jueves, 29 de mayo de 2014

Riba Roja-Cullera


La ruta de hoy remonta su planificación a la ruta con Roda i Pedal a la Muntanyeta del s Sants de Pedra de Sueca: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2009/02/cronica-manises-muntanyeta-dels-sants.html  En aquella ruta hablábamos de que Cullera no estaba tan lejos. Evidentemente desde allí no, pero llegar hasta allí desde Manises como lo hicimos aquel día tocando por primera vez los 100Km. más la ida y vuelta a Cullera suponía un reto inasumible en aquel lejano pasado de principios de 2009. Como ha cambiado la cosa en estos años. Pues bueno, aquel reto siempre quedo ahí en “stand by” pero cada día más latente. El caso es que desde la venta del grandote y la dificultad para trasportar la gorda con el nuevo coche, tenía planeada una serie de rutas largas que salían desde casa para no tener necesidad del coche.

El reto estaba previsto saliendo desde casa, y al llegar a Cullera coger el tren y volver hasta Benetússer, allí hacer un tramo de enlace y en San Isidro tomar otro tren hasta Loriguilla donde me esperaba el último tramo hasta Riba Roja. Pero como ya tuvimos problemas en Renfe al preguntar por el transporte hasta Barracas no me fiaba, ¿y si una vez en Cullera tenía problemas para subir al tren con la bici, o en San Isidro? Pues nada, planifico la ruta al revés y así si tengo algún problema lo tendré nada más salir de casa y con todo el día para hacer una ruta alternativa, en el peor de los casos desde Benetússer. Así que vistos los horarios  de los trenes que me tienen que llevar hasta mi destino final, y comprobada la meteorología que se presenta juguetona esta semana, decido aprovechar la ventana del jueves y lanzarme a la aventura. Vamos a relatarla.
A las 7.15 h. me pongo en marcha saliendo desde Riba Roja hacia Loriguilla. Esta vez decido tomar la carretera ya que presenta un amplio arcén y ya no es la ratonera aquella de la vieja carretera. No es que me guste y esta vaya a ser la tónica a seguir a partir de ahora, pero hoy es una excepción y así igual gano tiempo y puedo tomar el tren de antes. Los 8 Km. de carretera los hago a buen ritmo entre un sol que poco a poco va desperezándose y ganando altura y calor. Así que al llegar a la estación veo que he ganado los minutos necesarios para adelantar un tren con respecto a lo previsto. Trayecto en tren de lo más tranquilo hasta la estación de San Isidro, la antigua Vara de Quart. Allí tengo opción de llegar hasta la estación del norte metiéndome por toda Valencia o buscar un trayecto más tranquilo hasta la estación de Benetússer. Además intuyo que de haber algún problema para subir la bici al tren será más fácil tenerlo en Valencia donde hay más gente y puede ser más molesta la presencia de una bici. Los poco más de 8 Km. los hago en buena parte por un carril bici que presenta algunas faltas de señalización que pueden confundir un poco a quien no conoce esta zona. 

Una vez al otro lado del nuevo cauce otro pequeño punto de confusión hasta que el GPS me pone sobre el trazo a seguir. El carril bici muere al llegar al polígono industrial a la entrada de Picanya. En realidad el carril bici sigue tras pasar el polígono en el mismo sentido que llevaba, pero la falta de señalización te deja indefenso y sin carril bici que si sigues hacia adelante volverás a encontrar como una casualidad. En este punto giro a la izquierda y tomo la calle junto al polígono para adentrarme en Paiporta tras cruzar una carretera y pegarme al barranco del Poyo o de Torrent. Aquí me guio más por la intuición y lo poco que conozco esta zona que del GPS que con tantas calles es difícil distinguir la línea del track de las líneas de calles y carreteras y así llego a Benetússer y a la estación justo cuando pasaba el tren que debía coger. Al final el tren que había ganado aquí lo he perdido por lo que ya estoy otra vez en hora. A las 9.18 h. tomo el tren hacia Cullera sin ningún problema y disfruto del plácido trayecto pasando junto a la albufera que presenta una imagen, como siempre, deliciosa.

