miércoles, 24 de julio de 2013

Almardá-Alfara de la Baronía (Palancia-Povitxol)


La ruta de hoy remonta el río Palancia, lo de río es por decir algo, puesto que desde Sot de Ferrer el caudal de agua desaparece entre acequias y azudes para regar las huertas a ambos márgenes del río. El cauce solo trae agua en épocas de lluvias hasta que las pozas se secan. Remontaré el cauce en otra ruta que aportará gran valor paisajístico e interés cultural a una zona plagada de arte romano e islámico que no hace más que engrandecer el legado cultural de la zona valenciana del río Palancia. Si bien el río está seco no sucede lo mismo con la gran acequia mayor de Sagunto, que será, en muchos tramos del camino, el ´”verdadero” río y eje vertebrador de la ruta.


Salgo de Almardá en dirección sur viendo la playa entre las casas viejas que aún aguantan a pie de playa. Luego el paseo marítimo de Canet toma el relevo y la playa es el jardín de los hoteles y apartamentos turísticos que han tomado el relevo de las antiguas casitas de pescadores. Al final del paseo el club náutico releva a los hoteles con su perímetro vallado, al final de este giro a la derecha, bajando hasta la rotonda y adentrándome en la carretera que remonta el estuario del río, ahora oculto por una pinada y una serie de casas construidas en lo que yo llamaría “terreno del río”, para ir a buscar un camino a la izquierda que se adentra bajo la pinada. 

El sendero está delimitado por piedras que lo encauzan entre los pinos. A la derecha crece la estilizada figura del faro de Canet entre los huecos de los árboles. Este camino es una pequeña maravilla, con su sombra y su curveo entre pinos parece que no va a acabar nunca, pero en realidad es menos de medio kilómetro. Salgo de la pinada para cruzar la carretera que vadea el río; aquí los coches tienen preferencia, no es que lo diga yo, es la ley del más fuerte, más grande y más veloz. Al otro lado el paisaje ha cambiado y ahora transito por un camino ancho bajo la protección de enormes eucaliptos que refrescan el ambiente. Poco después llego a la vista de la carretera que une El Puerto de Sagunto con Canet, es una carretera bastante transitada y a veces cruzarla te hace esperar un buen rato, así que bajo hasta el cauce del río para pasar por debajo del puente trazando una amplia curva pero que, sin embargo, evita que tenga que parar. Bajo del puente podría haber optado por cualquiera de las dos márgenes del río que me llevarán hasta la entrada de Sagunto, la margen derecha (en el sentido del río) tiene el inconveniente que, al llegar al pueblo, el camino se acaba y hay un gran escalón para acceder a la carretera, una chapuza que por un par de metros el ayuntamiento no tiene arrestos para acondicionar un acceso decente a lo que podría ser otro parque fluvial a imagen y semejanza de lo acontecido en el vecino Turia. Así que trazo la susodicha curva y vuelvo a la ribera izquierda. 

Este camino deja bonitas imágenes con el castillo de Sagunto aupándose a las cumbres de La Calderona que, por detrás de éste, culmina el cielo del encuadre. Entro en la antigua Saguntum bajo la vía del tren, donde tengo que cruzar una carretera que vadea el río, y luego de la N-340 que pasa sobre mí. Me interno en el encauzado cauce para ver las almenas del castillo tras las murallas que presenta la ciudad, con edificios de hasta 8 plantas; a este lado del río el reto es todavía mayor y los edificios se alzan hasta alturas incomprensibles a juzgar por el terreno libre alrededor. Tras cruzar casi todo el pueblo de este a oeste por dentro del cauce salgo, bajo el último puente, a la derecha por el camino que sube hacia la ermita de san Cristóbal. Tomo el camino que hacia la izquierda remonta el río y pasa por delante del polideportivo municipal. Luego tendré que pasar bajo la autovía y continuar el camino para, junto a la nueva carretera que entra a Petrés, entrar en el pueblo. 

Me da la bienvenida el castillo, que podría datar del siglo XIV y que tenía más de conjunto residencial que de fortaleza militar. Enfrente, alimentado por la acequia mayor de Sagunto, el aljibe medieval es otra obra digna de admiración. Continúo calle adentro hasta el otro aljibe, cerrado tras sus tres ventanas enrejadas y convertido en museo detrás del ayuntamiento. Me adentro en el pueblo; la plaza de la iglesia es lugar de paso y me acerco a ver la pintoresca y colorida fachada en contraposición al viejo y descolorido campanario. Callejeo un poco para llegar a la ermita de santo Domingo. 

