jueves, 20 de marzo de 2014

Riba Roja-Turia-Carraixet-Ramblas (Primera y Castellana)


No tengas miedo de perderte... 
El tiempo pasa tan despacio en Sildavia. 
No hay desiertos, no hay falsa pasión. 
Un nuevo destino para el ocio.
Errante en busca de un lugar. 
Pregunta primero a tu imaginación. 
Sildavia no se halla en los mapas… 

Así que, a golpe de ratón, dibujo mi ruta, mi propia Sildavia, un mundo feliz alejado lo más posible del mundo que me rodea, al más puro estilo “My way”, lo más cañero posible, más cerca de Nina Hagen que de Nina Simone, esas son mis rutas, y como no podía ser de otra manera, también esta.
En esta ruta iba a conectar caminos que he recorrido recientemente; el parque fluvial del Turia, el barranco del Carraixet y las ramblas, tanto Primera como Castellana y Artaj, pero todos formado parte de otras rutas, así que me dije ¿porqué no unir todos estos “ríos” en una ruta? además son los principales causantes de la riada del 57, así que algo de historia sí que tienen. La ruta no es complicada pero los más de 100 Km. de pedaleo al final se dejaron notar. Vamos a verla en detalle.

El río sigue ofreciendo postales increíbles día a día, da igual el día, la hora, la estación en la que pases, el clima, todo le afecta y lo transforma para ofrecer diferentes caras de una misma moneda: olores, colores, brillos, matices, fauna, flora; destellos y pinceladas de un cuadro inacabado e inacabable, siempre cambiante sobre un mismo tema. 

No deja de sorprender en sí mismo. A las 8 de la mañana encuentro poca gente en un día que amanece fresco pero que cuando se eleve el sol el calor se dejará notar, así que ya sin los ropajes de invierno pero con unas mallas y doble camiseta larga para esta primera parte de la ruta. El plácido y casi solitario paseo se acaba en el parque de cabecera donde ya empiezo a encontrarme con más gente que recorre los caminos, luego los jardines del
Turia a su paso por el centro de Valencia, menos abarrotados que hace unas semanas pero también con mucha gente, aunque aquí es lo normal. 

Este paseo es extraordinario pues aúna la monumentalidad de los puentes y los monumentos a pie de calle con la frondosidad arbórea del propio jardín. 

Y al final la monumental ciudad de las Artes y las Ciencias. Dejando a un lado el ruinoso tema económico y la nefasta gestión de este espacio, su contemplación y un paseo por este escenario es algo increíble, algo futurista transportado a nuestros días. Además ahora hay unas figuras arquitectónicas dedicadas a los planetas que aún dota de más surrealismo a este espacio; me viene a la cabeza la canción de Aviador Dro, Nestor el Ciborg. Pero allí junto a tanta modernidad sub vive una estructura de un pasado casi olvidado: la casa de compuertas de la acequia del Oro. 

Esto me recuerda que tengo pendiente una ruta por este mismo camino para ver detalladamente los elementos de riego en el cauce del río. Tras llegar al final del camino junto al río (aunque técnicamente, si cruzo al otro lado aún puedo continuar junto al río hasta las vías del tren, pero por este lado no), subo hasta el carril bici que pasa por delante de la entrada al Oceanográfico. Este carril bici llega hasta el barrio de Nazaret, bordeándolo hasta el puente de Astilleros. 

Aquí es donde moría el río, donde entregaba su vida al mar antes del plan sur, antes de desterrar al río por su crimen del 57, antes de que definitivamente nos olvidáramos de él. Esta última parte del viejo cauce fue durante muchos años una zona industrial con muchos productos altamente contaminantes, y aunque ya hace tiempo que se hizo la limpieza de estos suelos, aún no se ha procedido a abrir este tramo uniéndolo al jardín del Turia, por lo que este jardín sigue inacabado. Ya veo algunos tramos del antiguo circuito urbano de F1, tampoco hablaremos de gastos, sobrecostes, pelotazos, etc. Tras cruzar el puente de Astilleros el carril bici desaparece, apáñatelas para conectar con el carril bici que sigue por el puerto de la Américas Cup. Aquí fuera es de color rojo y dentro del puerto hay tramos que es azul y otros que es verde. Ya se podrían poner de acuerdo y unificar, de una vez por todas, el color de los carriles bici y no pintar de ese mismo color las separaciones de las glorietas o rotondas, pero no, aquí somos así de chulos ¡qué pasa! Sigo por encima de la acera hasta la avenida del puerto. 

