martes, 10 de junio de 2014

Azuébar-Chóvar-Eslida-Nevera


La ruta de hoy me iba a llevar por la Sierra de Espadán, desde el sur hacia uno de los pueblos en el corazón de la sierra, Eslida. La ruta, cortita no me hacía madrugar mucho aún a pesar de estar a una hora de camino en coche hasta Azuébar, lugar de inicio de la ruta. Llego hasta allí para iniciar la ruta desde el mismo punto donde con Roda i Pedal iniciamos la ruta: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2010/12/cronica-serra-despadan.html

En esta ocasión me pongo en marcha por la carretera CV-230 dirección Vall d’Uixó. Poco tráfico pero aún así demasiado para mi gusto por una carretera que no presenta ni carril bici ni arcén, y donde los coches, debido al poco tráfico, llevan una velocidad considerable y hacen, muchos de ellos, caso omiso de aquello de respetar la distancia de seguridad para adelantar a un ciclista, no son conscientes de que el aire que desplazan nos empuja con mucha más fuerza de la que piensan, y como muchos ciclistas se/nos comportan/comportamos en ocasiones con una absoluta impunidad ante las normas de tráfico pues creen que metiéndonos el susto en el cuerpo compensan un poco la balanza, vamos, que hacen el tonto hasta que algún día la cosa se pase de un susto. En fin, para evitar estas circunstancias pongo un buen ritmo para quitarme este tramo de carretera lo antes posible. Así llego hasta el desvío de la carretera de Chóvar, más carretera pero con mucho menos tráfico. Desde el cementerio a la entrada del pueblo un carril bici, tan corto que casi resulta absurdo, aunque toda piedra hace pared y no será cuestión de criticar estas iniciativas. A la salida del pueblo a la parte derecha de la calzada, en el sentido de subida, aparece un pequeño arcén señalado como carril bici, ya puestos pintarlo de rojo (como un carril bici) no estaría de más, aparte de una señal advirtiendo a los coches del intenso tráfico ciclista, pero esto de las señales y los carteles es algo que arbitrariamente utiliza nuestra querida generalitat o diputación o quien narices sea para utilizarlo donde y cuando menos falta hace, como podré ver después con las señales metálicas con una flecha y nada más, ¿A dónde va el camino indicado? El caso es poner la señal que para eso la hemos comprado, aunque el dinero para poner el nombre se haya quedado por el camino. La subida ya ha comenzado aunque vaya en suave progresión, tan suave que casi no se nota, pero subir sube. De hecho no he dejado de subir desde la primera pedalada. Dejaré atrás a la izquierda el área recreativa de las Carboneras. 

Toda la zona es un inmenso alcornocal que es la especie más extendida por la zona, aunque luego se mezclará con un buen bosque de pinos. Hago un pronunciado giro a la izquierda con un camino de tierra que sigue de frente y que será por donde volveré tras bajar de las alturas. Cruzo el barranco del Carbón y aquí ya se puede decir aquello de comienza puerto. Es una subida muy tendida aunque la rampa acaba de ganar unos puntos de porcentaje que se mantendrán muy constantes hasta arriba. La carretera va reptando por la falda de la montaña y va dejando una estela de curvas y contra curvas que deja bonitas estampas mientras piensas, o mejor dicho ves, hasta donde tienes que subir. El paisaje alrededor ayuda a acentuar la belleza de esta carretera, auténtico paraíso de ciclistas que con sus flacas me adelantan como si yo estuviera parado. Casi me miran raro, una bicicleta de montaña y un tío cargado con mochila a la espalda subiendo este puerto, más de uno pensará que estoy loco. Pero la locura vendrá después. 

Voy subiendo y parando para inmortalizar momentos y paisajes hasta llegar al mirador que se asoma a la derecha de la carretera. Poco despues llego arriba del puerto, y ya al otro lado me permito una última parada antes de iniciar la vertiginosa bajada. 

Una carreterita sale a la izquierda para subir hasta las antenas que coronan el Puntal del Aljub. Hoy no será el día pero ya tengo la ruta preparada para llegar hasta allí. Ahora suelto frenos y la bici se lanza loca persiguiendo algo que solo ella sabe. La aceleración es tan brutal que tengo que exprimir bien los frenos ante el empuje de la máquina. 

Pronto, lo que era el fondo del barranco empieza a estar a mi altura, y así llego a la entrada de Eslida. Poco después encuentro la entrada hacia la ermita que queda a la izquierda. Subo el calvario salvando un par de escalones y llego a la puerta de una bonita ermita que domina la ciudad. 

Me tomo mi tiempo en este tranquilo lugar para almorzar y cargar algunas energías que pronto voy a necesitar. Disfruto de esta paz antes de la batalla que estoy a punto de iniciar. Me pongo en marcha llegando otra vez a la carretera, izquierda y sigo bajando mientras cruzo el pueblo hacia el este y salgo de él por la carretera de Artana. Justo frente al bar de las piscinas un camino a la derecha se adentra hacia una urbanización. Dejando esta al frente la primera rampa con la que me encuentro es toda una declaración de intenciones sobre la batalla que venía a librar. Entro al trapo y ya no hay vuelta atrás. La primera de las rampas de locura ya está casi superada pero se resiste a retirase. Luego se acaba el asfalto y cede un poco bajo un inmenso bosque de alcornoques que me acompañará hasta arriba y que presenta los típicos árboles pelados en su tronco para la utilización de su corteza como corcho. 

