sábado, 5 de julio de 2014

Ontinyent-Senda Enginyers-Bocairent


La ruta de hoy me llevaba a Onteniente; más concretamente a la magnífica zona del Pou Clar, una serie de pozas naturales que se forman en el río Clariano justo tras el cruce de las carreteras de Bocairent y Fontanars. Dejo el coche allí mismo en el parking y bajo, por la rampa que veo al frente a pie de corriente. Para ello tendré que tomar la carretera un centenar de metros hasta otro parking habilitado en la zona y por allí cruzo la carretera y tomo la rampa. A esta primera hora de la mañana la sombra toma el lugar con su manto de taciturna calma que luego el poderoso calor del sol romperá en mil pedazos.

Recorro el paseo habilitado con calma para saborear la quietud del lugar observando con avidez las maravillas que ha hecho el agua deslizándose por la roca, puliéndola hasta conformar formas de imposible belleza inacabada. También hay ventanucos abiertos en las paredes horizontales que se asoman al barranco y que son obra del hombre. Tras la gran balsa que se forma bajo el azud una gran arboleda concederá sombra a quienes prefieran refugiarse del sol. Allí nace un camino que sube hasta unas fábricas y unos chalets, rodeo esta zona para buscar la aproximación a la carretera, tomarla a la derecha y cruzarla enseguida entrando por un camino entre chalets que irá a buscar un viejo puente sobre la vía del tren. Luego más chalets hasta el camino del cementerio donde una pinada me dejará pasado éste en el inicio de la Senda dels Enginyers. 

La senda va en suave pero constante subida y excepto un par de puntos complicados con piedra viva en el camino y alguna estrechez que pone la caída de la ladera demasiado cerca, no hay más problema para rodar por aquí. Eso sí, al final se nota que casi todo el rato vas tirando de potencia pues las piedras son pequeños muros que hay que ir superando a cada pedalada. La zona afectada por el fuego está en la parte media y final de la senda por lo que el primer tramo pasa bajo un precioso bosque de pino. 

Luego el paisaje se abre y deja ver el dibujo de la senda por la ladera de la montaña mientras sube y se interna en las cabeceras de los barrancos que surcan la sierra de la Filosa. En muchos tramos de la senda se pueden ver las antenas que culminan la montaña. Llego al final de la senda incorporándome a un camino que sube a la derecha y en pocos metros llega a un cruce sobre la cresta de la montaña. Giro a la izquierda para adentrarme en una pinada y asomarme hacia el valle que recorre la parte norte de la sierra Mariola. 

Allí está espléndida, elevando sus cumbres hacia un cielo que parece querer acariciar. Buen lugar para almorzar con estas soberbias panorámicas. 

A mi derecha puedo ver la ermita del Santísimo Cristo de Bocairent, adivinado parte del calvario que tengo que subir. Al fondo el alto de la Cruz remata el horizonte aunque no tendré que subir hasta él. Abajo, en el valle, la ermita de la Virgen de la Luz atrae mi mirada y busco el camino que me llevará hasta ella. Tras el almuerzo y la comprobación de que nada delata mi presencia allí sigo el camino llegando hasta un cruce sobre el camino viejo de Onteniente a Agres que arrancaba en el camino del cementerio de Onteniente, por donde he tomado la senda dels Enginyers. Este camino recorre toda la cresta de la montaña dejando ver los dos inmensos valles que se forman al norte y sur de la misma y teniendo unas vistas privilegiadas sobre ambos, así como hacia el este donde las cumbres recortadas del Benicadell son un faro constante para determinar la ubicación. En lugar de tomar el camino principal doy un pequeño rodeo por un camino más deteriorado pero en bajada, lo que no presenta ninguna dificultad y si un poco de emoción. Empalmo otra vez con el camino pasando por un par de viejas masías y un par de no sé si viejas pero sí restauradas, así como por una cuadra donde los caballos esperan para recorrer los alrededores. 

Unos campos de girasoles pondrán el toque colorista antes de la llegada a la ermita. Tras esta visita giro a la derecha y me incorporo a la vía verde del Xixarra, aquí asfaltada y compartiendo espacio con coches. Cruzo la carretera de Alfafara a Bocairent y sigo este tramo recto para abandonar la vía verde poco antes de llegar al pueblo. 

Giro a la derecha, cruzo la CV-81 y enseguida a la izquierda con la preciosa ermita de San Antonio ya a la vista. Voy bajando hasta la entrada de Bocairent por el Pont Vell. Allí las vistas del pueblo son algo increíble. El pueblo se apiña en el altozano compitiendo por elevarse sobre la casa de al lado como las plantas buscando la luz. Me siento observado por miles de ventanas, ojos cuadrados desde casas viejas, abandonadas, en una ruina que grita en silencio pidiendo ayuda. 