Allí, frente al edificio del reloj espero a que el semáforo se ponga verde para adentrarme en el recinto portuario. Allí donde antes estuvieron los tornos para entrar en las instalaciones del puerto durante la celebración de la Copa América. Cruzo por el tinglado nº2 para acercarme al mar y ver la parte de atrás del edificio del reloj así como la entrada a la Marina y las bases de los distintos equipos que compitieron en la Copa América. Otro espacio de esplendor arrasado por la crisis y por la mala gestión de estos espacios. Pero hoy no es momento para hablar de estos temas, cosa que cada vez me interesa menos, hablar de estos temas me refiero. Paseo junto al mar admirando las modernas construcciones e internándome en bicicleta por el trazado de la F1, compartiendo espacio físico aunque no temporal con Ferraris, Mercedes y demás bólidos y con pilotos como Fernando Alonso, Vettel o Shumacher. Llego hasta el puente levadizo que se encuentra cerrado. 

Llego hasta el muro de separación del puerto con la playa de la Malvarrosa. Allí a 31Km. de casa almuerzo mirando al mar, a la playa, que se prepara para la inundación de gente ansiosa por tomar el sol que, poco a poco, a lo largo de los días, irá acercándose como una marabunta a reclamar su porción de cáncer de piel bajo un sol abrasador durante los días de verano. El mar, ajeno a todos los cambios habidos y por haber en esta Valencia que ha reclamado un lugar en el mapa en los últimos años y que deberá pagar en los próximos, sigue batiendo con cansada parsimonia contra una orilla cambiante, contra una playa que ya no guarda sus barcas en la arena y que sigue cambiando el horizonte que antes eran sus casitas de pescadores por negocios de restauración y ocio junto a un paseo que es la envidia de media Europa. Por él me encamino rumbo norte hacia el Barranco del Carraixet. Al final del paseo marítimo que une las playas de la Malvarrosa en Valencia con la Patacona en Alboraya, tomo el camino junto al camping y al fin llego al barranco. 

Lo cruzo por el puente para tener una preciosa vista de la ermita del Peixets y los cormoranes en la barrera que limitan la entrada de agua marina en la desembocadura del barranco o “riu sec”. Remonto el Carraixet que en época de lluvias en un autentico río ya que drena la parte sur de la sierra Calderona, de ahí que en la riada trajera tanta agua. El camino no presenta dificultad salvo en los pasos donde se cruza con: primero la carretera de salida norte de Alboraya, la CV-311, segundo las vías del metro, tercero, ya en Almàssera, la carretera entre Almàssera y Tabernes Blanques, cuarto, la carretera entre Alfara del Patriarca y Vinalesa, que hay que transitar unos 100 metros, quinto la carretera entre Bétera y Náquera que hay que cruzar. Parece muy complicado pero no lo es tanto. La primera dificultad tiene un stop al final del camino y un paso de peatones; con precaución y dejándose ver y controlando que los coches vayan a respetar nuestro paso no tiene dificultad, ya al otro lado seguimos por carril bici hasta retomar el camino. Luego llega lo de la vía, los trenes no pasan con tanta frecuencia como para que esto suponga un problema siempre que crucemos con cabeza y con la consiguiente precaución, hay que salvar un quitamiedos para llegar otra vez al camino que se adentra paralelo al barranco al sur del pueblo de Almàssera. Allí llegamos a otro cruce como el de la carretera de antes, aunque aquí no tenemos paso de peatones y hay que extremar más si cabe la precaución. Al otro lado del puente la ermita de los desamparados. El camino sigue trazando una curva hacia el norte que nos lleva hacia Bonrepos, hacemos la rotonda con poquísimo tráfico y seguimos con el cauce a nuestra izquierda, aunque al otro lado también hay camino. Sigo hacia Vinalesa por un camino muy llano y polvoriento en el que algún coche que pasa levanta una polvareda de proporciones bíblicas que casi obliga a parar hasta que se asiente la nube. 

