martes, 23 de julio de 2013

Sot de Ferrer-Emb.Regajo-Algimia de Almonacid-Castellnovo


La ruta de hoy seguía remontando el río Palancia hasta el embalse del Regajo, desde ahí me adentro hacia la Serra D’Espadán para llegar hasta Algimia de Almonacid, luego hacia Castellnovo y de vuelta buscando otra vez el río. La ruta tiene un montón de lugares interesantes que visitar pero el calor, a pesar de haber mucha agua, pesa demasiado y se hace muy pesada. Vamos por partes.

En coche hasta Sot de Ferrer, allí dejo al grandote esperándome en una calle hasta mi vuelta unas horas más tarde. Tras la calle del palacio encuentro otra que se acerca al río, allí encuentro el lavadero del Inchidor junto a la acequia que alimentaba al antiguo molino, esta misma acequia riega los otros dos lavaderos del pueblo, el de la Rocha la Escuela, que vi en mi anterior ruta por la zona http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2013/07/alfara-de-la-baronia-sot-de-ferrer.html  y el lavadero de la Luz que veré esta misma tarde poco antes de terminar la ruta. 

Tras la breve visita me dirijo a la carretera que cruza el puente de salida hacia Soneja. Sobre el río veo el caudal que este aún trae y las distintas pozas que forma entre las rocas: al salir del pueblo el caudal del río es prácticamente nulo tras la toma de la acequia Mayor de Sagunto. Giro a la izquierda con la carretera en leve subida. Tras la curva a la derecha se presentan unas hermosas pozas en el fondo de una cantera abandonada, el erosionado paisaje no volverá a ser el mismo pero el efecto del agua y la vegetación ayudan a suavizar el terrible impacto visual de una cantera. 

Paso una rotonda y bajo hacia el P.I. de Soneja, otra rotonda y derecha para bajar hacia el pueblo. Una zona urbanizada y parcelada espera ladrillos a poco que se recupere esta crisis inducida por algunos para llenarse más los bolsillos. Horribles fincas y/o adosados compartirán vecindad con las viejas casas del interior del pueblo, casas que aunque en su conjunto ya no guardan una estética si mantienen su propósito de calles de pueblo, de vecindad, de armonía, de silencio, de personalidad no vendida al absurdo crecimiento urbanístico que nos ahoga más que nos libera. Un poco más adelante en la calle encuentro la pequeña ermita de San Francisco Javier, una pequeña construcción enclavada en pleno pueblo. 

Continúo siempre por la calle más exterior del pueblo y paso, primero por el lavadero municipal y luego por el museo del Yeso, mineral que representa una de las mayores fuentes económicas del pueblo y luego por el Allenador, el sitio donde venían antiguamente los vecinos a llenar agua de la acequia. Salgo del pueblo bajando hacia el río por el abrevadero de Las Fuentes, mitad abrevadero y mitad lavadero. Abajo hay un área de recreo cercana al pueblo y al río. Giro a la izquierda y tengo otra vez las aguas del río como compañía. El frondoso bosque es una constante en casi todo el recorrido del río y la abundancia de agua parece imposible que pueda desaparecer en el siguiente pueblo. El rumor del agua se confunde con el suave rozar de las hojas de los árboles y cañaverales que saturan el espacio, el río se encajona entre laderas quemadas en la orilla opuesta. Me dirijo hacia Villatorcas, una pequeña pedanía de Segorbe, esta se deja ver entre la vegetación encaramada en una loma mirando la salida del sol. 

Cruzar la aldea es cuestión de segundos, aunque merece la pena detenerse a observar la fachada de la iglesia y el lavadero. A la salida me alejo un poco del río pasando una zona de cultivo de olivos, luego llego a una bifurcación que tomo a la izquierda entre un pinar para ir, poco a poco, bajando hasta el río por un estrecho pasillo entre las cañas. Me acerco hasta el puente para ver el paso del agua. Allí mismo está el polideportivo bajo una increíble sombra con mesas para picnic, es el paraje de la fuente de San Gil. Es una bonita área recreativa y un pequeño paseo desde el pueblo de Geldo. Llego hasta el pueblo y me dirijo, también por la calle más exterior hacia la fuente del Santísimo Cristo de la Luz y al lavadero junto a ella. Están en un parque bajo una bonita arboleda que refresca en este día de tremendo calor. Continúo por un camino ganado a la acequia y que pasa junto a las ruinas del molino.

