lunes, 12 de septiembre de 2016

Cullera-Júcar-Alzira-Estany



Por fin llegaban las tan ansiadas vacaciones de septiembre y con ellas las rutas previstas. Sin haberlo planeado el mes de agosto ha sido intenso en cuanto a rutas se refiere. Así que para empezar tenía una ruta larga pero muy sencilla, sin desniveles y muy rodadora por la marjal de Cullera y los caminos pegados al río Júcar.

Llego a Cullera y aparco en el centro comercial a las afueras del pueblo. Dejando la bici en el suelo pinchazo. No podía comenzar peor. Con lo gastado del neumático delantero esto tenía que pasar tarde o temprano. Miro la hora y veo que llamar a Alejandro para tomar un café va a ser imposible, así que pongo en marcha la ruta para llegar a Alzira y allí en la tienda de bicis reparar o cambiar las cubiertas. Pedaleo hasta el puente que cruza el río y enlazo con mi anterior ruta por Cullera: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2014/05/riba-roja-cullera.html  aquella que me llevó en tren y volví a casa marcándome más de 125Km. Esta ruta también será larga pero no como aquello. Ya en la orilla sur del río, tras cruzar por el moderno puente, lo remonto y llego al azud del molino de la Marquesa. Unos metros antes, en la otra orilla se encuentra el molino. 

Una bonita muestra de ingeniería hidráulica que desde la distancia se ve bastante bien conservado. Vuelvo al camino asfaltado pues me había desviado unos metros a la derecha. Tras un edificio muy fuera de lugar entre los naranjos llego a un desvío que tomo a la izquierda pues el camino recto no tiene salida. Me alejo ahora un poco del río y transito hasta las obras abandonadas de la que iba a ser, y supongo que algún día será, la prolongación de la A38. Llego a un camino con una gran acequia. 

El camino me recuerda al canal de la ruta Júcar-Turia: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2010/12/el-verano-pasado-recorriendo-las-rutas.html  aquella ruta también fue una ruta larga con muy poco desnivel y también tuve que llegar en tren al punto de partida. 

El camino enlaza con otro que tomo a la derecha, casi inmediatamente un partidor separa las acequias, la de este camino y la del camino que venía siguiendo hasta ahora. Esta acequia siguiéndola atraviesa el pueblo de Fortaleny de forma subterránea y sigue hasta surgir del río Júcar siempre en esta dirección norte que ahora lleva. Yo en cambio tomo un camino a la derecha y me acerco al río, es así, pegado a él como pasaré junto al pueblo por la calle más exterior sin absolutamente nada que poder destacar del pueblo. 

El río gira en un recodo a la izquierda, allí se encuentra el azud de Cullera, a pesar de estar entre las localidades de Fortaleny y Sueca. Una fina lámina de agua se decanta cantarina por la pendiente empedrada. En algún lugar entre las cañas una gran bocana recogerá el agua que por innumerables acequias riega la huerta y los arrozales de la marjal. Junto al azud una pequeña arboleda con un parque hasta el que poder acercarse paseando desde el pueblo. Aprovecho la sombra para volver a meter un poco de aire a la rueda y sigo este placido pedaleo junto al río. 

El siguiente hito del camino es el antiguo puente de hierro inaugurado en 1916 y que evitaba el tránsito del río en barcazas como se hacía hasta entonces. A día de hoy el puente está cerrado y no se usa para transito ni peatonal ni ciclista. La aproximación a Riola trae una de las imágenes que mejor me van a recordar esta ruta. Una paleta de reflejos en las tranquilas aguas del río. 

Las ocres fachadas se desdoblan pintando las aguas del Júcar de colores imposibles. Me evoca recuerdos de un viaje a Girona ya hace años, por supuesto y salvando las distancias.
Barcelona se disfrazará de poblado de modernidad… los nativos intentaremos ser más amables.  Contraespionaje, Love of Lesbians
El paso por el pueblo igual que el anterior. Las fachadas pierden su encanto en las distancias cortas y apartadas de su líquida imagen. 


Tras las curvas del río el azud de Sueca. Queda al otro lado y como el anterior el agua fluye rápida y ligera apenas unos centímetros sobre el lecho de piedras planas hablando bien a las claras del poco caudal del río. 

Observo el conjunto desde la arboleda que corre paralela al río y en la cual me detendré otra vez a hinchar rueda. A los pocos metros el "Pontet" salva una acequia que se nutre del río aprovechando el remanso de las aguas del azud. 

