miércoles, 4 de septiembre de 2013

Riba Roja


Tenía una deuda conmigo mismo. Con la ruta: http://bikepedalvalencia.blogspot.com.es/2012/05/riba-roja-molinos-paterna-quart-manises.html empecé a hacer una serie de salidas, más culturales que rodadoras, que me estaban haciendo conocer muchos bonitos lugares de los pueblos de alrededor, pero como suele pasar, lo de nuestro pueblo, lo más cercano, no lo conocemos porque lo dejamos para mañana. Bueno pues el mañana era hoy, por fin había llegado el día y me deparaba un par de gratísimas sorpresas.

Salgo de casa para hacer un recorrido por la parte vieja del pueblo que son las que tienen algo que ofrecer, en este y otros pueblos, el resto son edificios con poco o ningún gusto arquitectónico con poquísimas excepciones. 

Cruzo el puente sobre el barranco de las Monjas; la inútil pasarela que tantos pensamientos despierta en mí la tengo delante, con las montañas de la Calderona como colofón. Había pensado bajar para hacer un paso por dicha pasarela y así encontrarle algún uso, pero prefiero la foto para apreciar el derroche en toda su magnitud. Esta parte baja del barranco, entre la pasarela nueva y el puente de toda la vida, se ha remodelado como auditorio al aire libre; de momento la única música que se escucha es la que hacen los perros meándose en él, hemos financiado el "pipi-can" más grande del mundo por si los perros no tenían bastantes aceras donde mearse y cagarse, así somos en este pueblo. Los muros de piedra retenidos por malla metálica aguantarán más bien poco si esto se empieza a utilizar, con lo que se nos viene encima otro gasto para rehabilitar el desaguisado, no sea que vaya a haber un accidente, ¡pero qué listo el tipo que aprobó la obra, dos comisiones en vez de una! Todo un crack. Eso sí, las calles junto al barranco las han arreglado, por lo menos han hecho algo útil para los vecinos de estas calles, con este argumento a ver quien le reprocha algo, lo dicho, todo un crack. Ya mismo, a la entrada de la calle disfruto de una casa cueva bien arregladíta como último testimonio de las que antaño había en esta misma calle. Me adentro en la calle, que hacía tiempo que no pisaba, con la intención de tomar el camino de tierra que rodea esta colina y empalma con la calle lavadero, las obras que siguen afectando a la calle me obligan a bajar de la bici y luego seguir por el camino de tierra que rodea el altozano. En la curva las cuevas se han hundido sobre sí mismas y arriba un corral con las gallinas corriendo es lo más primitivo que queda de estas antiguas casas cueva que miraban al río. 

Llego a una plaza con un pequeño parque; lo rodeo para ir a la parte trasera de la última casa y encontrar una senda que llega al nuevo camino peatonal que conecta con las calles de arriba, pero la senda sigue y llega a una calle con una fuerte pendiente. El contraste es colosal, una casa en completa ruina convive con una moderna casa de color rojo que fue de las primeras en rehabilitarse de esta muralla que da al río. Ya arriba veo que la casa de la esquina, donde había una comparsa de moros y cristianos, también se ha rehabilitado y muestra una bonita fachada de una antigua casona, sigo recto en busca del ayuntamiento. 

La fachada del ayuntamiento es una maravilla. Los pináculos que rematan la torre, sus ventanas en arco y la gran balconada dotan de gran fuerza este edificio que data de 1927. 

Enfrente la gran iglesia de la Asunción de 1797; sus dos grandes campanarios y su no menos gran cúpula son un símbolo del pueblo, visible desde el camino del parque fluvial del Turia y representando una de las imágenes más típicas desde el puente viejo con el río Turia a sus pies. Pero antes de llegar allí bajo por la parte vieja del pueblo hacia una de las zonas que se han rehabilitado últimamente. 

Todo este conjunto histórico estaba en estado de completo abandono y en los últimos años se han rehabilitado, cosa que aún sigue,  para dejar una bonita impronta en quien visite esta parte del pueblo. 

Primero encuentro la cisterna del año 1762 y que se abastecía de la acequia, frente a ella el castillo del siglo XI y que es una soberbia construcción que poco dejaba traslucir su hasta ahora lamentable estado de conservación. 

A la izquierda el molino harinero del cual ya tenemos referencias desde el siglo XIII, hoy reconvertido en museo, muestra la acequia que lo alimentaba a través de un suelo de cristal. 

Aquí se ha abierto una senda que baja hasta el río pero que si no se habilita un camino en condiciones la vegetación acabara apoderándose de la senda y esta no servirá para nada. Rodeo el castillo hacia la derecha, no sé porqué me da por ir hacia allí, el caso es que la calle que llegaba al antiguo matadero, ahora reconvertido en la ADL, antes iba a parar a una acequia donde la limpieza, por ser suave con la descripción, dejaba mucho que desear. Ahora hay allí un parking y un camino de tierra que sube hacia otra calle bajo la pasarela. 