Pasado este giro a la izquierda en una corta pero intensa rampa y giro otra vez a la derecha para salir del pueblo. Esta carretera me lleva hacia Segorbe, yo abandonaré esta carretera a la altura de un camino que baja recto hacia el río. Cruzo un puente y tras 150 metros un camino a la derecha, este sube un poco y me deja ver en perspectiva Segorbe que queda al frente. Llego hasta una rotonda y la zona de expansión de un P. I. junto a la carretera de Segorbe a Castellnovo. Llego a la rotonda sobre esa carretera y giro a la izquierda para bajar hasta el río, cruzarlo y girar inmediatamente a la derecha por un camino entre cultivos. Es un camino asfaltado que queda a los pies del pueblo encaramado en su atalaya y dominado por su castillo. Giro a la derecha para cruzar el río y llegar a la fuente de la Teja, tras refrescarme vuelvo a la otra orilla y continúo camino. En el siguiente puente sigo recto y me enfrento a una subida monumental que me lleva junto a las vías del tren. La rotundidad de la subida me hace agradecer la bajada a continuación y llegado al cruce, un error, me hace cometer la torpeza del día: la fuente de los 50 caños está allí abajo a escasos metros, pero el cansancio de la subida y el calor no me dejan ver con claridad las indicaciones del “Treki” que me dice obstinadamente que es para abajo, sigo de frente y cuando me quiera dar cuenta ya será tarde para volver atrás. Que digo yo que un cartel indicando este paraje natural no estaría de más… El camino continúa y, llegado a una bifurcación, giro a la derecha por un camino rural perfectamente señalizado con dos enormes carteles: uno, a mayor gloria de la Generalitat, indicando el acondicionamiento del camino rural, otro, a modo de señalización de una autovía o una nacional muy transitada, indicando la limitación de velocidad y el tonelaje máximo permitido, como si viendo el camino por donde te vas a meter no fuera suficiente. El camino irá girando lentamente con la curva del río entre cultivos que intercalan naranjos, perales y nísperos. Este camino me conduce sin pérdida hasta cruzar nuevamente el río, allí a la izquierda para tomar una senda junto a una cadena. La senda salva un pequeño desnivel en un ribazo, nada preocupante, luego unas piedras a modo de escalones y tras esto se hace perfectamente ciclable, solo la vegetación que ahoga el camino pone alguna dificultad. Es una zona bastante encañonada y el sonido del agua rompiendo entre las rocas y el murmullo de la vegetación inundan el valle. Llego a una rampa y al otro lado ya se puede ver la catarata. 

Inmensa, sorprendente, magnífica. El agua se derrama en una fina lluvia rompiendo contra las rocas del fondo y creando un musgo que llena de vida la paciente y tranquila roca. A su lado el río tampoco se mantiene del todo quieto y corretea entre las rocas creando pozas antes de embalsarse en una depresión del terreno junto a un desmantelado puente que une esta orilla con la orilla de la catarata. En aquel lado también está la fuente, pero sin puente y sin la ropa adecuada para la ocasión lo veo todo desde la distancia mientras me siento a almorzar en el césped a la sombra de la arboleda. Las rojas paredes derraman restos de retorcidas estalactitas milenarias dando una enorme fuerza visual al conjunto. Tras el almuerzo continúo camino. Enseguida me encuentro con una fuente con múltiples caños, no es la de Segorbe pero hace su papel. Sigo el asfalto subiendo para encontrar otra pequeña catarata que se derrama por la pared y las escaleras que bajan desde el pueblo. Arriba de esta cuesta está la zona de aparcamiento junto a las casas del pueblo. Callejeo un poco por el pueblo acercándome a un mirador sobre el río, abajo un gran árbol tapona el paso sobre un puente, por ahí abajo hay otra fuente y me pongo en marcha para buscar la forma de llegar hasta allí. Abajo veo un camino que gira a la derecha y por él llego hasta la fuente y el puente, también veo que el camino continúa y deduzco que rodeará el pueblo por abajo y llegará hasta el Salto de la Novia, pero al no saberlo con seguridad no voy a acercarme. Sigo remontando el río tras pasar la calle por la que he bajado. Este camino asfaltado transita junto al río y es tranquilo, en un momento dado se incorpora a la carretera de Navajas a Gaibiel aunque la tranquilidad apenas se ve alterada por el tráfico. 