En el punto donde se junta el encauzado barranco de los Frailes hay una bonita vista del viejo molino de Alfara. Poco después el sifón por donde la Real Acequia de Moncada cruza el barranco del Carraixet. Toca ahora incorporarse a la carretera hacia la izquierda, para salir un centenar de metros más allá a la derecha por un camino casi dentro del mismo barranco. Si aún no estamos dentro de él lo estaremos poco más adelante ya que a partir de aquí vamos a adentrarnos en el fondo del barranco, recorriendo en estos siguientes Kms. la parte más fea del recorrido. Los cantos rodados serán la tónica del siguiente tramo. Eso y el paso junto a escombros de obra y desechos varios. No llega a parecer un basurero pero sí un vertedero, así como una parte bastante descuidada del camino. Rodar incómodo entre pedruscos y un paisaje de pobre vegetación y cañar. Esta zona será, imagino, intransitable tras época de lluvias ya que hay que rodar por dentro del cauce. Luego el camino cruza el barranco, dejándolo a la derecha de la marcha y subiendo hacia una ladera para tenerlo en perspectiva. 

Pasa una zona de fondo rocoso donde el agua queda atrapada en pequeñas pozas que se evaporarán con el calor pero que serán un oasis para la fauna de la zona. Estoy cerca de San Isidro de Benageber y el cauce está a punto de virar a la izquierda rumbo oeste y abandonar esta pronunciada marcha hacia el norte que llevaba. Paso bajo la CV-315 y después bajo la A-7 dejando atrás la parte más fea de la ruta, bueno casi. Varios vados cruzan el cauce y se ve agua en alguno de ellos, quizá fruto de las últimas lluvias o de aportes de acequias u otros vertidos. Sin descartar que sea fruto de los aportes de dos barrancos que se unen desde el norte y que confluyen prácticamente en el mismo sitio: los barrancos de Náquera primero y de Porta Coeli después. Dejo atrás un desvío que a la izquierda me llevaría hacia la Torre Bofilla, una torre defensiva y los restos de una alquería Islámica cerca de Bétera. Luego, siguiendo el track que tengo marcado  salgo del cauce y me adentro en el P.I. para volver a la orilla del barranco en un paseo absurdo que no sé bien por qué lo tracé así. Al final del polígono cruzo a la orilla norte del barranco y por un camino asfaltado entre naranjos llego hasta la entrada a otro polígono. Aquí desvío a la izquierda intentando encontrar un camino por el barranco para cruzar bajo la carretera de Bétera a Náquera. Donde teóricamente está el camino una maraña de arbustos invade la entrada y dificulta su localización, por lo que sigo una pseudo senda que se adentra en el barranco hasta que finalmente se difumina entre los pedruscos y las zarzas, hasta imposibilitarme el paso. Tengo que volver atrás hasta el asfalto y continuar a la izquierda hasta el muro de una antigua masía. 

Encuentro en el interior, vista por encima del muro, la fachada de lo que parece una iglesia o algo así, a juzgar por la campana y los pináculos góticos que adornan sus cuatro vértices, todo ello muy tapado por la gran pinada que rodea al edificio. Giro a la izquierda y ya sobre la carretera de Náquera veo la entrada a esta finca. Toca cruzar la carretera con toda la precaución del mundo pues el tráfico es intenso y rápido, a pesar de ser una carretera señalada con intenso tráfico ciclista. No estaría de más que esta carreteras que tienen tanto tráfico ciclista tuvieran un carril bici, si no cabe al margen de la carretera se debería pintar media calzada de rojo como un carril bici, de esta manera los coches, al tener que circular casi por encima de un carril bici tenderían a respetarnos más, aunque fuera por aquello de estar compartiendo un mismo espacio, creo que podría ser una idea interesante, pero vamos a seguir pedaleando. Una vez al otro lado y sin llegar a tomar el puente, tomo un camino a la derecha que baja hasta el cauce. Tomo el mismo barranco pero este cambia la denominación, es ahora el barranco de Olocau. Allí veo que se ha habilitado una zona como campo de tiro con arco. Sigo pegado al barranco para ver, al frente y al otro lado, la fachada amarilla con ventanas verdes de la Masía del Olivar, una masía reconvertida en salón de celebraciones. 