Los cipreses custodian el camino hasta la escalinata final donde la pequeña y blanca ermita ofrece un punto de pausa a orillas de la ciudad. Desde su puerta veo, a mi derecha, mi siguiente objetivo: una montaña que se eleva hasta cerca de los 200 metros de altitud entre la carretera de Albalat y el río. Tomo la carretera unos metros y luego un camino a la izquierda que se adentra en la pinada. El asfalto facilita la tarea de subir pues la pendiente va ganando fuerza casi a cada pedalada. Paso a la cara sur de la misma para encontrar que el asfalto desaparece y el camino de piedra se convierte en una penitencia, por suerte la pendiente suaviza, pero los pedrolos son considerables y obligan a tirar de potencia y buscar trazadas menos agresivas. 

Llego arriba para comprobar que las vistas están bastante tapadas por la pinada, aunque con un poco de suerte consigo otear un poco el horizonte con Sagunto a medio camino y Petrés a mis pies. Hacia el otro lado el Garbí es el rey indiscutible del panorama, bajando la cordillera hacia Estivella. Un breve descanso y bajada rápida hasta el aljibe donde giro a la derecha y transito junto a la acequia mayor de Sagunto. Luego bajo hasta el río donde un camino remonta hacia Albalat. El polvoriento firme se convertirá en asfalto e irá subiendo hasta la carretera, ya en ella a la izquierda para llegar rápidamente hasta el siguiente pueblo. 

Albalat dels Tarongers presenta, como ofrenda de bienvenida el castillo-palacio fundiendo sus almenas con el campanario y la cúpula de la iglesia, frente a este monumental díptico el lavadero del pueblo, una refrescante y colorida joya de este tipo de arquitectura rural. Sigo el camino entre el pueblo y el río en dirección a Estivella por camino asfaltado que solo dejaré para bajar hasta el río, cruzarlo y subir por una calle que va de frente a la iglesia parroquial. 

La elaborada filigrana que decora su campanario es digna de admiración, tanto como el esplendido reloj de sol del lateral del campanario. En la plaza giro a la derecha y llego a la Cisterna Nova. Ya busco la bajada al río por su orilla derecha para remontarla y llegar hasta el acueducto romano de Els Arcs. Me llama la atención el desuso del camino para llegar hasta aquí, las cañas casi se comen el camino en algún tramo y las adelfas y árboles casi tapan el conjunto ya que no hay un mirador con un poco de perspectiva desde el que admirar esta impresionante obra hidráulica. 

Deshago el camino para volver al vado por el que entré en Estivella y volver a la otra orilla del río. Por este lado llegaré hasta el Molí de Nelo, que es el final del acueducto, pero ni desde aquí ni desde el camino hay vistas sobre los ojos del trasvase. El caudal de agua es un potente torrente que rompe contra las paredes elevando un estruendo comparable a su frescor. Sigo adelante para llegar a la carretera de Torres Torres a Quart, sobre ella a la izquierda y pegadito lo máximo posible a la orilla sin dejarme arañar por la vegetación que intenta adentrarse en el asfalto. Poco más de 1Km. después paso junto a una abandonada fábrica y allí un camino arranca a la derecha dejando la carretera, al poco paso por la parte de atrás de otra fábrica abandonada, hay aquí un salto de agua de la acequia, no sé qué clase de fábrica sería pero parece ser que aprovechaba la fuerza hidráulica. El camino sigue y llego a una bifurcación, giro a la derecha y después izquierda, y el próximo camino a la izquierda me sube hacia la entrada de Torres Torres. 

Los restos del castillo, de origen musulmán, son visibles desde bastante lejos y es difícil perderse si se toman como referencia, siempre y cuando las enormes hojas de las nuevas plantaciones de Kiris nos permitan verlo. Lo de estos “nuevos” árboles, que empiezan a extenderse por la zona, es otra controversia a tener en cuenta: por un lado está su gran capacidad de crecimiento que podría ser una solución en aquellas áreas con poca floresta, por otro lado está el tema de que no es una especie autóctona con todos los problemas que ello conlleva, hay muchos artículos en internet con opiniones a favor y en contra, como en todo en esta vida. A la entrada del pueblo a la izquierda, encuentro los baños árabes, restaurados y cerrados igual que la caseta donde se venden los tickets para la visita. 