Tomo el desvío a la derecha a la urbanización Fuente de los Baños, allí un monumental puente une ambas orillas y permite bajar hasta las pozas del río que son un lugar ideal para el baño. Una breve visita y continúo por la carretera hacia el embalse del Regajo. La presa está coronada con una pasarela para cruzarla, esta pasarela no está habilitada para el paso de coches así que no presenta ningún problema. La mancha de agua se extiende como un espejo entre la verde vegetación de las orillas y alguna conquista extra del fondo del lago. El pequeño embalse está casi lleno y ofrece una vista de relax y tranquilidad, de frescor en medio de este caluroso día. 

A partir de aquí termina la parte “fresca” de la ruta, me adentro hacia el interior de la Serra D’Espadán aunque no llegaré hasta el corazón del mismo ni de sus cumbres. Vuelvo a la carretera y giro a la izquierda siguiendo la fila de cipreses que acompañan al camino. Junto a un frontón sale un camino de tierra a la derecha en ligera subida, lo tomo y la ligera subida me hace subir algo más de 100 metros de desnivel. Arriba un cruce de caminos, sigo recto por pista asfaltada para llegar a otro camino pavimentado que baja a la izquierda. La bajada es monumental por un camino estrecho y serpenteante. Mejor encontrarlo de bajada pues las rampas son brutales. Este camino me lleva a la carretera de la Vall de Almonacid que tomo a la izquierda. Poquísimo tráfico y un arcén ancho y limpio me permiten rodar sin preocupaciones. El pueblo está casi desierto y sigo por la carretera intentando localizar, si lo hay, el lavadero. No tengo esa suerte y se me acaba el pueblo. A la salida encuentro un estupendo carril bici-acera alejado de la carretera por un guarda rail, también encuentro a los habitantes del pueblo en la piscina municipal. Casi 1Km. y medio después me desvío para entrar en Algimia de Almonacid en busca de una fuente donde meter la cabeza y los brazos. La fuente de Alcodorí será ese oasis que andaba buscando, luego sigo disfrutando del acogedor estar por las calles del pueblo; calles largas y estrechas, con pocas calles trasversales, con casas de una o de dos alturas la gran mayoría. Calles sin tráfico, sin coches aparcados, sin ruidos, sin contaminación, calles limpias y cuidadas en contraposición a las mierdas en las calles de las grandes ciudades, de la peste a meados de perros con la que convivimos, y lo peor de todo, a la que nos hemos acostumbrado como si fuera normal, ciudades modernas que quisieron dejar de ser pueblos, de pueblos “que fueron gaviota por querer ser gavilán” por unas aspiraciones totalmente fuera de lugar. Atravieso el pueblo encontrándome con gente que saluda a sus vecinos e incluso a los que no lo somos, un buenos días o un gesto con la cabeza o una sonrisa amable que detectan que te ha visto y reconocido, que no eres “algo” que pasaba junto a mí y que he hecho como si no te viera o no existieras, no sea que me vayas a pedir algo. Sigo hasta el final del pueblo, hasta el lavadero que emana frescor con el correr del agua y la sombra de su tejado. Más allá el polideportivo con la piscina municipal. 

Sigo por la carretera que sale del pueblo hacia Alcudia de Veo. Al poco me encuentro con la ermita de la Cueva Santa, un poco más allá un camino a la derecha me saca de la carretera y me lleva hasta el acueducto de la Alfándiga de origen islámico. Tras el acueducto el camino sigue por el barranco del Agua Negra, que recibe las aguas de la vertiente oeste del pico Espadán, luego se convertirá en la rambla de Algimia y luego en el río Chico, para desembocar en el Palancia pasado el puente por el que he entrado antes a Segorbe. 

Al frente la imponente silueta del castillo de Almonecir, levantado en el siglo XII por los musulmanes. Encuentro el camino que sube hasta allí pero hoy no es el día, el sofocante calor está machacándome de lo lindo y la subida que hay me la guardo para tenerla luego en las piernas. Llego, por entre campos plantados de olivos, hasta la fuente larga y la gran balsa de riego. 

