lunes, 8 de abril de 2013

Almardá-Vall de Segó


El lunes de san Vicente, festivo y primer lunes de vacaciones, lo iba a pasar a lomos de la gorda. Una nueva ruta para ir conociendo algo más del patrimonio histórico-cultural y paisajístico de nuestra comunidad. La ruta, aunque más que ruta será un paseo en bici debido a las innumerables paradas a realizar: visitas, fotos, almuerzo y comida y contemplación de los mil y un rincones que estoy dispuesto a conocer, surgió como idea con la preparación de la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/12/ribaroja-almarda.html  al consultar la página de Ermitas de la Comunidad Valenciana http://www.ermitascomunidadvalenciana.com/  para ver que me iba a encontrar por la zona, así que, gracias a las fotos de Vicente, que me va metiendo el gusanillo de conocer las preciosas ermitas que tenemos por allá por donde nos movemos, aquí estoy para ampliar un poco más el conocimiento sobre ese patrimonio histórico que tenemos. En total serán 3 casas palacio, 1 torre, 5 ermitas, 6 lavaderos, 7 molinos, iglesias, fuentes, acequias, sistares y un largo etc, de monumentos civiles, militares, religiosos y paisajísticos, y también algunas curiosidades. Vamos a conocerlo juntos.



Desde Almardá salgo en dirección norte hacia la playa de Corinto. Voy a coger el mismo camino que cuando vine desde RibaRoja pero al revés. Así que la primera parte de esta ruta ya es conocida. Junto a la casa de Periya, lugar donde cerraré el círculo de esta ruta, giro, segundo camino a la izquierda, para tomar un camino asfaltado. Tras dejar atrás autopista, vía del tren y autovía, diviso a mi derecha la primera visita del día; la masía de Gurrama. 

Completamente rodeada de naranjos languidece esta vieja masía, y la más que evidente ruina que asoma por su techumbre no deja lugar a dudas sobre su futuro. Retrocedo hasta la carretera y sigo para girar a la derecha en dirección a la ermita de Benicalaf. Con este giro a la derecha transito por dos de las rutas más históricas que pasan por esta zona: la Vía Augusta y la ruta del Cid. Llego a la ermita, una antigua y soberbia construcción antaño perteneciente al extinto poblado de Benicalaf, desaparecido hacia el año 1870. Junto a la ermita la señal blanquiazul de la vía Augusta. 

Tomo el camino frente a la ermita y me adentro hacia Benavites, donde pronto resalta la torre sobre el resto del pueblo. 

Antes me acerco al lavadero, el cual desconocía su existencia pero que ha delatado el rumor del agua que incansable corre por sus piedras; uno más a la colección de estos bellos y pintorescos lugares que voy atesorando en mi memoria, tanto digital como emocional. 

Ahora sí, me acerco hasta la torre musulmana del siglo XIII, una preciosa torre defensiva en un espectacular estado de conservación, tras la foto callejeo hacia la iglesia. 

Curiosa por su forma, como si se apoyara en el campanario para permanecer en pie. Vuelvo hacia el lavadero para salir del pueblo entre campos de naranjos. Enseguida una bifurcación y giro a la izquierda, y enseguida a la derecha para ir hasta lo que queda del molí del Ratllat. Parece que la pinada es el último refugio que le queda a esta pequeña construcción de la que destaca un frontón en bastante mejor condición que el molino. Retrocedo y giro a la derecha hacia el Molí de Pedro, antes de llegar otro giro a la derecha y continúo entre naranjos hacia una gran balsa de riego. Allí a la izquierda para encarar MonteAlmenara. Una coqueta montaña propiedad privada y a medio urbanizar, digo medio porque las calles ya están hechas, los pinos esperan ser cortados para ser sustituidos por ladrillos. Al final la crisis tendrá algo de bueno, sino que le pregunten a los pinos. La empresa de seguridad que vigila la finca me dice que el permiso para subir a la montaña hay que solicitarlo a Madrid, a la sede de un gran banco, “pelotazos españoles de ayer y de hoy presentan…”. Indignado por no poder disfrutar de las magnificas vistas que se prometen de toda la Vall de Segó sigo camino para bajar hasta el molino donde antes no he llegado. Ahora paso junto a él girando a la derecha. 

