, que la dificultad ya la intuía cuando en la otra ruta, pasando por la pista, vi la subida. Así que, como no tenía nada mejor que hacer, apretando los dientes y parando para secarme el sudor cada dos por tres fui subiendo y conquistando la cima. Ya que estaba aquí terminaba lo empezado y me olvidaba de otra intentona en un futuro. La risa de la montaña ya no se oía conforme iba acercándome a la cumbre y esta intuía que podía vencerla. 

Loco de contento llego al collado del perro, el nombre no está puesto al azar, al menos en la vertiente sur se la montaña. Custodiado por una fila de pinos, el camino baja por el lado norte de la montaña hacia Venta Quemada, es el descanso antes del asalto final. Otra rampa de vértigo se cierne ante mí, pero es el último esfuerzo y la determinación ya es imparable. Llego arriba para comprobar con desanimo que las vistas, en este día de bruma, no son tan espectaculares como habría querido, pero es lo que hay. Los 1118metros de altitud no me permiten ver mucho más allá, y lo de más acá está tan borroso que es una pena. La foto de la bici al pie del V.G. será la prueba irrefutable de la conquista. 

Algunas fotos sobre la llanura del Rebollar con sus mosaicos dibujados entre la tierra y los cultivos, el bosque de Villingordo a los pies de la montaña, y el Montote y el pico del Tejo saliendo de encuadre a izquierda y derecha respectivamente y siendo los siguientes objetivos programados por estas tierras. 

Hacia el sur las antenas de El Pintao se elevan delante de la sierra Martés, y cerrando el horizonte la sierra de Palomeras separa La Comunidad Valenciana de las tierras de La Mancha. Me preparo para bajar. La bajada tampoco fue un paseo. Poco menos de una hora llevando la bici de la mano cuando no empeñándome en hacer trial por un terreno imposible. Por fin llego a la pista y vuelvo a montar sobre la bici para hacer una bajada espectacular. Bajar hasta el collado Umán, tomar el camino asfaltado a al izquierda y disfrutar de una bajada suave y tranquila entre un pinar impresionante. 

La bajada no es muy pronunciada pero te da velocidad, lo que realmente me para son las curvas pronunciadas que obligan a tirar de freno, y claro, después hay que volver a coger inercia. La carreterita se pega al inicio del barranco o rambla de Bosna que, tras recibir las aportaciones de los múltiples barrancos que van a parar aquí de un lado y otro del valle, se convertirá en el río Juanes. La fuente de Ganaderos, si la hay, parece estar dentro de un recinto vallado, tipo chalet o algo así, de modo que sigo adelante. 

La vegetación del barranco es espectacular: pinos y fresnos cubren tanto el fondo del barranco como la ladera de la montaña y pintan, junto a las coloridas jaras, las imágenes que voy atesorando en mi memoria. Más adelante llego a la casa de los Yegüeros, una finca más moderna que se asienta junto a la carretera detrás de una pequeña pinada, tras ella, metida en la montaña un antiguo corral se desvanece y se mimetiza con el entorno. 

La fuente tendría que estar al lado derecho de la carretera bajando hacia el barranco, si es cierto que se oye rumor de agua, pero no hay camino ni señal, ni senda que me de una pista de donde puede estar. Otra oportunidad de agua perdida. Ya hace rato que voy racionando el agua para no quedarme sin el preciado elemento. Tragos cortos, más para mantener la humedad en la boca que para saciar la sed, esto no será hasta que encuentre una fuente. Después encuentro la zona mas agreste de estas montañas donde los afloramientos rocosos salen a la superficie, mostrando la enorme fuerza geológica que en esta parte de nuestro territorio se manifestó hace millones de años. Después viene la fuente de la Condesa. 

Esta sí que está y se deja ver a la orilla del camino, con su área de recreo, sus mesas y sus paelleros. El dichoso cartel de agua no apta para el consumo me toca las narices, creo que habrá otras formas de poner que esta agua no tiene las mismas garantías que la del grifo de casa… no sé, digo yo. El caso es que bien lavadas las manos, me sirven de cazo para llenarme la boca una y otra vez y saciar la sed. A partir de aquí la rambla se llena de agua, y poco después cambiará su nombre por el del río Juanes para llenar de maravillas, en su corto recorrido, el paisaje por el que va pasando. Justo antes de que la carretera se aleje de su vera interponiendo preciosos campos de oliveras, un par de pequeñas hoces o recodos serán el primer pintoresco signo de su magnífica singladura. 

Dejo el cauce a mi derecha y comienzo la subida hacia la urbanización de la cruz. Es una subida corta y suave que no representa ninguna dificultad. Ya arriba enlazo con la carretera que baja, a la izquierda hacia Buñol por el barranco de Carcalín, y hacia la derecha, que es la dirección que sigo, hacia Yátova, en una impresionante bajada hacia el río Juanes que será, tras pasar el puente, punto final de esta ruta.
Lastima que la cruel subida al Nevera haya marcado tan negativamente esta ruta que por lo demás, y sin ofrecer grandiosos alicientes, es una ruta bonita con unas pocas pinceladas de todo: pequeños núcleos de bosque, grandes zonas de matorral, caminos pedregosos de exigencia moderada, subidas y bajadas suaves y otras exigentes, asfalto, tierra y vistas abiertas, aunque la climatología no haya acompañado del todo. Pero las dos horas de tortura han condicionado demasiado el agradable recuerdo que podría tener de esta ruta, la recomendación es olvidarse de subir esa cota y disfrutar del resto de la ruta, seguro que así dejará un buen sabor de boca. 

Acabo la ruta sacando el bocata y la cerveza del coche y bajando a orillas del río, junto a la fuente que hay al otro lado del balneario para comer en este bonito y privilegiado entorno.