Es un paraje bonito y emblemático del pueblo y recuerdo la visita que hicimos Roda i Pedal en la ruta: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2010/12/cronica-serra-despadan.html  continúo adelante, giro a la izquierda y comienzo a subir la montaña, luego otro giro, esta vez a la derecha me adentra en la colosal pinada que hay en esta zona. La subida es dura, más por el calor que por las rampas en sí, además de que mi “redondeado” estado de forma no acompaña demasiado; es lo que tiene la combinación de pistachos, cerdo, en casi todas sus formas y sabores, y cerveza a gogó. En un momento dado el camino se mete en una propiedad privada, es la masía de Matuta: tradicionalmente esta finca era una explotación olivarera donde se elaboraba su propio aceite. Sus orígenes se remontan a la época musulmana, en la que también se construyó una presa para el riego de la huerta, levantada sobre los cimientos de una alquería árabe en el s. XVIII y rehabilitada en la última década. Paso por el camino junto a la masía donde un amable trabajador me explica la reconversión de la masía en hotel rural, muy amablemente me ofrece agua fresca que con la que está cayendo la recibo de mil amores. Continúo camino para adentrarme otra vez en el impresionante bosque que rodea la masía y las cuadras donde los caballos esperan sus paseos por el monte. 

La rampa a la que me enfrento ahora es descomunal, por un firme pavimentado que me hace esperar lo peor, y lo peor se cumple. Es un tramo corto pero intenso, tanto que una vez he parado para hacer la foto no puedo volver a arrancar y tengo que subir un pequeño tramo andando hasta poder nuevamente arrancar. Justo arriba otro cartel de la propiedad privada en sentido descendente, lo que quiere decir que ya estoy otra vez en monte público. Pero lo reconfortante es la bajada increíble que me espera hasta Castellnovo. Casi 3Km. de adrenalina total a una buena velocidad y con un firme en perfectas condiciones. Llego como un tiro a la carretera, giro a la derecha y llego hasta el pueblo después de pasar por el área recreativa de La Mina. Un precioso y amplio lugar de esparcimiento junto al campo de futbol y bajo una no menos impresionante pinada. Es hora de comer pero me queda por delante el reto del día: la subida a las ermitas. 

Me adentro en el pueblo hasta llegar a ver el calvario a mi derecha y levantando más la vista las dos ermitas una en mitad de la montaña y la otra coronando la cima, allá voy. Todo metido y todo bloqueado. No hay más hierros ni más cadencia para mover el desarrollo. El pedalear lento y cansino pesa como una losa bajo este caluroso día. Cada pedalada parece un paso hacia abajo que me hunde en el líquido asfalto, y cada mirada hacia arriba para situar las ermitas respecto a mi posición es como la teoría de los 6 grados de separación, solo que yo estoy muchos grados más allá, lejísimos. Las pesadas piernas me dicen que no van a poder con el reto, pero tirando de… no se qué, me planteo llegar, al menos, a la primera de ellas. Un Km. al 10% tiene la culpa de llegar arriba y tirar la toalla. El siguiente Km. a otro 10% hasta la ermita de San Cristóbal me lo ahorro. Veo abajo las cristalinas y azules aguas de la piscina, yo me bañaré en la fuente dejando correr el agua mientras quede sudor que arrastrar. El bocata y la cerveza no tardan en estar en mis manos mientras contemplo las soberbias panorámicas que ofrece esta montaña. La Calderona al completo como no la había visto jamás. Desde el otro lado de la sierra desde San Miquel de Lliria es uno de los mejores puntos para observarla, solo que el Mont Mayor, la principal altura de la cordillera, apenas es visible cuando desde aquí es todo un coloso. 

La rambla de Uñoz parece querer partir en dos la sierra, esa división es más acentuada desde el lado valenciano, donde es la rambla de Gátova, Olocau y finalmente el Carraixet, la encargada de exagerar esa “partición” que acompañando a la carretera CV-25 entre Lliria y Altura hace que para muchos La Calderona sea solo el lado oriental de la misma. Me deleito en el espectáculo. Abajo el pueblo también aporta su imponente castillo para mejorar el entorno visual y conseguir un pleno al 15. 