Un poco más adelante salta a la vista entre la pinada la torre de la Masía del Carmen con el viejo molino como testigo de otra época. Toca ahora separarse del curso del barranco un poco. Paso junto a la urbanización junto a la base militar de Bétera. Veo por la parte de atrás una iglesia que dejaré al otro lado de la valla que me cierra el paso para una siguiente ruta en que me acerque a ver esta edificación. Sigo adelante pero buscando los caminos que van girando a la izquierda para llevarme, entre naranjos, junto al barranco seco de Olocau. Lo retomaré nuevamente para cruzarlo y girar a la derecha remontando su cauce que se volverá a alejar a mi derecha. El camino de Alcublas me hará pasar junto a una explotación ganadera con las vacas al otro lado de la valla. El intenso olor de ganado, tan olvidado en las grandes ciudades me recuerda a mi infancia cuando visitaba el pueblo de mi padre. No era un olor agradable en aquel entonces pero la nostalgia y la melancolía me hacen que no sea desagradable ahora. Me trasporta y me sumerge en un mundo diferente, tan distinto del actual que parece mentira. Sin este mundo rural de animales y olores no sería posible este mundo tan tecnológico que vivimos. Dependemos del primero para comer y seguir adelante entre gigas de información y mega pixeles de pantallas que miramos con tanta intensidad que se nos olvida mirar a donde pisamos, veo a diario a muchos “chafamierdas” tan abstraídos de la realidad que parecen (o son) zombis tecnológicos, siempre en contacto con todo el mundo menos con quien tienes delante. Seguro que lo que están mirando no es realmente tan importante, qué será de nosotros cuando realmente lo sea. Sigo el camino, a la  entrada de la urbanización izquierda y luego derecha. Entro brevemente en el curso del barranco para ver como a él se une otro barranco, el de Pedralvilla que recoge sus aguas desde las mismas puertas de Tristán, de Peñas Altas, del Montemayor. 

El curso se oculta tras la muralla de naranjos que ya ofrece su flor y aroma de azahar en muchos lugares, este aroma se intensificará en las próximas semanas para convertirse en un espectáculo maravilloso que nos hará disfrutar al máximo de los paseos por el campo. Es una pena no sacarle más partido a esta gran ofrenda de la naturaleza, a la altura si no más que el valle del Jerte, el aroma es incomparable. No pretendo crear una rivalidad absurda pero allí han sabido explotar muy bien ese elemento tan característico con unas buenas rutas turísticas y aquí no, cuando la extensión es mucho mayor. Tras esto me acerco a la pirotecnia que hay junto al barranco y sigo el camino adelante dejándola a mi derecha al otro lado. 

El camino desemboca en otro que tomaré a la derecha hasta el barranco; del que saldré unos metros más allá en una pronunciada rampa destrozada por los efectos del arrastre del agua. Será el último contacto con el barranco del Carraixet-Olocau que seguirá hacia el norte, recogiendo las aguas que bajarán junto a la carretera de Llíria-Olocau-Marines Viejo-Gátova, la CV-25, desde su punto más alto coincidiendo con la separación provincial con Castellón. Mientras, yo pongo rumbo noroeste. Paso la carretera de Llíria-Olocau junto al pueblo de Marines nuevo, resultado de la reubicación de este pueblo cuando en la riada del 57 la crecida del barranco arrasó medio pueblo y este se dividió para ocupar la zona plana al pie de las montañas y a mitad de camino de Llíria. Paso por la urbanización el Romeral camino a la siguiente rambla, barranco o río de la ruta: la rambla Primera o Escarihuela. Esta recoge las aguas de las montañas entre Alcublas y Gátova, una amplísima zona de montaña con numerosos barrancos que al final van a drenar en este. 