Cruzo la pasarela con el ancho estricto del paso de una persona y sigo el camino para encontrar en la otra margen del río Els Canos o acequia de Muzquiz. 

En 1764 el marqués de Múzquiz obtiene permiso de la corona para la apertura de una acequia e iniciar así su aventura en el cultivo del arroz. Desde aquí se llega rápido a Polinya del Xúquer. La zona de los paelleros junto al río solo tiene eso, unos paelleros ennegrecidos que no aportan ningún lugar de esparcimiento. El paso por el camino junto al río es zona "minada", otro pueblo para añadir al archivo de “guarreridas españolas”. Hasta el puente de entrada de Albalat de la Ribera el camino se aleja un poco del río y transita en medio de la huerta. Aunque este no será el último vistazo al Xúquer en el día de hoy. Tras la rotonda he de cruzar la CV505 en dirección a Benicull.

Tampoco llegaré al pueblo pues mi interés se centra en encontrar un lavadero muy a las afueras del pueblo. Allí, en una encrucijada de caminos lo encuentro. No es muy bonito, solo es un lavadero más para mi colección, pero el ambiente de frescor, de rumor del agua, de historias contadas sobre sus piedras de lavar…
Giro a la derecha por otro camino entre naranjos, otro camino impregnado de azahar. El camino zigzaguea entre los campos, cruza la AP7 y al poco se encuentra, de sopetón, con la ermita de San Bernabeu. No podía ser la ermita de la Masía o del Camp Nou, no, Bernabeu. Bueno... es lo que hay.

Es bonita. Pequeña. Curiosa. Singular incluso. Y sobre todo un gran hallazgo pues no me la esperaba. Con este regalo en las retinas me voy acercando a Alzira. Primero el polígono industrial, luego rotonda, izquierda y hospital. Y luego un camino a la derecha roto y en fuerte pendiente que me lleva a lo alto de la colina. Este tramo a sido sin duda el más aburrido y soso de lo que llevo de ruta. Entre los chalets, a la izquierda ya puedo distinguir la esbelta silueta del campanario del Santuario de Nuestra Señora del Lluch. Desde la rotonda inicio la tímida subida, apenas un esbozo de montaña con que quitar el sopor de tanta planicie. Llego arriba para encontrar este monumento.

El actual edificio data de principios de los años 30 pero en el lugar había una ermita ya desde 1330.  

Es una grandiosa construcción que parece fuera de lugar, por el tipo de arquitectura, en estas tierras mediterráneas y evoca imágenes de películas lejanas e intrigas monacales. 

Solo habría que imaginarlo en un día frío y lluvioso o con una buena y espesa niebla alrededor. Doy cuenta del almuerzo y la cerveza bajo la sombra de unos árboles en la parte de atrás del edificio mientras dejo correr mi imaginación por esa espesa niebla… Toda esta última película la hago rapidíto pues la avería de la rueda me tiene que llevar hasta la tienda de bicis, en el centro de Alzira, para reparar el pinchazo. El tiempo que pierdo en la tienda me hace tener que recortar la ruta y la visita hasta la Murta queda anulada. De todas formas, como no es posible entrar a la Murta en bicicleta y tan solo iba a poder llegar hasta la puerta, dejo este tramo pendiente. La pena es que quería que este fuera el primer tramo de mi particular visión de la ruta de los monasterios que tengo programada para más adelante. Así que vuelvo hasta la rotonda del hospital y tomo un camino por detrás de este, entre naranjos, para salir paralelo a la carretera de Corbera. Este camino viejo de Alzira a Corbera me dejará, ya casi al final del mismo, la estampa de la vieja ermita de San Miguel de Corbera. Se alza ésta sobre una pequeña colina al norte del pueblo. Adosada a los restos de una antigua torre musulmana de vigilancia, el edificio es un claro ejemplo de las conocidas como iglesias de reconquista. Fue erigida a mediados del siglo XIII por los colonizadores que poblaron estas tierras. Luego la AP7 se encargará del último acercamiento y así poder disfrutar de la visita de su castillo, de los restos mejor dicho. 