Veo las ventanas tapiadas de la parte trasera del castillo, y sorpresa, el lavadero. Si, si, hay un lavadero en Riba Roja, no lo conocía ni sabía de su existencia pero allí está. Cerrado tras una valla y rehabilitado se pudrirá sin uso ni beneficio de nadie. También es cierto que si se abre para poder ir allí no tardará en llenarse de pintadas y basura, así de energúmenos somos las personas. Quiero verlo desde el camino al otro lado de la acequia, que en verdad no es una acequia sino el final encauzado del barranc dels Moros. Ahora retrocedo  y tomo la senda que baja hacia el río haciendo una vuelta para llegar hasta la misma esquina que acabo de abandonar. Bajo por la senda que de momento está bien cuidada, llego al río, giro a la derecha y paso sobre el puente de madera para ver esa bonita postal de edificios rehabilitados entre los que destaca la bonita fachada del convento y el frontón de piedra del hotel.

Llego al puente viejo, 1761, aunque su construcción se remonta a la época romana, y cruzo para girar a la izquierda y subir hasta la esquina del castillo con el molino y la cisterna, así acabaré de ver toda esta remodelación que en pocos días estará lista para la foto oficial que nos dirá, para los restos, quién gobernaba cuando la obra. Me dejo caer lentamente, observando con gusto el castillo, hacia el convento, que fue el primer edificio restaurado de todo este conjunto histórico. 

La fachada es simplemente una maravilla. Los pináculos recuerdan al cercano ayuntamiento, y los distintos niveles y el colorido frontón confieren una sobriedad digna de tan emblemático edificio. Al otro lado de la calle las viejas casas se rehabilitaron para dar paso a un hotel restaurante y otra preciosa casa en la esquina, estos edificios son la fachada norte del pueblo desde el río, antes unas ruinas y ahora una tarjeta de presentación del pueblo. Sigo hasta el río y junto al colegio a la derecha encarando una rampa. 

Al final a la derecha para llegar hasta el mirador sobre el lavadero y el conjunto formado por el convento (residencia de la tercera edad) y el castillo. Llego hasta la pasarela unas escaleras conectan con la parte alta del pueblo, esta pasarela y estas escaleras se hicieron hace muchos años, cuando el deporte y la movilidad en bicicleta ni estaban de moda ni se querían vender sus beneficios. No seré yo quien me queje de que aquí no hayan hecho una rampa para las bicis, pero en las obras de nueva acometida sí. Vuelvo atrás para llegar otra vez hasta el río. Dejo el puente viejo a mi izquierda, paso bajo la carretera y tomo el camino hacia Masía de Traver. 

Ya allí hacia el parque fluvial pasando bajo el enorme plátano; uno de los árboles monumentales de la Comunidad Valenciana. La enorme arboleda es un placer para la vista y los sentidos. Sigo paralelo al río, y llego a la senda ecuestre que conecta con la subida hacia Valencia la Vella. En esta zona hay unas ruinas arqueológicas romanas que he sido incapaz de localizar en las muchas incursiones por la zona, los vecinos de aquí ni siquiera saben de su existencia, así que sigo por el camino que denominamos Atacama, paralelo a la vía del metro, que cuando quieran ponerlo en marcha se tendrán que cambiar las vías por peligro de oxidación (o eso nos dirán, jeje), que llega hasta el acueducto romano sobre el barranc Quebrassa. 

Junto al camino, a la izquierda una cueva y por el camino que se interna hacia el río las trincheras dominando la corriente del Turia como pudimos comprobar en la ruta: http://rodaipedal.blogspot.com.es/2009/09/la-ruta-de-las-trincheras-o-lo-que.html  

Llego a lo que queda del acueducto y sigo adelante adentrándome en la urbanización de Els Pous, donde llegaré al depósito de agua que da nombre a esta zona. Luego buscaré la carretera de Manises a Riba Roja para cruzarla por la nueva rotonda hacia Els Carasols-La Llobatera. Voy con precaución por esta carretera que a pesar de no tener mucho tráfico, este es de camiones de las canteras y eso siempre supone un gran peligro. Pasado el desvío de la cantera me adentro en el conocido camino de la Muntanyeta que nos lleva cada semana hacia Les Rodanes. El camí dels Baladres, Sueños… cuantos recuerdos y anécdotas nos ha traído este camino. Hoy no llevo el ritmo exigente al que me someten los cabr… digo los compañeros sábado tras sábado, hoy voy a mi ritmo (ritmo de abuela estarán pensando) para llegar al desvío de La Muntanyeta. Giro a la derecha y empieza la ascensión. Lo peor está una vez dejadas atrás las casas y el corral. Es un rampa corta pero muy exigente, luego suaviza y ya viene el desvío que voy a tomar hoy a la derecha. Este no sube la montaña, hoy no voy a coronar, voy a rodear toda la montaña por la parte baja de los chalets que se intentaron hacer y que aviación paralizó. 