Una pequeña plazoleta junto a la puerta de entrada me depara una agradable sorpresa, un pequeño lavadero descansa junto a un antiguo horno; ni el uno ni el otro volverán a recordar sus tiempos gloriosos. Sigo adelante cruzando el barranc del Arquet por un vado, que en caso de bajar mucha agua quedará anegado, para llegar a la carretera de Quartell. 

Allí mismo, en el cruce, se levanta el Molí de L’Arrap. Giro a la izquierda para llegar hasta la era y calvario de Quartell. A la derecha sale una senda que, pasando junto al Molí de Quart, llegaría hasta Quart o Quartell. Como este molino no está indicado junto a la senda pues me lo pierdo, quedará para otra visita. Retrocedo hasta el molino de antes y hago algunas fotos, allí mismo hay unos paneles interpretativos de la ruta del agua, de los sistares y los molinos. Sigo por la carretera y llego al barranc de la Font donde hay otro panel interpretativo, aquí también hay un camino por el que se podría llegar, dibujando un arco, hasta la era y el calvario de Quartell que he visitado hace un momento. Sigo para llegar, unos metros más allá al Molí de la Font. Lo rodeo y llego hasta la senda de Quart, pero no es mi intención recorrerla hoy. Otra vez hacia atrás para encarar la entrada a la Font de Quart. Son las 10.30h. y ya hay un ambiente considerable en la zona de los paelleros, donde la gente busca sitio para pasar este día festivo. 

Almuerzo en el mismo banco donde comí la otra vez, rodeado de este increíble y maravilloso oasis. Hasta aquí ya era casi todo zona conocida y la he pasado rápido. 

Ahora me pongo en marcha hacia la ermita del Santísimo Cristo de la Agonía. Una preciosa construcción a diferentes niveles, pintada de un blanco luminoso y rematada con tejas, sobresale sobre una pequeña pinada. A su lado el calvario. Lástima que la fachada principal no puede verse ya que da al patio de un colegio y la valla y algunos elementos decorativos la tapan casi por completo. Me adentro en el pueblo, paso frente a la iglesia y continúo calle abajo hasta el Llavaner. 

Otro precioso exponente de este tipo de construcciones. Desde la esquina a la derecha para seguir callejeando. Llego a la plaza donde se encuentra la capilla de nuestra señora del Pópulo. No hay mucho que ver y sin embargo transmite algo. Remonto ahora el pueblo para llegar a la zona de la prensa, la fuente y la torre de los colombaires, lugar por el que entré en la anterior visita. Sigo adelante dejando a mi derecha un parque, junto a la rotonda, con una fuente y una pequeña pinada, ya en la última calle del pueblo, por ahora, pues está proyectada una ampliación, giro a la izquierda y en la plaza de la capilla giro a la derecha dirección Quartell. La entrada del pueblo me recibe con dos de los elementos que venía buscando juntos: el Llavaner a la derecha y el Molí Nou a la izquierda. Hay que tomarse un ratito con estas dos joyitas para verlas bien. 

Una foto en la fachada muestra el lavadero en sus tiempos de gloria, cuando eran uno de los centros neurálgicos de los pueblos. 

Al otro lado de la calle el molino reconvertido en museo del agua; tras él la acequia que viene del sistar de Quartell y que a través de un derramador reparte el agua que entra en el molino. Me adentro en el pueblo por la calle principal y enseguida llego al Palacio Condal. Pocos elementos nos hacen pensar que estamos ante una casa palaciega. Luego me acerco a ver la iglesia en una calle contigua y me entretengo por las calles del casco antiguo, calles estrechas con las fachadas respetando una arquitectura tradicional y armónica, nada aburrida y con sabor añejo a pesar ser nuevas muchas de ellas. Luego salgo hacia la carretera de Benifairó, la cruzo por un paso subterráneo habilitado para ciclistas; es destacable la gran cantidad de carriles bici que hay en esta zona de Les Valls. A pesar de haber mil y un caminos agrícolas, la mayoría de ellos asfaltados, casi todas las carreteras tienen al margen su carril bici, esto si es una apuesta por el uso de la bicicleta como medio de transporte alternativo y deportivo y por un desarrollo sostenible; esto no es la chapuza de un arcén pintado de rojo como en Náquera, o un carril bici cerrado con una valla como en RibaRoja en espera de ser inaugurado con la foto de rigor de algún politicucho, y mientras los ciclistas sin poder gozar de unos metros de seguridad; a esto sí que le doy un “me gusta”. 