Castillo de origen musulmán del siglo XI, aunque los romanos ya pusieron antes su pica. Los observo desde la calle de abajo… viejos muros, almenas desgastadas. Huyendo de la carretera de Llaurí tomo un camino cercano a la AP7 pero tras unos metros lo encuentro cortado, así que no me queda más remedio que tomar otra carretera, esta vez paralela a la autopista hasta pasar el pueblo y encontrar un camino que me adentre en la marjal de Cullera. 

La divisoria visual es tremenda desde el camino. A mi derecha verdean los naranjos que se extienden hasta fundirse con el azul de las montañas de la Serra Corbera. El paso de la cruz del Cardenal adivina el paso hacia el valle de la Murta. 

La silueta del “Indio” y toda la cordillera llenando mi campo visual de izquierda a derecha. A la izquierda del camino los arrozales doran un inmenso mar solo quebrado por los edificios que suponen la primera línea de defensa de una montaña mítica. 

Arriba su castillo, la ermita y su reclamo turístico, ¿alguien sabe dónde estamos? Me adentro en los arrozales y encuentro otro hito inesperado en el camino. Un V.G. en mitad de esta llanura. Toda una sorpresa pues no lo esperaba para nada. Ultimo vistazo a las montañas y pongo dirección este hacia el mar que no deja de empujar en contra con su brisa, algo más que suave y persistente, húmeda y pegajosa aunque refrescante en este día de tanto calor. Así, por aquel camino del canal que antes recorrí en sentido contrario me dirijo hacia la costa, he estado cerca de cerrar el círculo pero no he llegado a conectarlo. Cruzo con mucha precaución la carretera de Cullera hacia Favara, allí otra vez las obras de la futura aunque autovía. Dejo atrás el dorado arrozal y su incontable ejército de aves: desde Garzas hasta Águilas y me adentro otra vez en los fragantes naranjos, que a pesar de tener sus frutos en plena ebullición debe haber alguna variedad en floración. Espectacular. Llego a la carretera de Cullera a Gandía y la tomo a la izquierda por unos metros, enseguida derecha y me adentro por un camino que indica entrada al Estudiant, pues el camino 15 metros más adelante que indica Estany está cerrado. Sin abandonar este camino llego hasta la misma orilla del Estany de Cullera.  

Lo recorro hacia el mar disfrutando de este entorno paisajístico de gran belleza. Barcas amarradas en mitad del lago y otras en la orilla en su “parking” privado. Aves revoloteando. La arboleda meciéndose al son de una música que solo ella comprende. 

Y las montañas al fondo poniendo fin a ese horizonte infinito que se adivina enfrente. La senda llega hasta un restaurante en el que paro a por un poco de agua fresca. La amabilidad del camarero llega hasta para ponerme unos hielos en la camel y poner el agua a puntito de congelación. ¡¡¡Gracias!!! Continúo la parte final de la senda hasta otro restaurante, aquí ya es el final y salgo a la izquierda para llegar hasta la playa, ver las barracas del restaurante y cambiar de dirección hacia Cullera. 

Aquí no hay un paseo marítimo que me lleve por la orilla, pedaleo por la calle más cercana al mar hasta llegar a la Torre del Marenyet, construida en 1577 para la defensa contra los piratas. 

Arriba de la torre también hay un V.G. pero en este caso casi ni me lo apunto al no haberlo podido "cazar". Me acerco nuevamente a la playa para tener una vista del espigón sur del Júcar y un último vistazo a estas playas que se debaten entre la arena y la pared.

También buscaba un camino transitable que llegara hasta el camino del espigón y desde él recorrerlo hasta el pueblo, pero dicho camino no es muy accesible desde donde estoy pues hay que atravesar una gran muralla de cañaverales. Así que continúo hasta la calle principal de la torre y ahora si pongo rumbo al pueblo visto desde el lado sur del río.  

Paso toda la zona portuaria y llego al puente por el que crucé esta mañana. Ahora en dirección contraria hasta el coche donde la comida me espera junto a una coca-cola fría, hay que conducir. La cerveza fresquita me espera en casa para reponer sales minerales, y no lo digo yo solo: http://blogs.20minutos.es/salud_y_deporte/2009/07/09/aauna-cerveza-tras-practicar-deporte/ quién me iba a decir que lo que con tanto entusiasmo siempre he defendido ahora tiene infinidad de estudios que lo demuestran, como este otro artículo: http://www.menshealth.es/nutricion/articulo/cerveza-bebida-isotonica



Track de la ruta: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=15014174