Poco antes de las 10.00 h. me pongo en marcha en Cullera. Sigo en mismo sentido que traía con el tren para encontrar el río Júcar. Las barcas de pescadores esperan en los amarres mecidas por la tranquila corriente del río que solo se ve rota por el oleaje que crean las barcas que van y vienen. El paseo por el puerto ni es paseo ni es acera sino una sucesión de obstáculos puestos sin orden ni concierto para dificultar aún más la difícil labor de pasear junto al puerto. El resultado es una tediosa travesía con algún que otro lugar de olor inmundo, bueno, algo habitual en las calles de este país nuestro que, lejos de oler a ajo que decía la Beckham y que ya quisiéramos, huele a meados de perro, olor bastante más desagradable que el otro. Voy dejando atrás el puerto y el pueblo para adentrarme por el espigón que encauza al río en su unión con el mar. 

Desde allí la vista de la bahía es un prodigio, un escaparate, una llamada a gritos a los turistas para festejar esa religión de sol y playa sin fin. La vieja Cullera queda a espaldas de la montaña, del mar, casi escondida de la locura urbanística y veraniega que a pocas fechas se desatará aquí. Hacia el sur las vistas se llenan con el Montdúver, y con el Montgó, ya metido en el mar prometiendo toda la costa alicantina. Retrocedo para tomar un camino a la derecha que me lleva hacia el inicio del paseo marítimo. Allí a la sombra de un árbol me siento en un banco para almorzar y tomar fuerzas para la larga marcha que me queda por delante. Ya con menos peso en la mochila me pongo en marcha recorriendo el maravilloso paseo que ya va tomando vida pero que se puede recorrer sin ningún problema en estas fechas y a estas horas de la mañana. Al final no queda otra que salir a la carretera para llegar a la Illa dels Pensaments. Desde aquella punta se tiene una vista privilegiada de toda la bahía con las montañas al fondo, tras la desembocadura del Júcar. 

Otra vez en movimiento para llegar hasta el faro y tener desde allí unas impresionantes vista de todo el Golfo de Valencia hasta las Islas Columbretes. 

Y en el interior todas las montañas de La Calderona, la Serra d’Espadan detrás y coronando todo este macizo montañoso la picuda silueta del Penyagolosa. Y mientras tanto el mar a lo suyo… batiendo contra la roca o la arena, o el cemento de las urbanizaciones que le crecen tan cerca que a veces, cuando el mar se cabrea, se meten dentro. 

Tras unos momentos de contemplación sigo adelante hacia la ermita de San Lorenzo, por el carril bici que hay junto al canal que desagua las aguas de los arrozales y de la Bassa de Sant Llorenç que ya visitamos Roda i Pedal en la ruta: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2008/12/crnica-cullera.html Llego al final de este carril bici en una rotonda donde la estrecha carretera hacia Valencia es una pequeña ratonera por la que no pienso meterme. Giro a la izquierda, cruzo el canal que tenía a mi izquierda y enseguida a la derecha siguiendo otra vez el canal. Aquí me adentro en la enorme superficie de arrozales que, en distintos estadios de crecimiento, muestran una grandiosa alfombra verde entre el fango de la tierra anegada. 

Precisamente esa lámina de agua es la que enamora en este tramo de la ruta creando duplicados de las montañas reflejadas en su interior de plata y cristal. 

Llego a un cruce donde el canal, a mi derecha, se precipita catarata arriba hasta las acequias que lo alimentan desde ambos lados del camino. Aquí sigo recto alejándome del canal. Un giro cerrado a la izquierda y un poco más adelante otro igual pero a la derecha. El tapiz verde es infinito, y con él metido en la retina llego hasta una carretera a la que me incorporo hacia la derecha en una larga recta. Tomo el primer camino a la izquierda por un camino similar al que acabo de dejar atrás. Así llego hasta otro canal el cual no cruzaré, sino que tomaré el camino de la derecha dejando el canal a mi izquierda hasta la entrada a Mareny de Barraquetes, antigua pedanía de Sueca y hoy EATIM Me adentro en la población buscando el mar, al que llego sobre el paseo marítimo y allí, dejando al mar a mi derecha, pongo rumbo a Valencia recorriendo todo el paseo hasta la gola del Perelló, una de las tres golas principales de La Albufera. 

Esta gola la cruzo a través de una moderna pasarela peatonal que permite ver todo el puerto resguardado en los últimos metros del canal. Una vez abajo de la pasarela un giro de 180 grados para pasar por un pequeño túnel bajo la CV-500, la carretera entre la autopista del Saler y Sueca. Al otro lado de la carretera me adentro en un entorno dominado por invernaderos, y ante la puerta del tancat del Recatí me paso la entrada al creer que es una propiedad privada. Tras unos metros retrocedo y tomo el camino que avisa de no adentrarse en época de caza. 