El descanso de la comida lo tomo con calma, reposando plácidamente a la sombra de los pinos el bocata que acabo de devorar, luego una mini siesta. Es hora de ponerme en marcha y aún sopeso la posibilidad de subir a la otra ermita. Pero lo brutal de la subida y encima con el estomago lleno sería una locura, así que reconozco la victoria de la montaña e hinco rodilla ante las adversidades, rezando por una nube mientras me pertrecho con los bártulos. Sin nube y con un sol más justiciero si cabe me dejo caer hacia el castillo. La bajada es descomunal y los frenos echan humo a la salida de cada curva de herradura. Callejeo por el pueblo y por fin rodeo el castillo para verlo desde todos los ángulos, aunque el mejor estaba allá arriba. Salgo del pueblo dirección sur para cruzar el barranco de Valdeavellanos e ir en busca del camino al corral del Negro. En la bifurcación tomo derecha en lugar de izquierda y sigo bajando, cuando me apercibo del error ya es tarde y no quiero volver a subir lo ya bajado. Gran error a fin de cuentas. 

Al menos me queda el consuelo de haber encontrado un lugar singular como pocos: una pequeña capilla en una cueva, al fondo el altar y a los lados un par de bancos, por tener tiene hasta una pila de agua bendita en la entrada. Junto a ella otra cueva vacía. Continúo el camino pasando una zona de nogales plantados. Tras una cadena llego hasta el final del camino con la esperanza de ver un puente o un vado sobre el río. No solo no lo veo sino que el cañaveral es tan denso que no hay ni bajada hasta el río. Así que llego hasta la cadena, giro a la derecha y subo por un camino que poco a poco se va reventando un poco más. Allá arriba está el camino que tenía que seguir. Llego hasta arriba y mi sorpresa es que el “camino” es una senda por mitad del monte quemado que veía esta mañana desde Villatorcas. La travesía por el desierto dura 1.5Km. y muuuucho más tiempo del que hubiera deseado. Es lo que tiene seguir un track sin que quien lo cuelga explique por donde se mete y lo que vas a encontrar. Pero bueno, sin riesgo no hay emoción y aparte de jurar en arameo por la incomodidad del tramo no ha habido ningún incidente ni nada. Cuando la senda se vuelve a hacer ciclable subo a la máquina y continúo bajando, pronto la senda es camino y el camino gira a la izquierda, enseguida cruzo el río y giro a la izquierda para seguir la corriente hasta la antigua fábrica de papel de la que sobresale su característica chimenea de ladrillo. 

Allí giro a la derecha para subir en dirección al pueblo. Tras la fábrica un camino sigue junto a la acequia que acompaña al río. Sigo hacia arriba para girar a la izquierda por una senda. Luego esta empeora bajo la pinada y unos escalones de piedra me obligan a bajar de la bici para salvar este escollo. Tras esto llego a la carretera y el puente por el que esta mañana salía de Sot de Ferrer. Ahora tomo un camino a la derecha antes del puente y bajo otra vez hasta el río. Iré haciendo una curva con el río alrededor de Sot para subir luego hasta el puente. Allí un camino de tierra a la derecha me lleva en pocos metros hasta el viejo puente destruido en la riada del año 1957. 

Observo la preciosa estampa que ofrece el pueblo, con su característico calvario encalado y visible desde muy lejos, con su puente viejo tuerto de un ojo, con su iglesia y su palacio del Señor, con sus fuentes y lavaderos y sus calles estrechas y su zona de ocio junto al río, ese río que tan manso y placido se ve pero que unos metros más abajo desaparece entre azudes y acequias para regar, como último acto, la fértil huerta del Camp de Morvedre. Me adentro en el pueblo para girar a la derecha hacia ese lavadero que me faltaba por localizar de los 3 que hay en el municipio. Volveré a meterme bajo una fuente antes de subir al coche y dar por concluida la preciosa y agotadora ruta de hoy. La lástima es que con tantos lugares a visitar muchos se quedan en el camino o con una visita tan breve que sabe a poco, lo del calor es otra historia y tendremos que hablar Roda i Pedal de inventar la dichosa sombra móvil para bicicletas.