martes, 13 de marzo de 2012

Calles-Vado de Moya (embalse Benageber)

Marzo no había comenzado bien. A decir verdad este primer trimestre del año pedalístico está flojeando. Entre catarros, rutas de ir por casa y otros eventos aguafiestas, no estaba pedaleando lo debido ni mucho menos engrosando la bitácora y llenando caminos sobre el mapa. Así que mediado marzo vuelvo a subir a las montañas. Con las malas noticias de estar otra vez en el paro, y la peor, que Sebastian no va muy bien de salud, así que estas rutas van por él, a ver si las fuerzas que yo gaste aquí las recupera él allí en casa.

Me pongo en marcha hacia La Tartalona. Poco más contaré que no haya contado en mi anterior ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2011/12/calles-tartalona-ftecabera-embalse.html  Así que con el camino bien fresco en la memoria me lanzo hacia allí con buenas expectativas pero sabiendo que tengo muchos Km. de subida por delante hasta la bajada del Vado de Moya.
Es una subida suave y progresiva pero que irá pesando en las piernas, de hecho se más patente el desnivel cuando bajas que cuando subes. El sol calienta pero el aire es fresco a primera hora de la mañana. Lo dicho, me lo tomo con calma.
Ya pasada la casa de Verde llego al collado del Moro. Allí tengo 3 caminos posibles. A mi izquierda el que sube hacia el refugio de la Perdiz, hasta aquí llegaré luego, y de allí hacia La Tartalona. A la derecha un camino que tengo previsto recorrer en otra ruta hacia el camino de Zafra, pero eso ya lo contaré cuando toque. El camino del centro baja hacia el pantano por el vado de Moya, este es mi objetivo de hoy.
Abro las suspensiones y voy ganando velocidad poco a poco en estos primeros metros de bajada. Voy junto al barranco y la altura sobre él se acrecienta en cada metro. La gravilla gruesa del camino no permite muchas alegrías, se puede bajar rápido pero tomando mucha precaución, así que decido que es mejor bajar un poco más despacio y disfrutar del paisaje sin llegar a arriesgar. Los caminos nuevos es mejor disfrutarlos con calma para admirar el paisaje, cuando ya los conoces la punta de velocidad y la adrenalina ganaran más batallas que el paisaje ya conocido. Pero hoy no. exploro con la vista el barranco, el camino que se adivina al otro lado en algunas calvas del bosque y que quiero conocer pronto, los árboles, las curvas del camino, el firme, las luces y sombras sobre la grava, los trinos de los pájaros, los silencios, el ulular del viento entre los pinos, los olores de la incipiente primavera en este seco invierno que ya calienta los pinos y las plantas del sotobosque que impregna este característico aroma a bosque mediterráneo. Gano profundidad y conforme se aclara la espesura de la arboleda el azul del pequeño mar interior gana fuerza entre el verde. Luego, visto con calma el azul no es tan azul y cobra matices verdosos, reflejo de lo que las laderas cercanas le susurran a las tranquilas aguas cautivas.
Llego abajo junto a una antigua construcción, junto a la señal del vado de Moya. Unos metros después el camino es engullido por el río ahora convertido en pantano. Retorno un poco para coger un camino a la izquierda que sube a una pequeña atalaya, ahora una península pero que con la crecida del embalse supongo que será una isla, un pequeño “iceberg” de verdes agujas. Arriba está el refugio forestal del vado de Moya. Está bastante limpio comparado con el que vi abajo de fuente Cabera en mi anterior ruta por estas tierras. Decido que es un buen sitio para almorzar a pesar de que luego tenga toda la subida.
Almuerzo placidamente, inmerso en la contemplación del espejo líquido que flota unos metros más abajo y se extiende ante mi vista surcando los recodos del río. La calma es total e invita a un buen rato de introspección, ¡qué a gusto me quedaría aquí! lejos del mundanal ruido, lo malo es la transcendencia catastrofista que empiezan a tomas mis pensamientos. Tras el almuerzo hago unas fotos y me pongo nuevamente en marcha. Ahora me toca subir hasta La Tartalona. Comienzo a subir y enseguida me desvío a la derecha por un camino casi abandonado. Está algo peor de firme y me llevará hacia el refugio de la Perdiz para conectar con el camino asfaltado del área recreativa. Este camino exige un punto más de sufrimiento, un esfuerzo más, un arranque de potencia para salvar un obstáculo, una piedra, una raíz, para encontrar la trazada perfecta, pero nada que realmente castigue en exceso. Solo un puntito más.
Hoy no bajaré hacia lo que queda del campamento, hay iré al refugio de arriba que, aunque cerrado, parece en perfectas condiciones de uso. Luego bajo hasta encontrar aquel camino y llego a la bifurcación que baja hasta otro refugio y el embarcadero.
Me pregunto, antes de bajar, si tendré fuerzas para luego subir. Es una pregunta retórica. Si no tengo fuerzas las buscaré, pero bajar voy a bajar. Así que allá voy. El camino es parecido al anterior, quizá un poco mejor el firme por lo que no me exigirá tanto al subir, este tramo si que es de ida y vuelta. Paso por la casa que me decía Sebastian que tenía los motores para la luz y subir el agua desde el pantano hasta la zona de acampada. O eso creo. Desmantelada y medio desmoronada, la casa acumula enseres y trastos rotos. No al menos basura. Continúo bajando saboreando el paisaje. Ya abajo, el camino muere ante un refugio bien conservado.
Una explanada delantera hace las veces del balcón al mar. A su izquierda una rampa se adentra en el lago permitiendo la botadura de alguna pequeña embarcación. A la derecha el camino continúa y tengo entendido que con el nivel del embalse muy bajo conecta con el vado de Moya, aunque eso hoy no lo sabré. Me pongo en marcha para subir lo antes bajado y llegar al asfalto que me hace cerrar el círculo frente a la casa de Verde y luego seguir en subida por la carretera hasta el camino del Plano por el que he venido antes.
Desde aquí disfrutaré de unas espectaculares vistas del rodeo que daré mañana a la mole del pico del Remedio, a la izquerda la rambla Arquela, a la derecha el pico del Remedio. Ya solo tengo que seguir mis propias huellas de vuelta, buscando las “miguitas de pan”. Al dejar la carretera el camino tiene una bajada divertidísima, corta pero intensa, más de lo que parecía subiendo. Luego remonto y llego al desvío a la izquierda a Tuejar, sigo recto y ya desde aquí a casa es todo bajada, bueno, si fuera con el grupo no podría decir esto porque el más mínimo repecho me lo tienen en cuenta, jeje. Pero para mí si lo puedo decir. Me quedan unos 12 Km. en los que emplearé poco más de media hora sin forzar en absoluto. Es una bajada ya conocida y sin ninguna complicación, ni técnica ni de esfuerzo. Con la mole del pico del Remedio como guía y luego sobre el asfalto a la derecha hacia Calles y fin de ruta. No me extenderé en este trayecto ya de sobra comentado. Mañana más.

 
 
Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=2648625