miércoles, 2 de noviembre de 2016

PicodelAve - SierradelCaballón

Iniciaba esta ruta que se resistía desde hacía muchíiiiiisimo tiempo. Demasiado había esperado esta cumbre a ser coronada. Por fin era el día.
Llegaba a Dos Aguas, concretamente a la salida del pueblo en dirección Millares, poco después de dejar el pueblo hay un camino en subida a la izquierda y poco después un sitio en el que aparcar, allí arrancaba la ruta. Descargada la bici me ponía a pedalear en subida, llegado el camino a la derecha ya en fuerte subida porque la rampa de inicio se las trae. Un par de zigzags después sale un camino a la izquierda sin asfaltar que es por el que me meto. 

Voy ganando proximidad al pueblo que veo ahora en perspectiva, casi a vista de pájaro. Este camino se mete en la umbría de la sierra del Caballón por lo que a primera hora y con un poquito de viento la sensación térmica invita a ponerse una manguita. Es lo que hago mientras busco una buena posición para una foto del pueblo. Sigo el camino que está en muy buen estado, creía que estaría más roto. La pena es que la vegetación, o mejor dicho los árboles, han desaparecido. Restos del brutal incendio de 2012; madera carbonizada, piedras chamuscadas y una sensación de vacío ante las montañas desnudas que solo los arbustos no son capaces de mitigar. Aun así los pobres romeros hacen lo que pueden. El camino va subiendo de forma progresiva. Se ve más si me fijo en la carretera al otro lado del barranco, aquella parece subir más aunque no es así.  

Voy acercándome a la cabecera del barranco donde este camino se une a la carretera y justo enfrente el camino de subida al pico del Ave junto a la masía del Collao. Una cadena cierra el paso a vehículos. Comienza una subida de casi 6Km. a poco más del 7% de desnivel medio y con rampas, sobre todo al final, entorno al 15%. 

Unos metros más adelante otra barrera bajo un grupo de árboles que serán de los pocos que hay en toda esta montaña. El viento, a pesar de ser poniente, refresca la sudada piel dando una sensación del fresquito propio de la época, lo que hace que no pueda quitarme la camiseta a pesar de estar en plena subida, pero es que aún no estoy protegido por la montaña. Un giro pronunciado a la derecha me dejará mirando de frente la gran mole rocosa y ya algo más protegido del viento quitarme la camiseta que necesitaré arriba mientras almuerzo.  


Sigo ganando altura en un entorno ondulado que, con el contraluz parece dibujado sobre el azul de las montañas y, aún resalta más ante la ausencia de árboles. Barrancos que arañan la piel de la tierra mientras se derraman, como un lento lamento, resecos, hacia el Júcar. Algunos de estos barrancos vierten sus aguas hacia el norte al río Magro, pero a su vez este es deudor del Júcar allá en Algemesi. Esta perspectiva de los barrancos crece, mejor dicho se multiplica, conforme voy ganando altitud. Pronto, por encima de la sierra del Caballón aparece el Caroche, que será la cumbre más reconocible durante un buen rato de ascensión. Luego aparece la parte de la subida que está asfaltada coincidiendo con los tramos de pendiente más fuertes. 

Tras una curva de 180º se adivina la rampa final con la caseta de vigilancia arriba. El viento empieza a pegar otra vez con fuerza al salir de la protección de la montaña. Ya arriba busco un poco de protección tras el vértice geodésico, pero el viento es tan racheado que apenas noto la diferencia. Me pongo el paravientos que algo hará. Mientras voy preparando el banquete que me voy a dar en forma de bocata, cerveza y vistas panorámicas adivinando montañas, cumbres, valles, pueblos, embalses, etc.

Impresionante el paisaje. Soberbio. Lástima que el día no acompañe en cuanto a claridad pues sería disfrutar de un horizonte incomparable.   

La altura y ubicación de esta montaña permite una visión de 360º para mí inigualable: desde la albufera y la costa hasta Javalambre o la sierra de Gúdar, estas muy desdibujadas por la distancia y/o mimetizadas con otros picos más cercanos como el pico del Buitre.

Inconfundible el Penyagolosa, el pico Pina, la sierra de Espadán y la Calderona, la Rodana y Perenxiza, los picos Nevera, Negrete, 5 Pinos, Ropé, Tejo, Montote, Ñoño, Caroche, Serra Mariola, Montcabrer, Menetjador, Montgó, Montdúver, Benicadell, Aitana, la Serrella, L’Aixorta, sierras de Palomeras y el Boquerón y un largo etc. 

Los embalses de Forata y Tous, la balsa de la muela de Cortes y bajo ella el pueblo de Cortes de Pallás, donde sin verse se adivina su embalse. Creo que es el mejor mirador al que se puede acceder, sin ninguna duda el mejor que he subido hasta la fecha, ya que se halla en el centro de las montañas que conozco. De estar aquí con los compañeros estaríamos discutiendo si lo que vemos allí es esto o aquello sin ponernos de acuerdo y sin dar nuestro brazo a torcer hasta que ya en casa una medición en google earth nos diera la razón a uno de nosotros. Es lo que siempre hacemos, es lo que nos gusta, las puyas, las discusiones y la controversia, pero siempre desde el buen rollo, unas risas que nos echamos.  