A la salida del paso inferior a la izquierda queda el Molí de Dalt. El edificio se conserva en buenas condiciones para lo que he visto por ahí. No hay mucho más que ver pero es una vista bonita. Después, junto al colegio, cruzo la carretera y tomo la senda que se adentra otra vez entre los campos de naranjos que saturan el aire de un penetrante aroma a azahar. Las flores estallan pintando de blanco la verde arboleda, y con las últimas naranjas aún pendiendo de las ramas, crean un contraste colorista y alegre difícil de describir, el espectáculo es estar aquí para vivirlo. En el “sky line” de Benifairó sobresale la figura del campanario junto al Palau. 

Me acerco por la senda hasta el Molí de Baix, este edificio sí que está en las últimas y las aguas de la acequia ya no mueven ninguna rueda que muela harina ni arroz, ni nada. La irrupción de la electricidad a gran escala sentenció todos estos molinos que se movían con la fuerza de un agua que hoy sigue fluyendo por los mismos lugares y que podrían seguir moliendo o proporcionando electricidad. 

Más adelante me encuentro el sistar de Faura. Por su margen izquierda una senda junto al campo de naranjos me conduce hacia Faura donde, a la entrada a mano izquierda, encuentro el Llavaner. 

Es un edificio grande, con tres pilas por las que discurre el agua, lástima que esté cerrado aunque se puede echar un vistazo a través de las puertas enrejadas. Ahora tomo la primera calle a la derecha y acabo entrando en el parque de la Canaleta. Continúo la calle arriba, y giro junto al canal del Barranco que cruza el pueblo, luego a la derecha y segunda calle a la derecha. Aquí daré una vuelta que no me conduce a ningún sitio; quería llegar a unos jardines con una balsa que hay detrás de estas casas, pero por lo visto son propiedad privada. 

Esta calle atesora el museo Guarner y la casa natal del pintor renacentista Alonso Sánchez Coello; al principio de la calle está el precioso Llavaner de Benifairó.

Solo le sobran las pintadas que, a modo de “arte” o simple gilipollez, algún idiota ha hecho, y al final de la calle nos encontramos, a la derecha, la casa Palau, hoy en bastante mal estado de conservación, y detrás la iglesia. Todo este conjunto hace que merezca la pena visitar esta calle. He omitido del track la vuelta que dí por los campos de atrás y que no conducen a nada, así que a todos los efectos giro a la izquierda. 

Después de buscar algunos buenos ángulos para las fotos de la iglesia y del Palau, giro a la izquierda para acercarme por fin a la montaña. Al final del pueblo, junto a un parque, giro a la izquierda para recorrer el pueblo de norte a sur hasta el parque de la Rodana junto al polideportivo. Este parque es una preciosidad y hoy, día festivo, la gente del pueblo sale a disfrutar de él plantando las mesas para disfrutar de un día de picnic. Disfruto un poco del entorno y del ambiente festivo, luego retrocedo para llegar hasta la ermita de Sta. Bárbara. 

Una bonita construcción enmarcada en la plaza del calvario, a su izquierda sale el camino que lleva, detrás del cementerio, a la izquierda, a los paelleros del parque de la Rodana, la zona más alta del parque con unas vistas increíbles sobre el pueblo y sobre La Vall. Vuelvo atrás hasta el cementerio, giro a la izquierda y comienzo la subida a la montaña, por fin algo de ciclismo. El nombre no le viene en vano; la otra Rodana, la reina, tiene una hermana gemela en estas tierras a caballo entre La Calderona, Espadán y el mar, no pertenece a ninguno y es de todos. Enseguida lo apuesto todo al objetivo de ganar la cumbre; desarrollo de subida, suspensiones bloqueadas, sentado en la punta del sillín y, como el camino es asfaltado y lo permite, un poco de zigzagueo para restar algo de porcentaje. Subo entre medio de una pinada enorme, magnífica y que va dejando su fresca fragancia en el aire. Me fijo en los badenes que a la bajada me pueden dar algún susto y los voy memorizando para intentar anticiparme. El poco más de un Km. de subida deja huella en las piernas que me han obligado a bajar el brutal ritmo que me había marcado desde el inicio. Como iba a ser la única subida del día quería dejar el pabellón alto, pero la montaña se encarga de ponerte en tu sitio lo quieras o no. Llego a un primer mirador con vistas hacia el sur, hacia el Alt de Romeu, el Pic del Corbs y el puerto de Sagunto detrás de las montañas. Hasta allí todo son pequeños campos de naranjos tejiendo un tapiz de verdes árboles y ocres tierras, al final todo muere en la línea de playa aplastado por la imparable maquinaria inmobiliaria puesta al servicio de la sinrazón urbanística. 