Esas ruinas se desmoronan dejando imágenes de guerra. Rodeo la montaña por el camino a media altura que se asoma a los naranjos al sur y las canteras al norte. 

El inmenso agujero solo se aprecia con los camiones en su interior, estos monstruos parecen hormigas dentro de una huella de zapato. Completo el círculo y retrocedo hasta el camino que corta hacia la A-7. Es hora de seguir los giros marcados en el GPS y llegar sin pérdida hasta las cerradas puertas del yacimiento visigodo del Pla de Nadal. 

A través de los ventanucos de la puerta puedo distinguir restos de columnas y capiteles de los edificios de la época. Retrocedo para tomar una vía de servicio junto a la autopista. Este trayecto lo hago acompañado del ruido de motores y neumáticos chirriando sobre el ardiente asfalto. Por suerte no es mucho rato y pronto llego a cruzar bajo la autovía intentando una salida hacia el P.I. pero ahora ya está todo vallado, retrocedo y me adentro por un camino que muere en una poza del barranco de Pozalet, vuelvo al camino principal y continúo por un firme de arena que agarra las ruedas hasta casi frenarme. Giro a la izquierda y paso frente a una granja de cerdos que parece no tener actividad, luego un vado sobre el barranco y el camino sube el puente. Arriba encuentro una salida a la derecha y abajo una cancela que impide el paso a los coches; hay un paso por la derecha que me pone otra vez sobre el camino y este me lleva al P.I. La poca actividad hace que pueda moverme con facilidad ante la ausencia de tráfico, y así callejeo entre naves industriales a medio gas o directamente cerradas o a medio construir. 

Al final de este periplo de feo paisaje llego a la preciosa Masía de Poyo, otra de las preciosas masías que se conservan por la zona. Evidentemente reconvertida en salón de banquetes pues las labores del campo están desapareciendo en casi todas ellas, al menos como fuente principal de ingresos. 

Tras una breve visita por el exterior y unas fotos de su bonita fachada y de su iglesia, sigo camino. Me adentro en la vía de servicio que pasa bajo la carretera de Riba Roja y llega a la urbanización la Reva. 

Allí está la nueva pasarela que cruza las vías del tren: otra oda al absurdo o curso acelerado de como malgastar el dinero público; este innecesario elemento, equipado con dos ascensores, de los que el ayuntamiento de Riba Roja se vanagloria en su página web y que costaron sus buenos 90.000 euros están parados y fuera de servicio; las escaleras te llevan a un segundo piso para poder cruzar una vía de tren que, si tienes que llegar al arcén central número 2 para coger el tren, tendrás que cruzar si o si, pero para ir de un lado al otro de la estación y salvar la frecuencia de 14 trenes diarios tienes que subir dos pisos. Imaginar e iniciar esta obra es lo que yo llamo ser tonto profundo, pero como siempre, habiendo comisiones de por medio, es la genialidad de unos administradores públicos que se superan constantemente, ya sea para engordarse el bolsillo o para ver quién la tiene más grande, la estupidez, naturalmente. De aquí me dirijo ya, junto al barranco, hacia las montañas por el camino del pouet. 

Llego al “pouet” y sigo hacia el camino de Cheste y luego hacia la Masía de Porxinos. 

El precioso pinar que rodea la masía es una joya en sí mismo. A los pies de Les Rodanes este reducto de pinos y naranjos ha estado a punto de desaparecer entre las negras fauces del asfalto que iba a transformar este pequeño pulmón en más de 2500 viviendas como lanzadera hacia el parque natural de Les Rodanes, que más temprano que tarde hubiera sucumbido bajo la presión demográfica en sus mismos límites territoriales. 

De aquí a la urbanización Mas de Escoto, allí, salvando el barranco de Porxinos está el tercer acueducto romano, el más grande y el mejor conservado. Ya solo me queda llegar a casa junto al polideportivo. 

Paso antes por el viejo y destartalado puente del tren, un tramo que, con un poco de interés y un poco de ese dinero absurdo que se malgasta en tantas obras estúpidas, se podría acondicionar como vía verde para uso y disfrute de los ciudadanos e incluso como vía de comunicación con el vecino pueblo de Vilamarxant. Me dirijo a casa para poder disfrutar de las magnificas fotos que me recordarán un par de sitios desconocidos para mi hasta hoy. 


Track de la ruta:http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=5360141