Sigo haciendo un barrido a todo el paisaje. El camino de subida raya la montaña y se deja ver tanto lo que subido hasta ahora, también al otro lado del barranco, como la parte que me queda por subir de la sierra del Caballón por la parte de la umbría. Tiro unas cuantas fotos más a ver si la cámara capta lo que el ojo no ve pero, vistas las fotos mientras escribo la crónica, fue completamente al revés. Acabo de disfrutar las panorámicas y me dispongo a bajar sin quitarme el paravientos; no voy a coger mucha velocidad en la bajada así que no me molestará y me evitará enfriarme. Voy calmando el ímpetu que la Zesty pone en cada bajada y tiro de freno más de lo que a ella (y a mí) nos gustaría, pero la prudencia se impone. Llegado a la parte en que vuelvo a tener la montaña a mi izquierda es el momento de quitarme algo de ropa y disfrutar por última vez de la visión cercana de esta mole.

Llego a las cadenas y después a la carretera que tomo a la izquierda en suave subida hasta el puerto del Real. Al poco de coronar un camino a la derecha que sigue subiendo. Es el que veía desde arriba de la cima. El desértico paisaje, la solitaria carretera, la montaña como un hito… y los melancólicos rasgados y tensos solos de guitarra de Ry Cooder golpean mi imaginación… route 66, Paris-Texas… ya tengo melodía.

Aquí los estragos del incendio son todavía más visibles y el camino está en peores condiciones. Antes de la curva paro, ahora sí, para el último vistazo, tras la curva la sierra se interpondrá y ya no tendré más visión de esta montaña. Giro y entro en otro paisaje. 

Al frente, pero que irá quedando a la izquierda, la cima del Colaita. Al poco de girar un susto que no me esperaba. En un camino que se adentra en la montaña dos astados me miran con la misma cara de sorpresa que yo a ellos. Pero además de lo inesperado yo les tengo miedo. El caso es que no sé si eran toros o vacas. Tampoco es que me parara a averiguarlo, por si acaso hice un buen tramo de subida a buen ritmo para poner tierra de por medio en caso de que les diera por salir a dar una vuelta. Las plastas en el camino o las huellas de las pezuñas en el barro del camino, me hicieron pensar que no lo había “flipao” y que eran más verdad de lo que me gustaría. Otro susto como el mes pasado en: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2016/09/la-virgen-de-la-vega-penarroya-gudar.html  el caso es que hago este tramo de subidita hasta asomar por la parte sur de la sierra y comenzar la “bajada”. Tras la insufrible subida andando de antes de ayer en la anterior ruta (ver entrada anterior del blog) comienza esta bajada de igual forma, pero al menos voy de bajada, que siempre es más descansado. 

No es que el camino esté roto, es que el correr del agua a lo largo del tiempo ha abierto grietas que parecen barrancos.  Hay algunos tramos que arriesgando un poco se pueden incluso bajar, pero cuidado porque una caída sí que sería un buen revolcón y no lo de las vacas. En cualquier caso el tramo malo es de algo más de 1Km. y sabiéndolo se pasa rápido.

Cuando camino se hace bueno hay que fijarse al otro lado del barranco pues aparecen los abrigos que hay en la zona. La senda que llega hasta ellos se ve bien definida y no es muy larga, pero me voy a conformar con verlas desde aquí y dejar la visita para una excursión senderista más adelante visitando también otras cuevas de la zona.

Sigo bajando hasta un depósito de agua tan seco como el propio monte, a continuación la carretera que, a la izquierda se adentra en la sierra del Caballón y, a la derecha me hará completar el círculo y volver hacia Dos Aguas. Este camino pica ligeramente hacia arriba y luchar contra la pendiente y viento al mismo tiempo no es de lo que más me gusta. Buscando la bajada me paso el desvío a la izquierda que lleva al mirador de la Ceja sobre el Júcar y Millares al otro lado del río. Me da rabia haber dejado escapar esta oportunidad pero quedará como excusa para volver en esa ruta senderista. Un último repecho y llego a la bajada. No hay duda. 

Sobre todo destacar las vistas que se desploman sobre un acantilado imposible. Otra vez la bruma y la posición del Sol estropearán lo que de otra forma sería un mirador impresionante. Allá abajo se ve la carretera que va hacia Millares antes de cruzar el puente. 

Sobre las montañas al otro lado la carretera que seguí en la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2014/05/millares-otonel-miradores.html Casi arriba del todo un pequeño grupo de pinos en una especie de granja. Allí justo a la derecha arranca el camino por el que llegué al mirador sobre la presa del Naranjero. Casi perdido, en medio de las montañas, se mimetiza y pasaría desapercibido de no saber que está allí, el castillo de Coves, espectacular en su emplazamiento. Más cercano el precipicio, con una caída vertiginosa que afina ese miedo profundo y reverencial que afina el ver la carretera por la que tengo que bajar tan pegadita al abismo. 

Solo me resta bajar hasta el coche, a ser posible de la manera más rápida aunque no sea la más corta. A la derecha la montaña pasa ante mis ojos a gran velocidad pero a la izquierda el siempre cambiante paisaje abierto del gran barranco es tan hipnótico que me obliga a moderar aún más la velocidad pues voy mirando el paisaje más que la propia carretera. Tampoco hay que perder de vista las innumerables rocas que hay en la carretera debido a desprendimientos de las paredes casi verticales que caen sobre el camino. Vuelvo a tener en algún momento el pueblo de Dos Aguas a la vista, esto es señal de que la ruta se acaba. Cierro el círculo sobre el camino que tomé esta mañana a la izquierda y ahora queda a mi derecha, un par de curvas después llego a la carretera dando por terminada la ruta de hoy. Un bocata y un refresco antes de volver a casa y rememorar por el camino las pedaladas acumuladas en las piernas. 




Track de la ruta: 
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=15586439