El camino muere en una acequia que habrá que cruzar sobre unos tablones para retomar el camino al otro lado y girar bruscamente a la izquierda y seguir el camino hacia la rotonda del Perellonet donde no queda otra que tomar la carretera cruzando el puente sobre la CV-500 sin arcén. Ya al otro lado ya retomo el arcén que hará algo más seguro el tránsito junto a los verdaderos amos de las carreteras. Tal es mi ansia de abandonar la carretera que tomo la salida del campo de golf para darme cuenta que mi salida es la siguiente unos metros después. Reparado el error entro de lleno en el bosque de la Devesa. Un espacio de una belleza increíble y una calma arrebatadora, que recorro con tranquilidad disfrutando del entorno. 

Se cruzan aquí muchos caminos que recorren esta joya natural de incalculable valor medioambiental. Descartando todos los caminos con los que me voy cruzando llego hasta un parking, momento de tomar un camino a la derecha que llega hasta el lago artificial: lo que debería haber sido un puerto deportivo en el megalítico proyecto que allá por los años 70 del siglo pasado planeó el ayuntamiento de Valencia para acabar con la Devesa y convertirla en hormigón; lo que no consiguieron del todo entonces han vuelto a la carga unos años después lográndolo, en parte, con la fallida, económica y en cuanto a gestión se refiere, ciudad de las artes y las ciencias. Un espacio que en cualquier otra gran ciudad europea generaría ingentes cantidades de beneficios económicos y sociales a través de puestos de trabajo, en cambio aquí pasaremos varias vidas pagando el desproporcionado "sobrecoste" de esta inmensa obra,… y lo que se ha quedado por hacer, aunque presumo que no por cobrar. 

Tras el lago cruzo la última de las grandes golas, la del Pujol. Me adentro ahora en la zona que se llegó a construir y que incluye las monstruosas torres de apartamentos, el hotel de lujo cerrado y el pueblo marinero. Intento ganar aquí un poco de tiempo imprimiendo velocidad a mi rodar. 

Luego voy pasando junto al cordón dunar recuperado a aquel paseo marítimo que se construyo en elevación y con chiringuitos abajo a lo largo de kilómetros hasta el centro deportivo de El Saler. Junto a este giro a la izquierda hasta una rotonda en la carretera, antes de tomar la carretera aparece el carril bici y ya siguiéndolo a la derecha me vuelvo a adentrar en la pinada hasta que esta desaparece, y en su lugar aparece a la derecha el mar y a la izquierda una sucesión de campos de cultivo. 

Este carril ya no tiene pérdida hasta la playa de Pinedo, una playa muy sucia y degradada hace años y recuperada y muy cuidada hoy, a pesar de estar junto a la desembocadura del nuevo cauce del río, la acequia y el puerto, tanto deportivo como del puerto de Valencia. 

Llegado al río sigo el carril bici cruzando el plan sur y adentrándome junto a la autovía del Saler hasta La CAC. 

Allí tomo los caminos del viejo cauce del Turia bajo la eterna arboleda que domina este inmenso e imponente parque. 

Este me deja directamente en el nuevo parque fluvial que iré recorriendo con la admiración que siempre despiertan estos dos espacios tan distintos y tan unidos entre sí. No me extenderé mucho en contar las virtudes de estos jardines y parque fluvial ya que están mucho más que contadas en este blog en otras muchas rutas por la zona. 

Solo destacar la parada  para comer en Quart de Poblet, en la zona habilitada junto al río y que fue la primera zona en abrirse al nuevo parque. Un pequeño descaso que viene bien a las piernas que ya empezaban a mostrar síntomas de fatiga. Lo peor será volver a ponerse en marcha y acomodar las posaderas al sillín, esto ya no será posible en lo que queda de ruta y el no saber cómo sentarme será una constante hasta el final. 

La nota negativa es ver el desastre del incendio del sábado 17/05/2014 que se ha llevado por delante, no solo el cañar, ya que este se regenera pronto, sino también una buena parte de la pinada junto al puente del By Pass y ha afectado a los grandes chopos y olmos de la zona, veremos hasta que punto. Desde ahí como un tiro a casa rodando rápido a la hora de la comida y que me deja el camino casi para mí solo. 


Track de la ruta:http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=6967063