No será fácil seguir su curso pues, entre curvas, cultivos, puentes y demás, tendré primero que meterme en el propio barranco por un camino que se aleja de él, ante lo cual decido continuar por una senda muy desdibujada que me obliga a pedalear por un autentico pedregal. Llego a otro camino a la izquierda que viene a morir al barranco y salgo por él para hacer la curva y volver a meterme en el barranco, para cruzarlo a la vista de un puente. Remonto ya al otro lado, giro a la izquierda y paso por el puente sobre la carretera, luego el primer camino a la derecha me lleva hasta una granja con tejado rojo, otro giro a la izquierda para rodear el campo de tiro y buscar una salida a la derecha que vuelve a bajar hacia el barranco. Ya decía que no es un tramo fácil del camino, solo de contarlo me estoy mareando, sobre el terreno es un verdadero laberinto difícil de seguir sin las precisas indicaciones del GPS, pero aún no se ha acabado. 

Vuelvo a cruzar el barranco en la unión de este con otro que está perfectamente encauzado, remonto y lo sigo hasta poder cruzar al lado sur del barranco y buscar una carretera que baje nuevamente hacia la rambla. 

Más zigzag del camino que me han acercando poco a poco hacia la CV-35 junto al nuevo hospital en obras, tan abandonado que cuando se ponga nuevamente en marcha será viejo. Buscando una paso a la autovía rodeo todo el hospital, cruzo por un puente y vuelvo hacia el cauce. Ya he perdido la cuenta de las veces que lo he cruzado, me he alejado de él y he vuelto a divisarlo. Así llego a la CV-376 de Llíria a Pedralba, una vez cruzada la carretera, sigo por el camino que surge casi de frente paralelo al barranco, este camino se aleja poco a poco de esta rambla y ya no volveré a buscar un acercamiento, me despido de la rambla Primera y pongo rumbo hacia la última de las ramblas del día de hoy; la rambla Castellana. Esta rambla se divide un poco más arriba de Domeño, siguiendo, la rambla Castellana hacia el oeste antes de subir hacia el norte por Villar del Arzobispo y pasar a ser la rambla Aceña; en cambio la parte que sigue más hacia al norte pasa por Casinos y sigue hacia Artaj de donde toma la denominación, antes de esto viene desde Andilla con este mismo nombre, bajando las aguas desde las últimas estribaciones de las sierras de Jabalambre y el Toro. 

Antes de encontrar esta rambla pasaré entre más y más campos de naranjos antes de llegar a la parte de atrás del Mas de Panxa, una explotación de naranjos con una gran masía en el centro. Llego hasta otra carretera, la de Benaguacil-Pedralba, giro a la izquierda y luego derecha para bajar hasta la gran rambla que ya recorrí en las rutas: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2010/12/riba-roja-casinos-escalinata.html y http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2014/01/riba-roja-la-sena-torre-seca-casinos.html 

Hoy solo recorreré los últimos metros antes de que esta llegue a desembocar en el río Turia justo después de la gravera. 

Remonto también un poco el río para encontrar el puente de tubos por el que pasar a este lado y remontar hacia el camino de la Pea y por él llegar hasta el camino del parque fluvial del Turia, que hoy recorreré integro, ahora llegando hasta Riba Roja y esta mañana desde Riba Roja hasta el parque de Cabecera y luego todo el jardín del Turia hasta el Oceanográfico. 

Llego a casa contento de haber terminado una ruta que sabía larga y que me había dado algunos problemas de planificación para encontrar caminos cercanos a las ramblas. Una cosa son los mapas y otra es encontrarte allí con caminos que no están o con otros caminos con los que no habías contado. Solo queda plasmar en el blog lo acontecido en esta bonita ruta por un paisaje de agua, seco en este momento pero que tanta agua ha transportado a lo largo de los siglos y sobre todo aquel trágico 14 de octubre de 1957. 


Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=6483525