El camino presenta algunos miradores improvisados que dejan ver Eslida coronada por el Puntal del Aljub y a su derecha el pico Batalla. La pendiente ha suavizado respecto a aquella de inicio, pero aun así es bastante más pronunciada que la del puerto, y encima sin el factor asfalto, bueno para el agarre malo para las emociones bikers. 

Solo de mirar hacia arriba me cae una losa viendo lo que me queda por delante. 

Dejo atrás una senda a la izquierda que sube al collado Roig, que ya vierte sus aguas y sus vistas hacia Alfondeguilla y el mar. Luego un tramo de cemento en el camino, que me obliga otra vez a romper el ritmo y tirar de potencia y de riñones. Estoy cambiando de ladera del barranco y veo el camino serpentear. 

Un poco más adelante un desvío, recto indica Chóvar, en cambio giro a la izquierda para encontrarme una rampa de cemento descomunal. Ya no me queda nada más que bloquear ni más hierros que poner, voy con todo. Tiro pedaladas como losas para mover cansinamente el desarrollo al límite de la verticalidad, pero mientras no pille ningún bache podré con ella. Llego al final del cemento y al descansillo, sigo subiendo. 

Las vistas ahora se abren espectaculares hacia el barranco de Ajuez que deja ver sus impresionantes formaciones rocosas con el “Castellet” plantado en mitad del barranco como un centinela siempre vigilante, eternamente dormido. Hay un sendero que baja atravesando el barranco por una zona de antiguas y abandonadas minas y también por el paraje de una fuente hasta el “Pantanet de Ajuez” ,un pequeño embalse de origen romano, que se abastece de las aguas del barranco para regar la huerta circundante. Llego a un depósito contra incendios; el camino continúa adelante pero acaba en otra senda que baja hasta el pantanet. En cambio a la izquierda está “el muro”. 

Una rampa casi recta de cemento que solo se deja subir unos metros, luego el colosal desnivel te obliga a poner pie a tierra. La locura tiene forma de camino… y los locos los recorremos. Empujo la bici pensando en si me atreveré a bajar esto subido en la gorda. Fin del cemento y otra vez a pedalear. Una bajada y al fondo otra subida descomunal, más empuje. Otra bajada y otra subida, y otra más. Hasta el vértice geodésico Nevera. Pero del nevero que venía buscando no hay ni rastro. Estoy agotado de los tramos de subir a pie. No me importa pedalear lo que me eche, pero empujar la bici me mata de “apoquitos” y eso no me gusta. Pero ya que estoy aquí haré el último tramo hasta arriba, hasta las antenas que se ven, ¿y si está allí? Pues no. Allí tampoco está. Y entre estas y aquellas con el cansancio me he pasado los restos del castillo de Castro que eran visible desde el V.G. solo me he dado cuenta en casa repasando las fotos en la que en una aparece el castillo por detrás de un pino que me lo tapaba. 

Con el cansancio extremo y la decepción de no haber encontrado la nevera me dispongo a bajar, haciendo a pie los tramos que antes eran bajada y ahora son subida. Encuentro una rudimentaria señal de piedra escrita con rotulador que marca la nevera. 

Justo enfrente una de esas absurdas señales de la generalitat con una flecha que tanto puede indicar la bajada hacia Chóvar como por donde queda Albarracín porque no da más pistas, pero el nevero para qué lo van a indicar, mira que si a alguien le da por venir a verlo. 

En fin. A la vista de la senda y no sabiendo lo lejos que queda, y con el cansancio acumulado de las terribles subidas que acabo de marcarme, decido no internarme en la senda no vaya a meterme en otro “sarao”. Ahora en casa y visto en el mapa no quedaban más de 100 metros, pero ya es tarde. Quedará en el tintero por si decido una aproximación futura que también me servirá para ver los restos del castillo. Toca iniciar la bajada y el tramo asfaltado da verdadero vértigo, luego giro a la derecha y vuelvo por donde he venido hasta el primer cruce de caminos que ahora tomo recto descartando el de la derecha que es por donde he venido. También nace allí una senda a la izquierda que baja hacia el Pantanet, pasando por las abandonadas minas y la fuente. La bajada es rápida debido al desnivel pero las cerradas curvas y la tierra obligan a retener un poco la bici. Tras las curvas de herradura llego a otro cruce y sigo el que indica Chóvar, que queda a la izquierda. 

El camino acompaña al barranco del Carbón que ya no dejaré hasta el final de la ruta allá en Azuébar. Llego rápido a la carretera y el tramo de asfalto, casi recto, es un tiro hasta Chóvar, aunque con menor pendiente. 

Entro al pueblo por la fuente y paro a probar el agua de la sierra. Luego me adentro en el pueblo buscando las indicaciones del Pantanet. 

El pequeño embalse está casi seco y la poca agua del fondo presenta un color y aspecto lamentables. Unas obras pasadas la cola del pantano dejan mucho polvo en el entorno y afean el paisaje que con algo de lluvia y todo el bosque más verde debe de ser una pequeña maravilla. Otro hito que no acaba de transmitirme lo que esperaba de él. Entre esto y los fallos míos al no tener bien marcado el lugar exacto de la nevera, y el descuido de las vistas del castillo parece que ha sido un fiasco de ruta… pero no. Ya de bajada hacia Azuébar, a gran velocidad y casi gratis, voy pensando en esto. Las rutas salen como salen, y aunque podría haber sido mucho mejor me quedo con los paisajes grandiosos del bosque de alcornoques, con la sierra dibujando mil y un picos y con subidas increíbles que una vez más me han puesto a prueba. Tampoco me olvido de las vertiginosas bajadas que, como ésta en la que estoy, me hacen disfrutar a tope. El puntal del Aljub me espera para una próxima ruta.


Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=7109566