En la parte derecha encuentro el lavadero sobre las aguas de la acequia, y al frente la iglesia y el palacio señorial. Me adentro por la carretera para tener una frente a la otra. Sigo la carretera N-234 que cruza el pueblo, ahora apenas sin tráfico desde que se inaugurara la autovía mudéjar, y tras las últimas casas giro a la derecha para volver a bajar hasta la huerta. Pronto encontraré la acequia y la seguiré hacia Algímia de Alfara. Callejeo un poco por sus calles estrechas y largas disfrutando de ese aroma de calles de pueblo encaladas y tranquilas. Llego al polideportivo y luego a la ermita de los Desamparados, una blanca joya entre el verde de los cipreses y el azul del cielo a espaldas de la vía del tren. 

Salgo del pueblo buscando la huerta y el eje vertebrador de la acequia. Paso una gran balsa de riego y enseguida giro a la izquierda para encontrar la acequia cubierta junto al camino. Este “doble” camino me lleva a la entrada de Alfara de la Baronía, anteriormente conocido como Alfara de Algímia. Paso junto a la piscina municipal y luego me adentro en el pueblo. La iglesia parroquial contrasta su lateral de cruda piedra con su fachada colorista y de líneas rectas. Sigo la calle adelante para llegar a la cisterna y lavadero justo antes de volver a bajar al río. 

Cruzo el seco cauce para llegar al camino de Alfara a los Valles; desde aquí tengo una estupenda vista del pueblo con la ermita de los Afligidos coronando la atalaya que protege al pueblo de los vientos de mistral. Al este de Algímia el camino se aleja un poco del río, y al este de Torres Torres dejaré este camino para dibujar, junto al río, el último tramo antes de llegar a la carretera CV-320 que tomaré hacia la izquierda. Poco más de mil metros después giro a la derecha por el camino del Povitxol, este pasa por el área recreativa y sigue, en ligero ascenso, hacia un cruce de caminos. A la izquierda hacia la Creu de Quart y en pocos metros corono un pequeño repecho. Ya es terreno conocido de la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/12/ribaroja-almarda.html  la pista, que venía siendo pedregosa y polvorienta se convierte, bajo el amparo de la frondosa pinada, en una pista de rojiza tierra compactada. Bajada rápida y divertida junto al barranco de Codoval hacia Quart de les Valls. La pista se convertirá en algún momento en camino asfaltado con algunos toboganes y una curva algo peligrosa al final debido a la velocidad y poca visibilidad. Llego a la rotonda y me adentro en el pueblo. El lavadero, con la fresca agua del manantial del paraje de les Fonts de Quart, será un lugar estupendo donde lavarme y refrescarme a conciencia intentando dejar un poco del tremendo sofoco que arrastro tanto ayer como hoy. 

Sigo el camino y este llega hasta aquel paso estrecho que llega al molí de la Font junto a la propia acequia de Quart. Sobre el camino giro a la derecha, a la izquierda y a escasos metros está la Font de Quart pero hoy no me acerco a este hermoso lugar. Sigo el camino y en el siguiente cruce a la izquierda, a la derecha se llega a Quartell y Benavites. Paso el vado sobre el barranc de L’Arquet y transito junto al molí de Pedro, el restaurante cerrado habrá conocido tiempos mejores, igual que el molino. Tras él el camino del azagador de Benavites se pega al barranco que acabo de cruzar y siguen juntos hasta cruzar la A-7, sobre la que encuentro un curioso obelisco, y la N-340. Sobre esta giro a la izquierda hasta llegar a la rotonda, pasando por un enorme plano turístico cerámico de Castellón, en esta a la derecha, sobre el mismo camino que no varía su nomenclatura, así cruzo las vías del tren y la AP-7; un curioso maremágnum de vías de comunicación de larga distancia que, sin embargo, nos alejan del entorno más cercano rompiendo antiguos caminos que conectaban pueblos y alquerías de la zona. 

Tras esto sigo el recto camino hasta encontrarme con la acequia de Noguera, momento en que giro a la derecha para entrar en un camino de tierra que pasa junto y entre unos corrales de caballos entre la marjal y la urbanización Malvarrosa de Corinto. El camino desemboca en una carretera que a la derecha llega hasta Quartell y a la izquierda hasta el molino de Perinya, de ahí a la Av. Europa que recorreré a buen ritmo para llegar a casa, donde las dos maratonianas jornadas de pedaleo y sobre todo el intenso calor hacen que no vea el momento de darme un respiro, al menos un par de días. La cerveza fresquita le indicará a mis piernas el momento de dejar de pedalear mientras en mi cabeza ya se está forjando la siguiente ruta.