El único ojo que parece vivo es el del puente, que tras cruzarlo adentra el camino pegado al barranco en una subida casi imposible. 

En el centro del pueblo se eleva el esbelto campanario y a la parte derecha destaca, en lo alto de la montaña, la ermita del Santo Cristo con su serpenteante calvario.

También son visibles algunas ventanas de las casas cueva, cuya máxima expresión está al otro lado del barranco en una pared vertical, siendo estas: Les Covetes dels Moros, una de los mayores atractivos del pueblo, aunque atractivos rebosa por los cuatro costados. Subo esta primera rampa dura para internarme en el pueblo llegando a la preciosa plaza, girando a la derecha y bajando hasta el camino del calvario. Otro puente sobre el barranco me deja a los pies de los caballos. El tremendamente irregular firme empedrado me hará exprimirme a fondo en el primer tramo de subida, al llegar al zigzag un escalón me obliga a bajar de la bici para reanudar las pedaladas en el segundo tramo, otro escalón y otra vez lo mismo, al tercero ya decido ir andando ante la exagerada fuerza que hay que hacer para salvar los baches entre los adoquines y luego morir en un escalón. Miro hacia arriba desanimado ante lo que me espera. El calvario vuelve a dar fe de su nombre aunque también podría llamarse tortura. Primero la subida del castillo de Xátiva, luego el tramo de la Nevera de Chóvar y ahora esto. Menudas tres rutas casi seguidas que llevo. El ritmo es cansino y deprimente bajo un sol de justicia que pesa como una losa y me ralentiza aún más. 

A mitad de la subida una pequeña capilla sobre la que me acurruco en la sombra para descansar unos instantes antes de iniciar la parte final de la ascensión que me está reventando. Llego arriba y a la sombra de un pino descanso antes de maravillarme con las vistas que se abren ante mí. Espectacular toda la sierra Mariola, la Filosa, el Benicadell, el Montdúver, la serra Grossa, la serra de Corbera, estas últimas fundidas en una sucesión de montañas no identificables pero que allí están. Con Luis estaría jugando a poner nombres a todos los picos y medir distancias, a estar en desacuerdo y a no dar nuestro brazo a torcer ninguno de los dos, para luego buscarlo en internet y mandarnos un correo dejando caer que teníamos razón en esto o aquello. 

A los pies de la ermita el pueblo, del que me despido buscando un camino que se adentra en la sierra por la parte trasera de la ermita. La rala vegetación de toda esta sierra pone un punto de tristeza en la ruta. Luego el camino deja de ser camino para convertirse en una sucesión de piedras emergentes del rojo suelo que me hacen botar en las pequeñas bajadas y me obligan a tremendos golpes de potencia en las subidas. Así llego al alto donde se ubica el V.G. de Subterránea para volver a gozar por última vez del paisaje montañoso que pronto desaparecerá de plano. 

Justo aquí ya se deja ver otra vez la Vall de Albaida y comienza una bajada portentosa con curvas de herradura y otras más rápidas que permiten una velocidad endiablada. 

El firme, a pesar de la grava del camino no supone demasiado peligro y permite buen agarre y apuradas de frenada hasta estar bien encima de la curva. El fondo del valle se acerca deprisa con cada curva que salva desniveles tremendos y me lleva hasta la carretera de Fontanars, donde giro a la derecha y sigo bajando por asfalto y viento a favor rodando a más de 50 por hora. Aún estoy alucinando con la bajada pero visto lo visto creo que hubiera hecho bien en hacer la ruta al revés, esta subida hubiera sido muy dura pero con mejor firme que las otras subidas y el calvario de bajada no hubiera sido un obstáculo insuperable, pero sin conocer el terreno tenía que elegir y si esta subida hubiera estado mal… Busco en el “Treki” el desvío a la izquierda que me lleve hasta unas pozas del río Clariano denominas Pou de l’Olleta. 

Estas pozas son otro bonito atractivo en el río Clariano, ni son tan grandes ni tan cristalinas como las del Pou Clar pero no dejan de tener su atractivo en un paseo junto al río. Salgo a la izquierda pasando por una urbanización y adentrándome en un barranco, luego más chalets hasta llegar a un carril bici en pronunciada bajada hasta el nivel del río. Unos tubos a modo de puente unen las dos orillas y unas formaciones rocosas al estilo del Pou Clar dibujan sus contornos contra el agua. Toca volver a subir la rampa y llegar a la carretera para bajar hasta el parking donde está el coche con mi bocata, que bien me lo he ganado. 

Antes de partir un último vistazo a este idílico lugar. 


Track de la ruta:http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=7259615