Llego hasta el mirador principal que, entre las ramas de los pinos, deja ver abajo los pueblos por los que he ido transitando esta mañana. Almenara a los pies de su montaña asomada al mar, las marjales que forman el cinturón prelitoral, la inmensa mancha de naranjales protegidos por las últimas estribaciones de la sierra de Espadan desembocando al mar. Todo un espectáculo digno de contemplar. Toca bajar. Suelto las suspensiones y me calo para ser todo uno con la bici. Pronto alcanzo el primer golpe de adrenalina con los casi 60 por hora que marco antes de la primera curva, luego ya no podré acercarme a esa marca pues los senderistas que suben y la gente que pasea a los perros me harán tirar de freno más de lo que me gustaría. Llego abajo como un tiro, dejo atrás la ermita y giro a la izquierda para encarar la calle que sube hacia la ermita del Bon Succes. No tiene pérdida; cuatro calles más allá a la izquierda una impresionante escalinata custodia la pequeña ermita encaramada a la montaña. Justo antes de la escalinata un camino a la derecha me facilita la tarea de subir, por asfalto, hasta arriba. Junto al barranco un camino arranca a la izquierda dejando el asfalto. 200 metros después llego bajo la pinada que rodea esta bonita ermita. 

Unas mesas alrededor invitan a pasar un agradable rato sumido en la calma que se respira en este lugar. 

Admiro desde aquí arriba la imponente escalinata que  desde abajo había visto con congoja antes de ver el camino. Unas fotos después me pongo en marcha para bajar al pueblo, girar a la derecha, llegar hasta la calle de Sta. Bárbara y, dejando la ermita a la espalda, adentrarme en los pueblos para cruzarlos de oeste a este, pasando de Benifairó a Faura. Desemboco en la plaza del Llavaner, allí giro a la derecha y llego a la plaza de la iglesia. Esta queda a la izquierda, justo enfrente la Casa Condal. 

Soberbia en su arquitectura y conservación, una pincelada más de buen gusto a lo largo y ancho de toda esta ruta. Enfrente la iglesia de los santos Juanes tampoco pierde el tono de la belleza de los lugares visitados y aporta un plus que sube la media. Me pongo en marcha callejeando otro poco y disfrutando de algunas calles y plazas que también aquí guardan una estética tradicional en las construcciones de las casas, no así en la parte nueva del pueblo donde las impersonales fincas y adosados no aportan ningún valor estético. Busco la salida entre los naranjos junto al trinquete por caminos agrícolas más tranquilos y libres de tráfico, aunque hoy día festivo no es el caso. Vuelvo a cruzar la autovía, la vía del tren y la autopista, y ahora también la carretera de Almenara a Canet por la rotonda. Allí tomo el camí del Mangrano, después de pasar la Masía del Pilar giro a la derecha por el camí Cantarrana. 

Este se mete de lleno en la Marjal que en algunos tramos inunda el camino. Llego a un observatorio de aves junto al molino de Casa de Perinya, una pequeña área recreativa con una rueda de noria, un área bonita si se pudiera visitar y disfrutar de ella, pues siempre que he pasado esta cerrada a cal y canto. Como llevo el bocata de la comida decido acercarme hasta la playa y comer con unas vistas diferentes a las acostumbradas. Ya solo queda llegar a casa y disfrutar de un merecido café con hielo pues aún tengo el gusto de la última cerveza en la boca. Mientras saboreo el café y recupero los recuerdos de la ruta pondré otra cerveza a refrescar.




TRACK DE LA RUTA: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=4284737